OPINIÓN. Aviso para caminantes. Por Alfredo Rubio
Profesor de Geografía de la Universidad de Málaga

13/11/12. Opinión. “En las conversaciones con mis amigos insisto en que no estamos sólo y exclusivamente ante la hegemonía negativa del neoliberalismo que se manifiesta en su inmenso poder económico y político. Sostengo que uno de sus contenidos mas interesantes consiste en su capacidad (actual) para producir lenguaje, modelar conciencias e imaginarios a través de estrategias discursivas de indudable capacidad funcional y éxito”. Nueva colaboración de Alfredo Rubio con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com en la que analiza cómo “al usurpar los términos de la izquierda, la derecha neutraliza y rentabiliza su sentido contestatario”.

La guerra de las palabras y el retroceso de la democracia

EN las conversaciones con mis amigos insisto en que no estamos sólo y exclusivamente ante la hegemonía negativa del neoliberalismo que se manifiesta en su inmenso poder económico y político. Sostengo que uno de sus contenidos mas interesantes consiste en su capacidad (actual) para producir lenguaje, modelar conciencias e imaginarios a través de estrategias discursivas de indudable capacidad funcional y éxito.

ESTA capacidad la detectó hace años el sociólogo P. Bordieu que, literalmente, escribió: “En todos los países avanzados, patronos y alto funcionarios internacionales, intelectuales mediáticos y periodistas de alto rango, se han puesto de acuerdo para hablar una extraña novlangue (nueva lengua) cuyo vocabulario, que aparentemente no ha surgido de ningún sitio concreto, está en todas las bocas: “mundialización” y “flexibilidad”;“gobernabilidad” y “empleabilidad”; “underclass” y “exclusión”;“nueva economía” y “tolerancia cero”; “comunitarismo”,“multiculturalismo” y sus parientes “posmodernos”, “etnicidad”,“minorías”, “identidad”, “fragmentación”, etc.

LA
difusión de esta nueva vulgata planetaria -de la que están ausentes de forma relevante capitalismo, clases, explotación, dominación, desigualdades, que han sido eliminados con el pretexto de la presunción de su obsolescencia o de su impertinencia- es el producto de un imperialismo adecuadamente simbólico: los efectos son aún mas graves y perniciosos al ser sostenidos no sólo por los partidarios de la revolución neoliberal que (con la cobertura de la “modernización”) pretenden rehacer el mundo haciendo tabla rasa de conquistas sociales y económicas que son el resultado de cien años de luchas sociales, y que se quieren pintar ahora como arcaísmos y obstáculos al nuevo orden naciente, sino también por agentes culturales (investigadores, escritores, artistas) y militantes de izquierda que, en su gran mayoría, se siguen considerando progresistas.

AL igual que en los dominios de género o de etnia, el imperialismo cultural ejerce una violencia simbólica que se apoya en una relación de comunicación forzada para arrancar la sumisión y cuya particularidad consiste en este caso en universalizar los particularismos ligados a una experiencia histórica singular, ignorando ese contexto y asumiéndolos como universales.

ESOS lugares comunes, en el sentido aristotélico de nociones o de tesis con las que se argumenta pero sobre las que no se argumenta, deben lo esencial de su fuerza de convicción al prestigio reconocido del lugar que emanan y sal hecho de que, al circular en un flujo continuo de Berlín a Buenos Aires y de Londres a Lisboa, están presentes en todas partes a la vez y en todas partes son reiteradas por esas instancias pretendidamente neutras del pensamiento neutro que son los grandes organismos internacionales -Banco Mundial, Comisión Europea, Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE)- las “cajas pensantes” conservadoras (Manhattan Institute en Nueva York, la ex Fondation Saint Simon en París, Deutsche Bank Fundation en Frankfort), las fundaciones filantrópicas, las escuelas del poder (Science-Po en Francia, London School of Economics en el Reino Unido, Harvard Kennedy School of Government en Estados Unidos, etcétera) y los grandes medios de comunicación, incansables distribuidores de esa “lengua franca” que sirve para todo, bien elaborada para dar a los editorialistas apresurados y a los especialistas solícitos del “import-export” cultural la ilusión del ultramodernismo.

