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Sobre el arte del doble lenguaje y el concurso de ideas del Guadalmedina

Tribuna Abierta
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OPINIÓN. Tribuna abierta. Por María Jesús Perles Roselló
Profesora de Geografía y Riesgos Ambientales de la Universidad de Málaga

 27/07/12. Opinión. Esta Tribuna abierta de la profesora María Jesús Perles, que suscribe el catedrático de Ecología de la Universidad de Málaga, Félix Diego López Figueroa, y hoy les ofrece EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, desmenuza lo que oculta el lenguaje del concurso de ideas del Guadalmedina, así como los interrogantes y contradicciones que no resuelve el proyecto ganador del mismo.

Sobre el arte del doble lenguaje y el concurso de ideas del Guadalmedina

CUANDO
el pasado 11 de julio me dirigía en coche a la sesión de presentación de los proyectos ganadores del concurso de ideas sobre el Guadalmedina, escuchaba en la radio la intervención del presidente del Gobierno en el Parlamento informando sobre los próximos  ajustes económicos. Poco asombrada ya por el contenido de los recortes, tan temidos como previsibles, mi atención se centró en observar las características del discurso político, su propia esencia como medio de construcción de la realidad. Atiendo a cómo los contundentes recortes se presentan a los ciudadanos con un lenguaje cargado de giros eufemísticos, elipsis de términos procelosos y desparpajo infinito a la hora de afirmar una cosa y su contraria. Y, sí, a pesar de la costumbre, me sigue asombrando la desinhibición con el que el discurso institucional se ha ido transformando en un lenguaje cargado de significantes edulcorados y frívolos y significados tácitos, en el que los receptores, a suerte de traductores, debemos ir descubriendo qué es lo que se está callando, en lugar de lo que se esta diciendo, qué es lo que se esconde tras el eufemismo, y cuál es la naturaleza real del producto que se nos intenta vender. Y me sigue asombrando con qué normalidad los ciudadanos, domesticados, lo aceptamos cada vez con más normalidad. Es un hecho que este constructo hipócrita de transmisión se ha consolidado como un lenguaje oficial en el ámbito institucional; lejos de ofender, el doble lenguaje es un producto exitoso. Funciona. Vende. Conquista. Al igual que el lenguaje publicitario, subyuga, aunque nadie lo crea en puridad.

CUANDO entro en la sala y comienza la sesión de presentación de los proyectos premiados en el concurso de ideas, mis reflexiones no varían de sentido. Se presenta el proyecto galardonado con el primer premio, destacado por la Comisión Técnica y el Jurado por “su capacidad para la autofinanciación de la intervención, por su carácter sostenible, y por su propuesta de generación de nuevos iconos para la ciudad de Málaga”. Acertadamente, en la exposición del proyecto su director comenta cómo es tiempo de dejar atrás el despilfarro de actuaciones antecedentes, y la carga de los costes de este tipo de intervenciones sobre la financiación pública. Escucho con atenta curiosidad cuáles serán las fuentes de financiación  para este proyecto galardonado por su viabilidad y capacidad de autofinanciación: espacios de restauración en el embarcadero de desembocadura, kioskos, parque de energías renovables y electro-gasolineras. En principio, medidas oportunas, aunque parecieran insuficientes para financiar un proyecto que se fundamenta en la total eliminación de los muros del río e incorporación de las riberas como espacios peatonales, por lo que precisa de actuaciones de muy alto coste, como son la construcción de un cajón para el soterramiento del tráfico en las riberas del río y también en la Alameda Principal, así como de la construcción, nada menos, que de una línea de metro norte-sur. Sigo atenta a posibles vías de financiación que se me escapan, y, aunque en la exposición oral no se hace mención a ellas, observo en las infografías cuál puede ser una de ellas. Se propone la construcción de una serie de doce grandes edificios de muy elevada altura en el entorno del estadio de la Rosaleda. Se confirma que el denominado Mirador del Puerto es también otra operación urbanística de envergadura, que propone la construcción de un edificio de gran altura para uso hotelero en primera línea de costa. Pues bien, uno pensaba que, después de lo que ha llovido en España sobre ese modelo de obtención de plusvalías a partir de la venta de suelo público, se había pasado página. Pero, evidentemente, mi oposición al modelo y sus consecuencias es discutible, y no tiene por que ser coincidente con la opinión de la Comisión Técnica ni del Jurado, que posiblemente han considerado este hecho como un mal necesario en pro de la autofinanciación, ante la ausencia efectiva de capital público.

