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mujer_fatalMUJERES. 03/11/11. Aurora de la Rosa. La creativa publicitaria y colaboradora de Mujeres / EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com Aurora de la Rosa aborda la representación de la mujer fatal desde varios prismas. De Calipso en La Odisea a aquella ola de mujeres perversas que...

mujer_fatalMUJERES. 03/11/11. Aurora de la Rosa. La creativa publicitaria y colaboradora de Mujeres / EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com Aurora de la Rosa aborda la representación de la mujer fatal desde varios prismas. De Calipso en La Odisea a aquella ola de mujeres perversas que invadió las pantallas del cine en la década de los cuarenta. “He soñado con Mata Hari abriéndose el abrigo, su cuerpo desnudo debajo, ante el pelotón de fusilamiento. Lo leí en algún sitio. Por lo visto, los soldados se pusieron nerviosos y no atinaban a dar en el blanco, y yo creo que es una trola, pero bueno, eso dicen. Los psicoanalistas hablan del temor del hombre a la mujer sexualmente activa. La femme fatale es una castradora. Un ataque a la sociedad falocéntrica”.

La mujer fatal

NO sé si en realidad existe la mujer fatal, lo que sí parece claro es que estamos fatal, tanto hombres como mujeres. He leído un montón de cosas para preparar este artículo, tanto, que se me han quitado las ganas de escribirlo. ¡Qué poca contención verbal tienen algunas personas! ¡Qué falta de piedad hacia el lector! He soñado con Mata Hari abriéndose el abrigo, su cuerpo desnudo debajo, ante el pelotón de fusilamiento. Lo leí en algún sitio. Por lo visto, los soldados se pusieron nerviosos y no atinaban a dar en el blanco, y yo creo que es una trola, pero bueno, eso dicen. Los psicoanalistas hablan del temor del hombre a la mujer sexualmente activa. La femme fatale es una castradora. Un ataque a la sociedad falocéntrica.

SI te pones a buscar información sobre el culto al falo, llegas hasta el paleolítico superior o por ahí cerca, pero supongo que no tendré que ahondar tanto. A fin de cuentas, estoy escribiendo una colaboración en prensa y no defendiendo una tesis ante un tribunal, así que bastará con esta frase que me aprendí de memoria en el tiempo en el que aún me interesaba ligar: Carior est ipsa mentula, que significa ‘Mi pene es más precioso que mi vida’. Era estupenda para crear un poco de tensión al comienzo de una conversación. No me acuerdo quién fue el autor, pero puede que fuese el antepasado de un chico que estaba en la playa, a escasos metros de mí, el otro día. Lo digo porque le escuché mientras hablaba con su amigo acerca de una chica con la que había tenido sus más y sus menos para acabar concluyendo que “a esa lo que le hace falta es una buena…”. Y ahí soltó esa palabra que rima con olla.

ESCRIBÍ en Google “propiedades terapéuticas del pene” y no encontré nada, así que busqué a ver qué se decía sobre mujeres fatales. Me salió una lista enorme. Excepto Leonor de Aquitania y alguna más, la mayoría eran personajes de la literatura, pura invención de la mentecalipso humana. Llegué a Calipso y ahí me detuve. Fui a la estantería y volví a leer el canto V de La Odisea, en donde se relatan sus amores con Ulises. Al parecer, Calipso era la bomba en el terreno sexual, pero en lo relativo al orden doméstico no tanto. Vivía en una isla errante, de aquí para allá, y eso a Ulises no le parecía que fuese un hogar, así que no descartaba volver con Penélope, su mujer. Pero el caso es que tampoco quería dejar a Calipso, por lo que estos sentimientos encontrados le sumían en una gran tristeza. Incluso había días en los que no paraba de llorar. Al final, fue la misma Calipso la que le animó a volver junto a su familia. Ella lo amaba mucho, pero ¿qué se puede hacer con un hombre en ese estado? Cuando por fin llegó a su casa, había pasado tanto tiempo que nadie le reconoció. Tan solo su perro. Eso tuvo que ser un palo muy grande, pero quizás lo peor viniera después, cuando comenzara a sospechar que a partir de ese instante, la única ilusión que tendría para enfrentar al futuro, sería recordar los momentos que vivió junto a Calipso. Esto último no lo dice Homero, pero da igual. Es lo que suele ocurrir cuando se te cruza en el camino una mujer fatal.

