OPINIÓN. Aviso para caminantes. Por Alfredo Rubio
Profesor
de Geografía de la
Universidad de Málaga
09/09/10. Opinión. La crisis, las
formas del debate político, la salud de la democracia, el conocimiento, la
memoria histórica, el urbanismo, la capitalidad cultural, los Montes de Málaga,
los ausentes… Alfredo Rubio,
el más antiguo colaborador de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, explica
en este artículo las razones de un silencio público que rompe hoy.
Silencio
EL artículo que tenía
pergeñado desde fines de agosto del pasado año se perdió entre libros, papeles
e informes en un desorden inmenso que amenazaba mi trabajo. El espacio de mi
pequeño estudio se había agotado y sin espacio no es fácil mantener el orden de
las cosas. Trataba sobre la
Costa del Sol pero desde una óptica algo peculiar. No hago más
referencias puesto que espero encontrarlo en algún momento, como efectivamente
sucedió. Sin embargo, como no hay mal que por bien no venga, me planteé
escribir algo breve. Debía ser enero.
PASABAN los días y no concretaba
nada para EL OBSERVADOR. He permanecido días,
semanas y meses atenazado por el espectáculo. A medida que iba pasando el
tiempo sólo encontraba una respuesta: el silencio. Nada que decir, ocupado por
el asombro y la pena (créanlo).
EL elogio del silencio no se
podría hacer con las palabras. Por coherencia habría que hacerlo en silencio
(Tabucchi, A., 2.010: 34). El silencio es una opción cuando no se tiene la
obligación de escribir una columna diaria o un artículo semanal o mensual. El
mío de estos meses no lo busqué. Creo que ha sido algo existencial. Algunos
lectores se han interesado por las razones de mi ausencia. Otros, en plena
calle Larios, se dirigían a mi alborozados, con aquello de “ya era hora de que
dejaras de escribir en EL OBSERVADOR”. Pero ha sido este un
silencio provocado por la
meditación. Llevo muchos años escribiendo en EL OBSERVADOR y no existe razón alguna para dejar de hacerlo.
LLEVABA tiempo sintiendo que “la
solución” de una crisis que no es nuestra vendrá de lo que nos vienen a decir:
consuman más (eso de la demanda agregada), trabajen más (ampliación de la vida
laboral y permanente estado de excitación para estar al día en la llamada sociedad
del conocimiento) y cobren menos (reducciones salariales). Cuando lo pensé me
pareció tautológico pero así se quiere resolver, como he podido comprobar mas
tarde. No es que desee plantear aquí una analítica de la crisis. Tampoco
exactamente una alternativa. Llama la atención: más trabajo, más consumo y
menos dinero (renta). No hace falta que nadie me diga al oído que no soy
economista. Que no tengo en ese campo ni oficio ni beneficio. Estoy de acuerdo.
Nada sé, aunque haya estudiado bastante.
NO quiero decir que debamos
evitar que nos siga pensando la economía ¿Cómo se me podría ocurrir un
pensamiento sin la economía? Nada más lejos de mis intenciones. Cuando leo un
suplemento económico y necesito todo el domingo para suponer que he entendido
lo suficiente comprendo que nada sé. Pero, y pido disculpas a mis lectores, me
llama la atención, más bien me sorprende, que aquellos que desde que comenzó el
ciclo alcista, más o menos hacia 1996, no tuvieron entonces problema alguno en
explicarnos sus bondades y nunca pusieron en duda el “modelo”, sean ahora
exactamente los que siguen siendo llamados como “expertos” a opinar sobre la
crisis y sus soluciones; los mismos que elaboran informes, estudios e insisten
en programarnos el futuro.
TAMBIÉN son los mismos que acuden a
las tertulias. Lo hacen sin pedir la mas mínima
disculpa por sus palabras
(¿análisis?) anteriores. Utilizan la misma prepotencia, las mismas “jeringonzas” de siempre. Cuando se refieren a la mayoría lo hacen con esa
displicencia que les caracterizan. Muchos de ellos cargan la etiología de la
crisis en el presidente del Gobierno. Quieren dar la impresión de que todo esto
exactamente es consecuencia de unas políticas concretas. Hablan y hablan. Sus
discursos no se diferencian apenas de los que emplean políticos, asesores y
periodistas aparentemente alineados en otros campos políticos e ideológicos.