SORPRENDE no obstante que precisamente el director del proyecto apueste por la construcción de un conjunto de grandes torres en la ribera del río, propuesta contenida en el PGOU y criticada por él en distintos foros, tanto por su ubicación desafortunada como por la densificación edificatoria que comportaría para la zona. Aún más sorprendente resulta observar que, además, el Estadio de la Rosaleda, rehabilitado recientemente por el propio director del proyecto (aparece en la página web de su estudio como muestra ejemplar de obras recientes llevadas a cabo por su equipo) ha desaparecido del mapa (del plano en este caso). Y cabe preguntarse, ¿dónde encaja esta maniobra con el espíritu de no despilfarro inspirador del proyecto? (construir dónde y como se consideraba inadecuado, y destruir lo que uno mismo acaba de reconstruir para la ciudad) ¿por qué razón habrá considerado la Comisión Técnica y el jurado que el proyecto es destacadamente sostenible? Todos sorprendidos menos, quizás, la Comisión y el Jurado.

SURGEN preguntas de la audiencia, respuestas y dudas. No, el interesante proyecto de embarcadero y área de restauración en la desembocadura no ha previsto (o al menos no ha presupuestado) resolver previamente el problema de estancamiento, eutrofización, olores e insectos de la zona, por lo que,  si no fuera porque este  es uno de los problemas crónicos que sufren a diario los vecinos de la zona, cabría ironizar sobre el confort ambiental de la futura zona de ocio. Cuando vuelvo a pensar que quizá la Comisión haya avalado las operaciones especulativas como única vía para garantizar la viabilidad económica de la obra (éste es uno de los requerimientos oportunamente indicados en las Bases de la Convocatoria), una nueva cuestión de la sala hace que se desplome mi argumento justificativo. Ante la pregunta de si los costes de construcción de la línea de metro y soterramiento del tráfico están incluidos en el presupuesto del proyecto, la respuesta también es negativa. El proyecto se apoyaría en potenciales futuras intervenciones (¿publicas?) que sufraguen el precio de estas intervenciones. Si se consultan otros proyectos, por ejemplo, los galardonados con el segundo o tercer premio, los costes de soterramiento del tráfico en tramos parciales de las riberas han sido calculados (e incluidos procedentemente en sus presupuestos) con un montante que llega a 30.000.000 de euros. Sólo la construcción de un tranvía en superficie, actuación infinitamente más barata que la del metro, costaría, según estiman los terceros galardonados, en torno a los 60.000.000 euros. Pues bien, evidentemente, como a nadie se le escapa, cuantas más y más costosas partidas se dejen en un proyecto sin presupuestar, más auto-financiable resulta. Y nuevamente surgen preguntas: ¿es que el equipo redactor del proyecto premiado no ha tenido en cuenta las Bases del Concurso que exige especificar los costes de ejecución, explotación y conservación de las actuaciones previstas? ¿Es que la Comisión Técnica y el Jurado que lo ha premiado por auto-financiable no han evaluado el presupuesto?