MÁS
allá del efecto automático de la circulación internacional de ideas, que tienden por su propia lógica a ocultar las condiciones y significaciones de origen ([1]), el juego de las definiciones previas y de las deducciones escolásticas sustituye, con la apariencia de la necesidad lógica, a la contingencia de las necesidades sociológicas negadas y tiende a enmascarar las raíces históricas de todo un conjunto de cuestiones y de nociones -la “eficacia” del mercado (libre), la necesidad del reconocimiento de las “identidades” (culturales), o aún más, la reafirmación -celebración de las “responsabilidades” individuales- que se decretarán como filosóficas, sociológicas, económicas o políticas, según el lugar y el momento de la recepción”.

EN ese proceso se oponía mercado a estado de acuerdo con el siguiente cuadro, expresivo de lo que vendría mas tarde (hoy):

MERCADO

ESTADO

LIBERTAD

COACCION

ABIERTO

CERRADO

FLEXIBLE

RIGIDO

DINAMICO, EN MOVIMIENTO

INMOVIL, FIJO

FUTURO, NOVEDAD

PASADO, DESFASADO

CRECIMIENTO

INMOVILISMO, ARCAISMO

INDIVIDUO, INDIVIDUALISMO

GRUPO, COLECTIVISMO

DIVERSIDAD, AUTENTICIDAD

UNIFORMIDAD, ARTIFICIALIDAD

DEMOCRATICO

AUTOCRATICO (“TOTALITARIO”)

HACE aún pocos días los profesores G. Abril, Mª José Sánchez y R. Tranche publicaron un artículo (El País: 01.09.12) que, sin duda alguna, ha sido una de las contribuciones periodísticas que más me han interesado en los últimos meses. En el se aplicaron a desagregar los contenidos de las estrategias discursivas fundamentales del neoliberalismo: la creación y propagación de conceptos, la usurpación de la terminología del oponente, la estigmatización de determinados colectivos, un método de argumentación basado en la simpleza y la comprensión inmediata, la construcción de marcos de sentido, una táctica de orquestación, la fijación de estos mecanismos gracias al poder amplificador de los medios y la moralización del discurso político.

LA
creación y propagación de conceptos se relaciona de inmediato con la usurpación de conceptos, la construcción de sentido y la orquestación apoyada por los medios. Son nuevas nociones que, como han señalado los autores, “trazan un  mapa de la vida pública”, con inversiones de significado, allodoxias y las aludidas ocupaciones del lenguaje de los “otros”.  Son conceptos que se presentan como incuestionables,  sin que nadie se moleste en su profundización. En general, carecen de caudal semántico. Forman rosarios de palabras, casi conceptos, que han sido interiorizados por la sociedad casi en su conjunto, incluida la izquierda que ha perdido su capacidad histórica de producir lenguaje y, como es lógico, mundos posibles.

ALGUNOS ejemplos: libertad (= seguridad), derechos (= privilegios), justicia (= venganza de la sociedad), cambio/reforma (= recortes), sanidad (= gratuita), deuda (= deuda pública, excluyendo la privada intencionadamente), regularización de activos ocultos (= amnistía fiscal), autonomías (= despilfarro y  origen de la crisis) y la mayoría de los conceptos dominantes en economía, forjados hace décadas, y ahora utilizados por todos los actores económicos y sociales

POR tanto, asistimos a la consolidación hegemónica de ese lenguaje que, también es la construcción de un mundo y su sentido. Para esa hegemonía es decisivo el papel de los medios de comunicación, más cuando el predominio de esa ideología en ellos es cada vez mayor. Se unen a ese predominio la autocensura propia de la profesión, la censura interna y la descualificación generalizada de los profesionales producto de sus extremas condiciones de trabajo y la precarización.