Ahí está el proyecto de Ley de Economía Sostenible (?), un galimatías
conceptual y propositivo, donde se ha perdido la oportunidad histórica de sentar
las bases para una transformación
radical de nuestro modelo productivo.
A veces, se tiene la
impresión de que odian ese lenguaje que habla de la igualdad, de los derechos
que deberíamos tener por el simple hecho de ser humanos; de la asistencia; del
cuido; de los afectos... No mencionan
nunca los problemas cotidianos de la mayoría. Siempre
les parecerá excesivo el gasto originado por los sistemas de protección social.
Parece probable que nunca hayan paseado por un barrio popular. Pueden pensar
que la solución del problema de las pensiones procederá de la ampliación en dos
años del tiempo de nuestra vida laboral. En su momento, ni siquiera los
sindicatos fueron capaces de responder con precisión. Hubo que esperar que una
murga de Cádiz explicara lo que siente quien se ve amenazado por esa
ampliación. En sus letras se referían a la amargura que sienten los
trabajadores el lunes. Más bien, para muchos, es un tema vital. ¡Trabaja,
trabaja, maldito hasta el día antes de la muerte!
EN general, cada vez es más
difícil diferenciar en ellos alguna ideología que no sea su respeto reverencial
y absoluto por el mercado, como si éste fuera una institución trascendental,
sagrada y más allá de lo humano. Les convendría una lectura atenta y
desapasionada de un libro de G. Agamben: “El
reino y la gloria. Por
una genealogía teológica de la economía y el gobierno” (2007).
Probablemente no tengan tiempo para leerlo, ni les interese ni nada de nada. Su
trabajo es seguir machacándonos con su objetividad que es la del mercado.
SON los guardianes del
capitalismo. Como las llamadas agencias de calificación. Ninguna de ellas, ni
sus directivos, ni sus expertos han sido sujetos de responsabilidad alguna.
Continúan teniendo en sus manos la suerte de millones de personas, de empresas
y de las economías de países completos. Cuando ya tenía esto escrito sucedió
nuestra recalificación a la baja, creo recordar que por la Standard and Poor's. De
estas agencias evaluadoras de los riesgos de los inversores sabemos que forman
un oligopolio: Standard and Poor's, Moody's y Fich copan el 95% del mercado.
También que son los principales bancos quienes las seleccionan y pagan, lo que
explica su falta de transparencia y su impenetrabilidad. Desconocemos en
profundidad los criterios mediante los cuales evalúan y califican. En
definitiva, valoran el riesgo de impago y el deterioro potencial de la
solvencia de un deudor. Trabajan siempre a cuenta de un cliente.
NO me cabe duda de que los
inversores necesitan marcos de referencia que aseguren sus expectativas.
Supongo que estas agencias nacieron con ese exclusivo objetivo pero han acabado
por tener un peso excesivo y ningún tipo
de control democrático. Su poder sin fundamento democrático alguno se impone a
los Estados.
ESCAPAR de la economía como aquello
que fija los límites de lo pensable es probablemente un objetivo inalcanzable
puesto que la prevalencia de la calculabilidad económica, que no pregunta
apenas por el valor sino por el precio, se da siempre más como ausencia que
como materialidad presente y que se expresa sin paliativos. Hasta la fecha esta
ausencia ha sido el suelo y el abandono de ese suelo es literalmente un abrir
para estar en el abismo. Pero aún allí sigue ejerciendo su hegemonía negativa
como verdadera ausencia radical, como vacío. Es claro: desalojado
definitivamente su fantasma en el pensamiento queda un malestar, que es una
falta de calculabilidad que lo hace ininteligible para la atmósfera dominante.
Incluso si llegará a ser expresada tendría que vérselas con el residuo fantasmagórico,
opresivo y agresivo, del “se dice”.
CIERTAMENTE que no puedo pensar mas
allá del suelo que existe, acaso nada mas que con el arte, pero la cancelación
aparente de la racionalidad económica pone al descubierto huecos, que no pueden
ser vigilados por el fantasma de cualquier ausencia. Lo fantasmal no lo ocupa
todo. Quedan fisuras y líneas de fuga donde acaso sorprendentemente no
necesitamos para proseguir la presencia y ausencia de un vigilante, como en el
panóptico.