ME dispongo a analizar las otras cualidades del proyecto que la Comisión Técnica y el Jurado han destacado. Se trata de un proyecto sostenible, como indica la propuesta de construcción de un Parque de Energías en los actuales terrenos que se utilizan para aparcamiento de la Rosaleda, lo que permitiría conservar  esta zona verde de la ciudad. Se trata de un parque de  energías renovables, con árboles fotovoltaicos y tallos eólicos que generaría energía suficiente para la iluminación del Guadalmedina y un plus para electro-gasolineras. Desde luego un proyecto efectista, aunque cabría analizar si efectivo. Recién llegados del último temporal de Levante en el Estrecho, me planteo si la intensidad de la energía eólica en la ribera del Guadalmedina será suficiente para producir una cantidad destacable de electricidad; por otra parte, cabe preguntarse sobre cómo encajaría la permanencia de los altos eucaliptos de la zona verde, y su tupida sombra, con la necesaria insolación de los árboles fotovoltaicos. Por último un detalle. La energía eléctrica producida por las plantas fotovoltaicas y parques eólicos se transmite, simultáneamente a su producción, a la red eléctrica general, ya que, por su propia naturaleza, no se puede almacenar. Por ello, no se vincula a la iluminación in situ del Guadalmedina. Por tanto, si el vínculo que existe entre el Parque de Energías y el río no es espacial, ni funcional ¿que sentido tiene ubicar en un solar urbano una instalación para la producción de energía que sería más barata y mas productiva en cualquier ladera soleada de un terreno rústico?

VOLVAMOS a otra de las ideas rectoras del proyecto, la eliminación de los muros para configurar un río con riberas abiertas a la ciudad. El resultado que se propone en las infografías es la recreación de un río con taludes tumbados ajardinados con prados verdes que ascienden hasta el actual nivel de ribera. Un efecto paisajístico amable, llamativo por la amplitud de espacios y cuencas visuales, interesante por su inter- visibilidad, pero poco vinculado a la realidad fisiográfica y morfológica de las riberas de un río mediterráneo como el Guadalmedina. Cuando nuestros ríos se abren paso por  la intrincada fisiografía montañosa de los entornos mediterráneos, discurren con frecuencia por cañones que conforman espacios delimitados y recoletos, con cuencas visuales pequeñas y resguardadas. Cuando la topografía lo permite y el río abre su lecho, normalmente el contacto hacia las laderas aledañas se produce mediante una sucesión de morfologías escalonadas hasta las primeras terrazas fluviales. Sólo en los tramos progradantes de los meandros encontraremos laderas de perfil relativamente suavizado. Pero en estos casos, la presión milenaria que en los ámbitos mediterráneos existe sobre los escasos terrenos de pendiente suave, ha propiciado que estas riberas se encuentren tradicionalmente ocupadas intensivamente por cultivos de huerta. Definitivamente, la imagen de un Guadalmedina rodeado de prados verdes que se acercan al agua en laderas alomadas es una bonita recreación de un idílico río exótico.

LA integración del río en la ciudad a través de la  eliminación de las barreras que lo delimitan es una idea que en principio resulta tentadora. Sin embargo esta indefinición espacial produce en los ciudadanos una percepción confusa de los límites del río, y puede hacernos caer en el espejismo de considerar el río como un espacio urbano más. Este hecho, además de desvirtuar en su raíz la identidad diferencial de este espacio fluvial, puede tener consecuencias directas sobre la seguridad de la población. Las Bases del Concurso, con buen criterio, exhortaban a la mejora de las condiciones de seguridad ante el riesgo de inundación. El proyecto ganador, al potenciar la capacidad de laminación del la Presa avanza en la mitigación de la peligrosidad, pero olvida otro componente esencial en la generación del riesgo, esto es, el aumento de la exposición y vulnerabilidad de la población. De este modo, si a consecuencia de un accidente tecnológico o evento extremo natural, se produjera un desembalse masivo, la libre accesibilidad al río por parte de la población inhabilitaría cualquier medida de alerta y evacuación de la población. La mayor parte de los desastres por inundación en nuestro entorno se producen precisamente por un problema de percepción de falsa seguridad, un sesgo de sobreconfianza que nos lleva a percibir el cauce vacío como inofensivo. En el caso que nos ocupa, el carácter teóricamente seguro del cauce quedaría, además, avalado por la autoridad de las instituciones, que han permitido el uso para la población sin mecanismos de control (recuérdense, por ejemplo, las consecuencias de la avenida de noviembre de 2006 sobre el aparcamiento para-oficial del arroyo de La Caleta). Incluso por motivos educativos y preventivos, no se debe olvidar que, con una pluviometría torrencial, un río, aun regulado, sigue teniendo unos requerimientos funcionales relacionados con sus crecidas súbitas y otros posibles eventos extremos que exigen una delimitación de su dominio. Es fácil olvidarlo, y en la propia sala pudo escucharse cómo se esgrimió como argumento en pro de la seguridad del cauce el hecho de que en la ciudad nunca se producen inundaciones inesperadas, ya que las lluvias torrenciales siempre se inician desde el sur, para después desbordar la cuenca alta. Es curioso que, a pesar de la reciente celebración de su centenario, ya se haya olvidado, entre otros casos, aquella conocidísima inundación de 1907 que quedó en el acervo popular malagueño como “el año de la riá”, cuya principal causa de daño fue precisamente el efecto sorpresa (en Málaga no había caído una gota cuando sobrevino la crecida). No, definitivamente, aunque así lo parezca en las infografías, el río no es ciudad, aunque la ciudad si puede transformarse en un río.