EL proceso ha sido muy claro en la Reforma del Código Penal. Asistí asombrado como telespectador a su presentación por el ministro Ruiz Gallardón. Las modificaciones proceden de la quiebra no sólo de la Justicia a secas sino también de la Justicia democrática, y siento no hacer aquí una distinción suficiente entre ambas. Se apela y refleja lo peor: la justicia sinónimo de venganza, como ha podido observarse en el caso del etarra enfermo. En aquellas tertulias, donde domina la extrema derecha, se pedía literalmente su permanencia en la cárcel con independencia de la gravedad de su estado y las  prescripciones de la ley.

UNOS cambios que reflejan lo peor de la línea media social (donde anidan “el se dice”, “se lleva”...); valores arcaicos y criterios banales y no de restitución y compasión que son las propias de la justicia democrática. Pero ese pensamiento propio de la línea media no es espontáneo. Ha sido construido: asistimos a una indecente presentación pública de ciertos horrores por parte de medios de comunicación  casi especializados en el tema. Casos aislados se convierten en puntas de lanza que sirve de base fundamental para justificar ahora las modificaciones (casos Marta del Castillo, José Bretón, el reciente del Salobral, etcétera).

LOS juicios parecen celebrarse en los platós de televisión o en las páginas de ciertos periódicos. Una parte de la sociedad, literalmente estremecida por los horrores de estos casos aislados, con escasa información y formación democrática, termina por reivindicar la pura venganza: desde la pena de muerte a la cadena perpetua., pasando por el aumento de las penas de prisión. Endurecimiento generalizado. Lo peor es que, en ese caldo de cultivo, el legislador encuentra la justificación de sus reformas. De ahí se deduce un eufemismo delirante: la llamada “prisión permanente revisable” propuesta en la citada reforma. Una forma encubierta de referirse a la cadena perpetua en evidente contradicción con el sentido que ha guiado al Estado moderno e, incluso, con la Constitución (art. 15), donde el Estado renuncia, como han advertido M. García Arán y D. López Garrido, “a las penas inhumanas y degradantes por mucho que el delincuente se haya comportado de forma inhumana con su víctima”.

FRENTE
a la racionalidad, la mesura, la restitución (la reinserción social), la compasión y la proporcionalidad de las penas se alza otra quiebra más de la atmósfera democrática: compuesta por el populismo punitivo y el llamado simbolismo de las normas penales. Las fuerzas políticas se pliegan ante la opinión pública, al menos a las demandas de sus sectores más vociferantes. El caso de la pedanía del Salobral lo confirma: la mayoría de las fuerzas políticas se han manifestado favorables a un cambio de la edad para la regulación de la edad de consentimiento sexual. Se legisla a golpe de acontecimiento mediático.

POR otra parte, Ruiz Gallardón dixit que la reforma de la Ley del Aborto tiene como base la defensa de la mujer, es decir, se trata de preservarla de las presiones del contexto. Una tergiversación y captura de conceptos que no pertenecen a la tradición ni a la actualidad de la derecha sino que han  sido usurpados. Mientras que se nos dice que somos dueños absolutos de nuestra propia biografía (por ejemplo, cuando nos quedamos en paro), en este caso, se afirma exactamente lo contrario, lejos de lo que viene afirmando el liberalismo existencial donde el contexto carece de valor explicativo alguno de nuestras vicisitudes.

COMO se señala en el artículo que venimos comentando “nadie es dueño del lenguaje, pero las expresiones se adscriben a tradiciones, relatos e identidades políticas determinadas. Al usurpar los términos de la izquierda, la derecha neutraliza y rentabiliza su sentido contestatario”.

