El Protectorado a la vuelta de la esquina
OPINIÓN. ¡Qué mundo éste! Por Alberto Montero
Profesor
de Economía Aplicada de la
UMA. Presidente Fundación CEPS
13/07/12. Opinión. España es un país en quiebra, con una deuda ligeramente superior al 400% del PIB, de la cual un 325% era deuda del sector privado (familias, empresas financieras y empresas no financieras), Un país que se enfrenta a un trilema complejo: abandonar el euro, permanecer en el euro o acometer un proceso de quita de la deuda privada. Alberto Montero analiza en esta colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com las
mentiras y
desvergüenza de Mariano Rajoy, así como las perspectivas de futuro de la
economía española.
El Protectorado a la vuelta de la esquina
LO
que no era sino una línea de crédito concedida a la banca sin condicionalidad
alguna y que le permitió al presidente Rajoy marcharse a Polonia a ver un
partido de fútbol con el sentimiento de leal servidor a la patria a la misma
altura a la que volaba el avión presidencial se reveló ayer como una mentira
del tamaño de su desvergüenza.
SI España llevaba aplicando un plan de
ajuste por fases perfectamente asimilable a los planes de rescate de la Troika desde que Merkozy y
Trichet le leyeron la cartilla a Zapatero y volvió demudado y dispuesto a hacer
cuantas reformas le dictaran, lo que ocurrió ayer en el Congreso de los
Diputados es un acto más de esa tragedia.
EL presidente que ganó unas elecciones
sin programa está haciendo ahora lo mismo que le reprochaba a Zapatero que
estuviera haciendo y lo contrario de lo que decía que había que hacer mientras
estaba en la oposición.
¿Que
cómo se iba a subir el IVA a “los chuches”? Pues toma, chavalín, sólo tres
puntitos de nada.
¿QUE cómo se iba a hacer caer el peso
del ajuste sobre los desempleados, máxime cuando uno
de cada tres ya ha agotado sus prestaciones, según los datos de paro
registrado, o uno de cada dos, según los datos de la EPA? Pues toma, rebaja
de prestaciones y a correr para Alemania, Pepe, que aquí, como a Armada, ni hay
trabajo ni se le espera.
¿QUE cómo se atreven a
eliminar la deducción por adquisición de vivienda cuando hay casi un millón
de nueva construcción sin vender? Pues nada, primero la recupera y a los cinco
meses la desmantela y aquí no ha pasado nada. ¿Deducción? ¿Qué deducción? A mí
que me registren.
¿QUE cómo
se iba a elevar la edad de jubilación a los 67 años cuando lo que había que
hacer era conseguir que fuera efectivamente a los 65 años? Pues tranquilo,
que reformo la reforma a la que me opuse para que se haga aquello a lo que me
negaba y que decía que nunca haría.

¿QUE desde
una rueda de prensa en Seúl digo que lo
que España necesita es consumo e inversión y niego que vaya a bajar los sueldos
de los funcionarios porque no se puede tocar nada que pueda afectar a la
demanda? Pues no sólo les aumento la jornada laboral, previa congelación
del salario, sino que ahora les suprimo la paga extra de Navidad que ya se sabe
lo gastosa que se pone la gente en esas fechas.
¿QUE la propuesta de hacer una
amnistía fiscal es “impresentable”, “injusta” y “antisocial”, como
efectivamente lo es? Pues, total, tampoco es para ponerse así porque,
aunque esperaba que se recaudaran 25 mil millones de euros, ya sé de antemano
que ningún defraudador con dos dedos de frente va a pagar un impuesto del 10
por ciento cuando puede seguir manteniéndolo oculto tan ricamente y, por lo
tanto, la medida no es que sea antisocial es que es inútil como ella sola.
Y así, suma y sigue, sin que puedan
olvidarse los recortes en educación o sanidad, el copago farmacéutico o la
reforma laboral. De todos ellos se renegó en la oposición -¡qué barato salía!-
y a todos ellos se ha recurrido en el gobierno dando cuerpo a una nueva
definición de la política como el arte de hacer lo contrario de lo que se dice
sin alterar el rictus e invocando el sentido de la responsabilidad ajena.
