
OPINIÓN. Loco por incordiar. Por Capitán
Ahab
Matemático y bloguero
12/04/11. Opinión. El matemático y bloguero Capitán Ahab estrena hoy su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com analizando cómo
confeccionan sus listas los distintos partidos políticos. “Si mal está poner
caprichosamente a un desgraciado en una lista, peor aún es poner a ese
desgraciado en un Ayuntamiento. Que a veces se nos olvida que una lista de
candidatos no es más que eso, una lista de candidatos, y que esa gente no toca
pelo hasta que el ciudadano no los vota. Hay que ratificarlos a mano alzada,
pero esta vez la de votar, no la de hostiar. Que hoy en día al ciudadano ya
nadie le levanta la mano. Al menos sin una directiva europea” es una de las
reflexiones que hace en esta primera entrega para su sección Loco por incordiar.
Democracia a mano alzada
CON la historia de las listas municipales se habla mucho estos días de las formas y el fondo de la política. Que si la lista del PP la ha hecho Fulanito, que si no han sacado a Menganita, que si han metido a Zutanito. Y, anécdota arriba o abajo, lo que ha quedado claro es cómo se canaliza la participación de las bases en la confección de estas listas: por el tradicional sistema de la mano alzada. Pero no para votar, sino para dar una hostia a cualquiera que diga pío. Levantando la mano, como los matones de toda la vida. Esta es la lista, y el que la cuestione se lleva cinco dedos en la cara.
Y no solo la lista del PP está hecha a mano alzada, la del PSOE también. Ninguno de los dos partidos principales ha hecho primarias ni nada asimilable. Pero no sólo eso, nadie se toma la molestia de explicar a que se debe cada nombre en esa lista. Oigan, esta es nuestra lista, no la hemos votado, pero vean: Menganito está ahí porque es buen gestor de urbanismo, Fulanita se ocuparía de tal otra cosa y Zutanito aportará tal conocimiento o habilidad. Nada.
UNOS señores se meten en una habitación
y salen con la lista en la mano. Esta es. Ahora
todos a apoyarla y a dar imagen
de bloque y unidad. Que se ve además que lo piden también a mano alzada, porque
inmediatamente todos hablan de “mi candidato” y “mi candidata”, aunque no sin
cierto temblor en la voz. Oiga, eso no son formas de hacer las cosas, no puede
ser que se junten tres y hagan las listas a su antojo, ya no sin votarlas, sino
sin ni siquiera dar una explicación medio razonable de por qué la lista es la
que es y qué se espera de ella.
AHORA, si mal está poner caprichosamente a un desgraciado en una lista, peor aún es poner a ese desgraciado en un Ayuntamiento. Que a veces se nos olvida que una lista de candidatos no es más que eso, una lista de candidatos, y que esa gente no toca pelo hasta que el ciudadano no los vota. Hay que ratificarlos a mano alzada, pero esta vez la de votar, no la de hostiar. Que hoy en día al ciudadano ya nadie le levanta la mano. Al menos sin una directiva europea.
PERO aún así el paisano va y los vota, y con ello el desgraciado pasa de la lista de candidatos a la lista de concejales, consumándose el negocio. Ahora ya no es un candidato puesto a dedo, es un concejal elegido democráticamente por los ciudadanos. Queda legitimado.
Y esta gente que los vota no compra una pelota sin que le certifiquen que en ningún momento de su producción se ha explotado a nadie. Ni compra carne que no sepa exactamente de dónde viene y en que condiciones se ha producido. Ni compra un besugo sin saber si es cantábrico o marroquí. Ni nada que no tenga todas las garantías, pasadas, presentes y futuras.
PERO sí que votan una lista que no tienen ni idea de cómo ni quién la confeccionó, ni con que sentido. En masa. Y con ello legitiman todos los abusos perpetrados en su producción. Todos los trapicheos, todos los mamoneos y toda una fina maquinaria de partido diseñada para escapar, no solo al control del ciudadano, sino también al de sus propias bases. Y ponen, sin reparo alguno, en sus manos el futuro de su ciudad.
PUES, oiga, si no sabe de donde viene, ni quién lo ha producido, ni cómo, ni en qué condiciones, ni lleva garantía de ningún tipo, pues mejor no lo compre. Que lo barato sale caro.
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