POR otra parte, y desde hace mucho tiempo, se ha venido demonizado a los funcionarios. Se tergiversa la realidad al presentarlos no como sujetos de derechos sino “privilegiados”. Son gentes que realizan labores improductivas. Su imagen es la del administrativo ante su ventanilla, con sus manguitos y diciendo aquello de “vuelva usted mañana” mientras lee el Marca o visiona disimuladamente pornografía en su ordenador. Olvidan que son, entre otros muchos, médicos, enfermeras, bomberos, policías, técnicos de diversa índole, barrenderos, ingenieras, arquitectos, economistas, biólogos, operadores de maquinaria, administrativos, abogadas, maestros, jueces, catedráticas, policías,  bedeles... que hacen posible la gestión y el funcionamiento de lo público. Su trabajo permite cada día “abrir el país”, son la infraestructura y la estructura del Estado (del bienestar). 

SE les presenta como privilegiados por el simple hecho de tener un puesto de trabajo fijo y percibir unos emolumentos que, en la mayor parte de los casos, no son excesivos. Sin embargo, en la labor de inducir el deterioro del Estado del bienestar y justificar su  privatización, cuando no su marginalidad futura, se les presenta con notable éxito como aquellos que deben ser “igualados” en la desgracia con el resto de los “flexibilizados”, “recortados” o “ajustados”. Nada de igualar por arriba. Todos iguales en la desgracia inevitable que ha sido decretada.

ESTA
producción de palabras y de sentido, que erige un mundo, pone en riesgo la democracia. Se ha dicho que no sólo está intervenida  la economía sino también la democracia. También los ejemplos son múltiples, pero con una apariencia mas liviana para la mayoría de la sociedad. Se está legislando a golpe de decreto, sustrayendo el necesario debate en el Congreso de los Diputados. Por su parte, la delegada del gobierno en la Comunidad de Madrid, C. Cifuente, pidió “modular” el derecho de manifestación puesto que, en su opinión, la Ley que lo regula (de 1983), es muy permisiva. Según esta ciudadana, cierta regulación, racionalización o “modulación” de las manifestaciones supondría la racionalización del uso del espacio público, para evitar el mal funcionamiento del tráfico y de la ciudad (como si el manifestarse no fuera parte de su funcionamiento normal). A los pocos días de su intervención desproporcionada ante los manifestantes que pretendían rodear el Congreso de los Diputados, la policía fue felicitada por su actuación. Aún tengo grabadas en mi retina las imágenes de la policía antidisturbios golpeando a ciudadanos en una esquina: ellos bien alineados y distribuidos secuencialmente mientras que los ciudadanos, amedrentados, casi en fila, pegados a la pared y sin oponer resistencia alguna, iban siendo golpeados. También convendría analizar la relación entre ciudadanía e imagen de país, especialmente cuando se afirma que manifestarse deteriora la imagen de España. De todos modos, los ciudadanos díscolos tienen su contrapeso con esos otros, ejemplares, que se quedan en sus casas y  colaboran en la mejora de nuestra imagen. Nos quieren ciudadanos del vacío.  Ciudadanos de  una empresa o de  una corporación llamada España.

LA atmósfera y suelo de la democracia están siendo sutilmente socavadas. Está ocurriendo un retroceso de la democracia que no sólo se manifiesta en las contradicciones entre democracia y mercado.

EL discurso del neoliberalismo se autopresenta como modernidad, avance, progreso y portador de lo inevitable. Descalifica cualquier opción de izquierdas como antigua, inadecuada para los tiempos que corren y, sin duda, olvida que es el mas viejo discurso desde que el capitalismo es capitalismo, aunque se vista con los ropajes de la innovación y  la contemporaneidad.

[1] Pierre Bourdieu, Les conditions sociales de la circulation international des idées, Romanistische Zeitschrift fur Literaturgeschichte, 14-1/2,  Heidelberg, 1.990

PUEDE
consultar aquí anteriores artículos de Alfredo Rubio:
- 09/02/11 La política cultural municipal y la nada
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