EN cualquier caso, lo que todo esto
viene a poner de manifiesto es algo que se diluye en el ruido mediático sobre
las medidas concretas mientras que se deja pasar de largo el sentido del
paquete en su conjunto. Si examinamos el paquete y lo agregamos a los que se
vienen aplicando a pildorazos desde 2010 por el gobierno de Zapatero, la
conclusión no deja lugar a dudas: España ha sido “rescatada” por Europa,
habiéndose concretado en esta última reunión del Eurogrupo su intervención
efectiva, fijándose las medidas que se deben aplicar por títere interpuesto -léase
Rajoy- y condicionando lo que se vendió como una línea de crédito a la banca
sin condicionalidad a que sean los ciudadanos los que asuman el coste de dicho
rescate.
NO crean otra cosa, no se dejen engañar
por juegos de logomaquia: España está intervenida y lo peor es que es normal
que así sea porque somos un país en quiebra que no es que se encuentre ya al
borde del abismo sino que está en una caída libre que se acelerará un poco más
tras las medidas aprobadas ayer.
Y es que un país con una deuda que,
según datos del Banco de España, a finales de 2011 era ligeramente superior al
400% del PIB, de la cual un 325% era deuda del sector privado (familias,
empresas financieras y empresas no financieras), es un país quebrado por culpa
de dicho sector y que se enfrenta a un trilema complejo frente al que no caben
huidas hacia adelante.
LA primera opción es aquélla de la que
nadie quiere hablar salvo, paradójicamente, los finlandeses: la salida del
euro. Sí, han leído bien, España debe plantearse su permanencia en el euro, ya
sea como estrategia de negociación ya sea como posibilidad real. ¿Que generaría
un recorte muy agudo en las condiciones de vida de los ciudadanos de este país?
Sin duda. Pero es que los términos de elección actuales no son entre un bien y
un mal, sino entre dos males: uno intenso y corto en el tiempo si sale del
euro, pero que ofrece perspectivas positivas a medio plazo por la vía de
recuperación de la soberanía sobre los instrumentos de la política económica; y
otro largo y sin visos de finalización a medio o largo plazo si se permanece en
el euro porque esto sólo podrá lograrse a costa de recortes en el bienestar
ciudadano hasta niveles de empobrecimiento de la población y polarización
social propios de países en vías de desarrollo.
LA segunda es permanecer en el euro
asumiendo su arquitectura actual y el sentido de las reformas que se están
produciendo en la misma y que, como el Pacto Fiscal Europeo, reducen aún más
los márgenes de maniobra de los Estados miembros e imponen la austeridad como
única política fiscal posible ad infinitum. En ese marco y con los niveles de
deuda de la economía española señalados, nos enfrentamos a una recesión que
puede alargarse fácilmente 20 años que es, por término medio, lo que duran los
procesos de desapalancamiento de las economías que se encuentran en un proceso
de recesión de balances como en el que se encuentra la economía española.
Y la tercera opción sería hacer
frente a nuestra realidad, una deuda privada impagable, y tirar de las
recomendaciones que el Fondo Monetario Internacional realizaba en su
último informe bianual sobre “Perspectivas de la Economía Mundial”, esto
es, acometer un proceso de quita de la deuda privada. Sí, en efecto, han leído
bien. Es el propio Fondo Monetario Internacional, templo de la ortodoxia
económica, el que está planteado que la única solución para economías como la
española, con ese nivel de apalancamiento privado y en un contexto de caída del
precio de las garantías que sirvieron de colateral, es proceder a una
reestructuración ordenada de la deuda, que necesariamente debe implicar quitas
y que esté orientado a reequilibrar el servicio de la deuda con la capacidad de
pago de los deudores. Evidentemente, ello debe hacerse a costa de los
acreedores, principales beneficiarios durante los años de bonanza del “milagro”
español, incluidos los bancos alemanes. A ver quién le pone ahora el cascabel
al gato.
CON independencia de cuál pueda ser mi opción preferida, todo parece indicar que será la segunda la opción elegida y, por lo tanto, lo de ayer en el Congreso constituye un acto más de este sainete en el que se hace lo contrario de lo que se dice, se recurre al eufemismo para ocultar lo evidente y se vende el país a precio de saldo mientras se espera el momento en el que se decrete, formalmente, que el Reino de España se convierte, por obra y gracia de Merkel y la austeridad, en Protectorado alemán.
Alberto Montero Soler ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga. Puedes leer otros textos suyos en el blog “La Otra Economía”.
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