UNA parte o cuota de mi silencio
de los últimos meses de debía a mi imposibilidad para aceptar las formas del
debate político. El grado de crispación ha alcanzado cuotas inimaginables y
estilos inaceptables en un marco democrático. La ultraderecha y derecha
mediáticas, puesto que ya no se les puede calificar de otro modo, han lanzado
ataques muy duros, como la puesta en duda de la capacidad intelectual misma del
presidente del Gobierno; siembran la sospecha sistemática sobre la Justicia y sus
instituciones y algunos de sus miembros se transforman de acusados (o
imputados) en acusadores. La mínima decencia intelectual queda aparcada para
defender la posición de cada uno. Me da igual en qué posición ideológica se
sitúen. En estos debates la izquierda pierde sus palabras. Resultado: estas las
tertulias aburren hasta la saciedad pero cumplen con su finalidad de crear
sentido.
DURANTE estos meses de observación
callada y dolorida por el espectáculo, ha ido progresando en mí la idea de que
Rodríguez Zapatero no es exactamente un inepto, calificativo que se le dirige
por parte de la mayoría de los integrantes de ciertas tertulias. Esos
“tertulianos” que, también en general, ponen el gesto de saberlo todo, de estar
en el ajo de las cosas, con ese aire antiguo de saber más propio de algunos
avecindados en “Madriz” y hablan del presidente del Gobierno poniendo el gesto
característico del estar hablando de un tonto, han acabado por ponerme a pensar
en él. No he sido nunca pro Zapatero pero sí ha tenido mi respeto, como es
lógico. Me decepcionó en la campaña europea, donde no fue capaz de decir nada
sobre Europa (desde España), y se mantuvo en su idea de la ausencia de crisis.
Los contenidos de sus propuestas se han venido diluyendo. No creo que con él
seamos más ciudadanos. Su gabinete es débil. Todo en el suena a “lo
correctito”, “lo transversalito”... Practica el fraccionamiento de la
ciudadanía en razón de las distintas identidades que la componen. No hacía
falta que llegara la crisis para enfrentarse con el modelo económico español.
Pero esperó. Sin embargo, hay en el fondo de sus propuestas y de su discurso
algo en lo que merece la pena creer: una idea regeneracionista, plasmada en
algunas leyes y en una cierta intención de acabar de construir el Estado del Bienestar,
siempre aplazado en España por una u otra razón.
ALGO así como un hacer sociedad
que merece la pena ser considerado. De ahí llegaba (yo) a la conclusión de que
el tiempo de Rodríguez Zapatero no coincide con el que vivimos: parece un
político de ciclo alcista; de país rico y no un político para una crisis. Con
todo, no es despreciable esa idea regeneracionista. Sin embargo, decepciona
gravemente cuando pierde la oportunidad de profundizar un cambio del modelo
económico con la Ley
de Economía Sostenible. También cuando no dimite al no poder aplicar su
programa, tener que doblegarse y no dar explicación alguna.
OTRO motivo de mi silencio ha
sido el asunto del juez Garzón. Probablemente este juez, que tampoco es alguien
que me resulte simpático, no haya instruido correctamente ciertos procedimientos.
Algunos especialistas poco sospechosos lo dicen. No tengo formación jurídica
para evaluar un asunto de esta naturaleza. Sólo puedo reflejar la sorpresa que
un ciudadano del común ante estos hechos y las actitudes de unos y otros ante
este juez de la Audiencia Nacional.
AL ciudadano común, y yo lo soy, no le cabe en la cabeza el
actual espectáculo de la
Justicia y sus instituciones. No es que la Justicia esté politizada,
como no podía ser de otro modo, sino que está “partidizada” como lógico producto
de las cuotas de reparto del poder judicial. ¡Ojalá estuviera politizada!
DE los distintos asuntos
Garzón me interesa especialmente el tema de la memoria histórica. Como escribió
W. Benjamin, la historia está siempre escrita por los vencedores. Los mismos
que ganaron la Guerra Civil
triunfaron en la Transición.