ESTA última reflexión me lleva de nuevo a pensar en el portentoso poder del lenguaje, tanto el escrito como el gráfico. Con qué frivolidad se traspasa el límite entre el hito paisajístico y el impacto paisajístico, y con que ligereza se otorga el galardón de icono para la ciudad a cualquier edificación extraordinaria. En estos días el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha declarado ilegal la nueva chimenea de la cementera de la Araña, publicitada en su momento como “el nuevo hito paisajístico de la Bahía de Málaga”. Qué vacíos de contenido están a veces los términos de moda (pasamos de la tendencia verde y natural hacia la de lo ecológico y  ambiental, para llegar a lo limpio, lo renovable, lo sostenible, lo integrado). Qué vacío el concepto de integración (“completar un todo con las partes que faltaban, o hacer que algo pase a formar parte de un todo”). ¿Dónde queda el requerimiento expresado en las Bases del Concurso de adecuación de la idea a la realidad de intervención? ¿Dónde el conocimiento sociológico del entorno de actuación y sus necesidades? Como se apuntó con ironía en la exposición del proyecto ganador del 3º accésit, las personas no siempre discurren por el río sonriendo, tal como aparecen en las infografías. Y no se por qué, me imagino más sonrientes a los usuarios del extremo sur del río paseando por un río sin olores ni mosquitos. Y a los del extremo norte acudiendo a zonas recreativas sombreadas, con posibilidad de cocinar al aire libre, o a los huertos urbanos, ese paisaje fluvial tan sencillo, hermoso y sostenible que evocan con añoranza los habitantes de Ciudad Jardín, al que el día de San Juan acudían en romería las parejas malagueñas “a por claveles y brevas”. Huertos que a su potencial ornamental y productivo (aspecto a no soslayar en los tiempos que corren), añaden un alto potencial educativo para los habitantes de la ciudad. Claro que también podrían acudir al proyectado Parque de las Ciencias, pero posiblemente ya hayan visitado el de Granada en las excursiones que, aprovechando la cercanía, programan anualmente todos los colegios malagueños.

CON qué banalidad se manejan algunos conceptos, y, sin embargo, cuánto gustan. Cuánto venden. Mucho más que los proyectos con los pies en el suelo, de los que tantos se han presentado al concurso, con numerosas ideas fundadas y realistas, a la vez que sugerentes. Aun cuando las circunstancias económicas tambalean nuestros cimientos, o quizás precisamente por eso, preferimos dejarnos llevar por la inercia de las grandes intervenciones efectistas, llamativas, brillantes, gloria de épocas pasadas. Quizás sería bueno que en próximos concursos, formaran parte de la Comisión Técnica y el Jurado expertos en ventas y publicidad. O quizás que se exigiera en los equipos multidisciplinares de trabajo la presencia de traductores o especialistas en hermenéutica, que descifraran con claridad qué es lo que el lenguaje de las Bases del Concurso expone, y qué es lo que, en realidad, pretende transmitir.

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