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Un miembro de su junta directiva y una gestora cultural de
sinuoso recorrido pelean por dirigir un Ateneo al que las ayudas oficiales han
convertido en golosina cultural
20/10/09. Sociedad. El próximo día 3 de
noviembre se celebrarán elecciones en el Ateneo de Málaga. Antonio Morales,
tres veces elegido presidente de la institución, deja el cargo. Se han
presentado dos candidaturas. Una, la de Diego Rodríguez Vargas, miembro de su actual
junta directiva y en la que participan otros componentes de la misma. La
segunda, ‘renovadora’, tiene a Tecla Lumbreras como líder, y a Martín Moniche
como segunda cabeza visible. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com ofrece una visión sobre ambas listas.
EL Ateneo de Málaga se ha convertido en los últimos años en la plataforma
cultural del partido socialista en Málaga. El
Ayuntamiento es del PP, la Junta
de Andalucía mantiene un estrecho presupuesto para actividad local e invierte
una gran cantidad en el Museo Picasso Málaga y bastante menos en el Teatro
Cánovas. La Diputación,
en la que trabaja Martín Moniche y en la que ha trabajado Tecla Lumbreras, ha
sido incapaz de encontrar hasta la fecha un tono a su programación cultural,
con lo que está aún lejos de lograr el reconocimiento social. Por otro lado,
Unicaja, pese a sus conexiones con el PSOE, mantiene una política cultural que
no resiste la comparación con Cajamadrid o la Caixa, pero, sobre todo, no resiste el análisis.
LA toma del Ateneo por miembros del PSOE se produjo hace tres lustros,
después de sucesivos conflictos internos. La situación de aislamiento cultural
de los socialistas locales frente a las instituciones hizo posible, entre otras
cosas, que el Ateneo comenzara a recibir apoyo institucional externo como nunca
anteriormente. En estos últimos años, sin que pueda plantearse competir con el
resto de instituciones, el Ateneo de Málaga ha prosperado y ampliado su base
como institución y su oferta ciudadana. Empezó su proceso con la mudanza, al
comenzar la reforma de la plaza del Obispo, donde estuvo su antigua sede
durante décadas, a un edificio de gran valor histórico y simbólico, a la
entrada de calle Compañía, junto a la sede de la Sociedad Económica
de Amigos del País, en la plaza de la Constitución, en lo que fue el colegio donde
estudió Picasso.
LA nueva sede, más amplia y con gran número de espacios, ha permitido al
Ateneo organizar más actividad y de mayor variedad. Conciertos, exposiciones,
cursos, conferencias y teatro ya forman parte permanente de la programación, y
se realizan, si no en condiciones técnicas y profesionales convencionales, al
menos favorables a un ambiente familiar. El salón de actos no es sala de
conciertos ni de representaciones ni de proyecciones por sus características
técnicas, pero es posible un cierto desarrollo de actividad musical, escénica o
hace las veces de cine. La sede del Ateneo permite a la entidad realizar un
papel parecido al de las casas de la cultura en las poblaciones de la
provincia.
EN cuanto a las actividades, en el Ateneo se ha desarrollado en los
últimos años una cada vez más estable programación musical, algo de teatro,
exposiciones diversas centradas en artistas locales, pero es sobre todo en el
apartado de conferencias, mesas redondas, jornadas, debates y presentaciones de
libros donde la actividad de esta organización destaca. Para todo esto hace
falta dinero y en este tiempo de larga presidencia de Antonio Morales, que se
ha hecho acompañar de conocidos miembros del PSOE de Málaga en la junta de
gobierno, se han conseguido gracias a los muy buenos contactos con las alturas
del partido, que también ha visto en el Ateneo el modo de hacerse presente en
una ciudad donde sus militantes habían quedado algo desamparados, entre la
omnipresencia del PP de Celia Villalobos primero y Francisco de la Torre después, y ambos con
un gran futuro por delante. Por otro lado, no pesa menos el hecho de que el
PSOE local esté dominado por el llamado -en medios internos- ‘clan de los
catetos’, que suelen restringir la actividad en la capital con el propósito de
evitar que surja un contrapoder capitalino fuerte que les desplace.
LA presidencia de Antonio Morales se ha caracterizado por una mayor
proyección social de la entidad y mediática de su presidente. Ahora, tras este
periodo de 12 años, Antonio Morales ha optado por seguir su camino hacia otras
responsabilidades y llega el turno de los aspirantes. Son Diego Rodríguez y
Tecla Lumbreras.
DIEGO Rodríguez Vargas se
presenta con algunos miembros de la directiva anterior, de la que él mismo
formaba parte, y otros personajes relevantes de la vida social malagueña. Se le
atribuye en la propia organización un perfil continuista de la gestión
anterior. Junto a otros ya conocidos en la anterior junta de gobierno, aparecen
otros conocidos nombres de la vida social local. Destaca el rescate de algunas
personas vinculadas la gestión institucional, como el que fue delegado de
Cultura en Málaga Fernando Arcas; un antiguo responsable del área de cultura
del ayuntamiento, Carlos Navarro, miembro de la junta anterior, o Carlos de
Mesa, que ya demostró su capacidad de gestión al frente del teatro Cervantes.