En los dos casos, han escrito la historia a su modo. Soy
consciente de que el asunto de la memoria histórica es peligroso. No he visto
en general ánimo revanchista alguno sino necesidad de restitución de la verdad. Sin embargo,
algunos -acaso muchos- parecen desear que los perdedores pidan incluso perdón
por esa condición. El revisionismo, como también sucede en Italia (véase el
libro que se cita de A. Tabucchi) intenta convencernos de que aquél fue un
golpe de estado legal, necesario y plagado de buenas intenciones. En Italia se
equipara a los “chicos” de la
República de Saló con los miembros de la resistencia.
PERO sigamos, la política como
arte de lo posible sólo se encarga del presente; lo suyo es mejorar el
presente. Del horizonte de la política desaparece lo que no está presente, sea
pasado, al margen o futuro. En su momento, este enfoque dio lugar a un cruce de
agria correspondencia entre Benjamin y Horkheimer respecto del lugar de los
muertos. W. Benjamin confirmaba que se trata de dar cuenta de los muertos con
algo más que cubrirlos con el manto piadoso de la interpretación moral. Sería
esa una respuesta débil, por más que sea la habitual. Le
interesan las víctimas por sí mismas. Busca que se reconozca la vigencia de las
injusticias pasadas, independientemente del tiempo transcurrido. Dicho de otro
modo, el dolor del pasado (y de lo pasado por las gentes, en el sentido andaluz)
no prescribe. Busca exactamente la redención como reconocimiento (político) de
la vigencia de los derechos -también de
las esperanzas- insatisfechas de las víctimas.
REDENCIÓN sería la responsabilidad
de las generaciones posteriores sobre las anteriores. En Benjamín verdad y redención
coinciden, como se observa con claridad en su tesis 3 (Tesis de Filosofía de la Historia): “El cronista
que hace la relación de los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y
los pequeños responde con ello a la verdad de que nada de lo que tuvo lugar
alguna vez debe darse por perdido para la historia. Aunque,
por supuesto, sólo a la humanidad redimida le concierne enteramente su pasado.
Lo que quiere decir: sólo a la humanidad redimida se le ha vuelto citable su
pasado en cada uno de sus momentos” (Benjamín, W., s/f : 3).
PERO ¿qué es exactamente la
redención?: creo que la redención consiste en hacer presente todo el pasado
citable (hacer presente lo ausente, visible lo invisible, dar la palabra). De
ahí: “nada de lo que tuvo lugar alguna vez debe darse por perdido para la
historia”. La política como redención vendría a significar elevar a categorías
políticas términos como apocatastasis (poner una cosa en su puesto primitivo,
restaurar), tikkum (restitución o reintegración), duelo o compasión.
EL urbanismo en Málaga es el
cuento de nunca acabar. Obliga al silencio por decencia y por aburrimiento. Se
amontonan los temas y sus recurrencias: el asunto Cine Astoria y la Plaza de la Merced, la
esquina de los muelles 1 y 2 y la verja
del Puerto, carretera de Cádiz, las torres de aquí y allá... Volvió el asunto
del Málaga Valley con declaraciones y escritos que merecerán consideración en
los próximos “avisos”. Pero, con todo, vamos mal: un avispado asesor de
comunicación confunde a todos, menos EL OBSERVADOR, con su “magnífica” cuantificación del valor en la Red de Málaga Valley.
Simplemente asombroso. Ningún medio escribe nada crítico sobre una operación
que merece un seguimiento adecuado y que sitúa a Málaga en ninguna parte. ¿Qué
buscan exactamente?
PERO no todo ha sido negativo
durante los pasados meses. En el ámbito local se han sucedido temas de interés:
el Ateneo organizó un ciclo sobre la capitalidad cultural (Málaga 2016) donde,
por primera vez, al menos fueron llamadas todo tipo de instituciones. El ciclo coincidió en el tiempo con la
elección de Juan López
Cohard como presidente de la
Fundación Málaga Ciudad Cultural, lo que
introduce un plus decisivo, dadas sus capacidades y su honradez aquilatada.
Parece que todos han advertido que es necesaria la participación pero debemos
esperar que de ello no se deduzca su reducción a peñas, cofradías y hosteleros
como únicos interlocutores de una supuesta Málaga vertebrada y potente en lo cultural.