RELEYENDO las aventuras de Ulises, comprendí por qué en el argot femenino se usa la expresión “un clásico” para definir al hombre que busca líos amorosos sin querer renunciar a la estabilidad familiar ¿Qué tal te fue la cita?, preguntan las amigas. Si la respuesta es “Nada, lo de siempre, me encontré con un clásico”, ya no hay más que hablar. A veces no se distinguen al principio, no son como los cuadritos de Burberry o el estampado de Vuitón, que los cazas a distancia. Este tipo de clásico a veces da el pego y entonces es cuando vienen los problemas. Pero tampoco es cuestión de tomárselo tan a pecho como Glenn Glose en Atracción Fatal.

ATRACCIÓN Fatal es como un cursillo de cristiandad acelerado en la gran pantalla. En él, se alecciona a los hombres sobre el riesgo que corren al echar una canita al aire. Lo más probable es que se encuentren con una de esas muchas neuróticas que hay por ahí, desequilibradas precisamente por la ausencia de un pene fijo y con contrato indefinido. Ese viene a ser el mensaje. Instinto Básico, en cambio, es más igualitaria. Ahí hombre y mujer son exactamente igual de malos, pero como ella va sin bragas y eso siempre distrae, lleva las de ganar.

AUNQUE las malas de ahora no tienen nada que hacer cuando se les compara con las de antes. Donde esté Bette Davis que se quiten las demás. La campeona del mal no tenía que enseñar la vagína ni nada de eso, como la dominatrix Sharon Stone, sino que le bastaba con mirar fijamente a su marido en La Loba para que éste se muriese del susto, pero por si acaso no era suficiente, le aclaraba así lo que pensaba de él: “No te odio, solo siento desprecio por ti. Siempre lo sentí. No podía soportar que me tocaras, y pensaba que eras blando, estúpido y débil. Eras amable y comprensivo cuando yo no quería que te acercaras a mí. Las mentiras y excusas que tuve que inventar y tú te las creías…”

DESDE luego que este tipo de mujer baja el ego a cualquiera, pero esto era solo el comienzo. instinto_basicoEn los años 40 del pasado siglo una ola de mujeres perversas invadió las pantallas del cine. Perdición, Que el cielo la juzgue, El Halcón Maltés, Cara de Ángel, El cartero llama dos veces, El demonio de las armas, La Dama de Shanghai, Gilda, La mujer del cuadro, La Carta, La Gran Mentira y un montón de películas más ofrecen argumentos para advertir de que la hembra es esencialmente mortífera. A veces, ella pretende justificar su conducta: Tú no sabes lo que es vivir en este cuchitril, dice la protagonista de El cartero llama dos veces. Y recuerda a esas mujeres de los culebrones cuando decían: “Es que la vida me ha hecho mala”. A lo que Mae West, la reina del wamp, responde descreída: “No hay chicas buenas que se extravían, sino chicas malas que las pillan”.

SEA como sea, lo cierto es que son más malas que un ciclón y cuando su mirada atraviesa la pantalla, el espectador siente que le están lanzando el mensaje de mira, no te pases ni mijita, que conmigo no vas a poder, y recoge el desafío. Está en juego el poder, que se halla implícito en la palabra potencia. El espectador queda fascinado, que viene de fascinus, el término que empleaban los romanos para nombrar al miembro erecto y comprende que serán todo lo malas que se quiera, pero estas chicas son tan listas que hasta saben latín. Una vez lanzado el mensaje, la mujer fatal equilibra la situación con un gesto que viene a decir tranquilo, que era solo un juego ¿no ves que soy una mujer? Y ahí es cuando se enciende la luz roja. El espectador avisado se mantiene en alerta, pero siempre hay algún incauto al que se le nubla el sentido bajo los efectos del ego. Pardillo, que eres un pardillo, dice entonces la mujer fatal. ¿Quién, yo?, responde el incauto… Y así sucesivamente. Es lo que tienen las relaciones basadas en el poder. Que seducen, pero llegan a agotar.

BUENAS que se extravían o malas que las pillan, las mujeres fatales se caracterizaron por utilizar sus armas para enfrentarse a un entorno que no les favorecía. Eran seductoras, ambiguas, deslenguadas, irreverentes y disidentes. A su lado, la buena de la película quedaba oscurecida. Eran divertidas. Tenían estilo.

http://www.youtube.com/watch?v=FO4Vyda2ajA

Y sobre todo, con ellas no era necesario fingir. Lo dice Lauren Bacall en la siguiente escena. Quizás fue precisamente eso, no tener que fingir, lo que Ulises echó de menos durante el resto de su vida.


http://www.youtube.com/watch?v=CTNbZ2GnV90

PUEDE leer aquí el suplemento Mujeres / EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com

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