También se han integrado en la lista de Rodríguez el fotógrafo Pepe Ponce o
Manuel Sánchez Vicioso, Presidente de la Asociación de
Consumidores y Usuarios en Acción de Málaga.

LAS propuestas de la candidatura de Diego
Rodríguez se refieren tanto a gestión como a novedades de oferta. Pretende
crear 18 nuevas vocalías, aumentar recursos humanos y económicos, estimular la
innovación, el debate y la participación. Se quiere crear un premio de novela,
nuevas salas de exposición o recuperación de las existentes, poner en marcha la
biblioteca, etc.
TECLA Lumbreras es actualmente profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Se
presenta a presidenta del Ateneo de Málaga en compañía de Martín Moniche,
también técnico de la
Diputación en materia cultural y del Ateneo. Es conocido en
las páginas de EL OBSERVADOR por sus textos llenos de faltas de ortografía y
escaso dominio de la sintaxis. Hasta el momento, no se ha hecho público ningún
otro nombre de su candidatura.
TECLA Lumbreras pertenece a la generación de gestores
culturales de Málaga de los años 80, de la que también forman parte Pedro
Pizarro o Alfredo Taján, entre otros. En esa década, Tecla fue directora de la
sala de exposiciones del Colegio de Arquitectos de Málaga. Durante esos años de
prosperidad económica, donde se experimentó un segundo boom inmobiliario, el citado
colegio disfrutó de una masiva entrada de fondos que se manifestó en la
creación de su nueva sede en el paseo de las Palmeras del Limonar, ampliación
del personal, de sus actividades y de su programación cultural. Tecla
Lumbreras, con un presupuesto inédito antes y después en una entidad privada, y
una libertad de acción como ningún gestor ha tenido en la ciudad, realizó un
enorme número de actividades. El Colegio de Arquitectos jugó con Tecla
Lumbreras la carta de una modernidad entonces fuertemente condicionada por el
éxito de la movida madrileña.
CUANDO, a principios de los 90, llegó la crisis y se
cernió la amenaza finalmente cumplida de su spensión de la actividad de la
galería y el despido de Tecla Lumbreras, la gestora hizo una apuesta fuerte:
una gran exposición antológica de la colección del Colegio, compuesta de las adquisiciones
que ella misma había hecho en las muestras que había organizado. Los años no
habían pasado en balde. La modernidad de la movida languideció y no había gran
interés en identificarse con ella. La calidad de la producción general de
aquello tuvo un alcance efímero. La calidad de las obras que Tecla Lumbreras
había adquirido para el Colegio no resistía una segunda mirada y, para muchos,
supuso la confirmación de la escasa entidad y profundidad de su trabajo al
frente de la galería, al margen de la proyección mediática en una ciudad que
recién descubría lo que era ser moderna según los criterios madrileños.
TECLA Lumbreras comenzó un éxodo en un tiempo de crisis
con problemas económicos a todos los niveles. Junto a otras socias montó la
galería La Buena Estrella,
que tenía su sede en un local cedido en los bajos del centro comercial Málaga Plaza.
Tampoco duró mucho ni tuvo gran efecto dinamizador en el panorama artístico
local.
SU paso siguiente fue en la
Diputación de Málaga, donde entró de la mano de Montserrat
Reyes, que fue diputada de Cultura hasta que Salvador Pendón la echó con sus
habituales modos diplomáticos y políticos. Incumpliendo el código asumido,
cuando Reyes fue expulsada de la institución, ni Tecla Lumbreras ni el resto
del equipo que la ex diputada incorporó, presentó su dimisión. Unos se quedaron
y otros no. A Tecla también la invitaron a irse después de ganarse internamente
la fama de gestora caótica. Han quedado para la historia sus compras para la institución
supramunicipal y cómo se presentaron en la feria ARCO.
TECLA presenta sus proyectos
en diversas entrevistas: “Me gustaría programar
encuentros entre padres e hijos profesionales, como podría ser entre Salvador
Moreno Peralta y su hijo, un músico fantástico; entre Enrique Brinkmann y sus
hijos, una fotógrafa y el otro carpintero muy creativo; o entre Vargas Machuca
y su hija poeta. Que se vea así el trabajo conjunto de una saga. También tengo
pensado abrir el espacio del Ateneo a esa gente joven que tiene dificultades
para instalar su trabajo, que el Ateneo les sirva como espacio de creación y
trampolín. Se les podría ceder -no sólo a artistas sino también a diseñadores,
abogados, médicos, etc.- como estudio durante un año y, que los ateneístas
pudiéramos ver luego lo que han hecho, que la entidad enriquezca de paso sus
fondos”. Y describe la evolución del Ateneo con realismo: “Creo que habría que
recuperar el espíritu inicial del Ateneo, el de la sociedad civil organizada.
No son partidos políticos ni instituciones públicas quienes lo han levantado”.
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