EN el mismo Ateneo se presentó
el “Estudio de Base para la Propuesta de Ampliación
del Parque Natural de los Montes de Málaga”, promovido por la Junta Rectora del
Parque Natural de
los Montes de Málaga y redactado por M. Luisa Gómez Moreno,
Francisco M. Llorente Marín, José María Senciales González y Jesús M. Vías. En
mi opinión, esta Propuesta es la aportación más valiosa en términos del
entendimiento de lo que debiera ser el futuro del territorio, que se haya
producido en Málaga y su provincia en mucho tiempo. Justamente el Parque
ampliado desempeñaría entre otras la función de territorio de compensación del
litoral. Los medios de comunicación no han prestado mucha atención, por no
decir que ninguna, a un concepto de ampliación valiente y técnicamente muy
complejo que debiera abrir un debate profundo. En las próximas semanas espero
iniciarlo desde estas páginas.
POR último, comenzó su
andadura la Real
Academia de Nobles Artes de Antequera con un bello acto
inaugural donde Javier Solana habló con sentimiento de José Antonio Muñoz Rojas.
En este mismo acto se presentó un libro de G. Anés y A. Goméz Mendoza sobre “La Sociedad de Estudios y Publicaciones (1947-1980)”. La Sociedad fue una isla como “hecho extraordinario
de convivencia” entre gentes de muy distinto talante. Allí trabajó durante 40 años
el poeta antequerano. Si seguimos la estela de sus enseñanzas la Academia parece una
esperanza no solo para Antequera sino para Andalucía. Un lugar donde cabe
esperar que se produzca el diálogo silencioso, sereno y solvente que se
necesita en tiempos de oscuridad.
JUSTAMENTE por haberme referido a la
memoria, no quisiera acabar sin referirme a la lucha antifranquista y a la transición. No
quiero dedicar estas líneas a una larga necrológica, aunque habría motivos (los
fallecimientos de los admirados Muñoz Rojas y Vidal Beneyto), pero se nos murió
Godofredo Camacho. La historia de la transición y de los últimos años del
franquismo en Málaga está por escribir, más aún si se acude a la memoria. La democracia
no ha sido exactamente bondadosa con muchos de quienes ayudaron a traerla,
menos aún si militaron en pequeñas formaciones como el Movimiento Comunista
(MC). De “Godo” no quiero escribir más
de la cuenta. Creo
que fue un ser humano admirable.
DURANTE estos meses de silencio he
llegado a la conclusión de que nos falta pasión por la democracia. No sólo
por la ausencia de una tensión encaminada a profundizarla sino, incluso, por
nuestra débil defensa de la democracia formal y sus instituciones. No es objeto
de nuestros esfuerzos colectivos e individuales. Los ejemplos pueden ser muchos
y, desde esa óptica, parece muy urgente la democratización efectiva de los
partidos políticos. Cumplimientos de los estatutos, primarias, apoyos reales a
las listas abiertas y transparencia. A algunos no nos cabe en la cabeza que
estructuras no democráticas puedan sentir pasión alguna por la democracia.
BIBLIOGRAFÍA citada:
- Agamben, G., 2008 (2007): El reino y la gloria. Por una
genealogía teológica de la economía y el
gobierno, editorial Pretextos, Valencia.
- Anes, G. y Gómez Mendoza, A., 2010: Cultura sin libertad. La Sociedad de Estudios y
Publicaciones (1947-1980), editorial Pretextos, Ayuntamiento de Antequera y
Centenario Antequera 2010, Valencia
- Benjamín, W. (s/f): Tesis de Filosofía de la Historia. (edición y
traducción de Bolivar Echeverría). [en línea:
www.bolivare.unam.mx/traducciones/concepto_historia.html]
Maté, R, M., 2.008: La herencia del
olvido. Ensayos en torno a la razón compasiva, editorial Errata naturae,
Madrid.
Innerarity, D., 2.009: El futuro y sus
enemigos. Una defensa de la esperanza política, Paidós, Barcelona.
Metz, J.B., 1.999: Por una cultura de la memoria, editorial Anthropos,
Barcelona.
Tabucchi, A., 2.010 (2.006): La oca al paso. Noticias sobre la oscuridad que
estamos atravesando, editorial Anagrama, Barcelona.
PUEDE ver aquí
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