OPINIÓN. Aviso para caminantes. Por Alfredo Rubio
Profesor de Geografía de la Universidad de Málaga


06/10/14. Opinión. Alfredo Rubio retoma sus colaboraciones con la revista EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com con una reflexión sobre el nacimiento de la formación política Podemos. “Consideraron el 15-M como un episodio esporádico, una excrecencia, en fase de disolución. Llegaron las elecciones europeas, que permitían ciertos huecos por aquello de la circunscripción única. Realmente daba igual votar a uno u otro partido de la casta pues llegarían a acuerdos en Bruselas. Sorprendentemente emergió Podemos”, argumenta Rubio en su artículo.

Dejemos a Podemos

LO
que se conoce como cultura de la transición (CT) tuvo un contenido definitorio entre otros: impuso el silencio. El nuevo orden social se fundamentó en el silencio de todos. Bueno, para ser mas precisos, de casi todos puesto que, aquellos autorizados que podían creaban los discursos de sentido que serían dominantes a lo largo de décadas. Durante mucho tiempo ningún aspecto de la resolución de la dictadura pudo ser cuestionado y menos aún todo aquello que había sido declarado transcendental. Sirvan dos ejemplos: el proceso mismo de la transición, considerado ejemplar e incuestionable, y aquellas instituciones que adquirieron  allí su justificación, no pocas veces tautológica.

LA cultura de la transición ha sido la que, tras un proceso de desgaste muy largo, ha saltado por los aires. Saltaron las maneras de ver, hacer y pensar que habían hegemonizado la marcha de España durante más de treinta años (G. Martínez). También lo hicieron algunos de sus principales componentes: la cultura del consenso, como algo opaco y sin participación de los ciudadanos; la desproblematización/despolitización donde no cabía hacerse preguntas sobre los contenidos y extensión de la democracia, es decir, sobre la vida en común y sus formas de organización al margen de lo autorizado; también se rompió la cuidadosa administración de los silencios, los miedos y las amnesias. Igualmente desaparecieron ciertos tabúes y la capacidad hegemónica de los discursos creadores de sentido. Lógicamente todo provocó (y provoca) reacciones defensivas. Por ejemplo, llamar antisistema y calificar de violento a cualquiera que se manifieste en la calle o por escrito... Respecto de lo primero, me gustaría que alguien me explicara que hay de malo en ser antisistema. Estoy seguro de que no significa que te salgan cuernos y rabo y que se puede ser una buena persona no afectada por alguna enfermedad mental. Los defensores del sistema lo primero que deben hacer es explicar exactamente las razones por las cuales lo consideran sagrado. Respecto de lo segundo, como ya escribí en estas páginas, la inmensa mayoría de los asistentes a las plazas eran y se comportaban como bio-lentos, algo bien distinto. Querían y quieren política -algo parecido a nueva política aunque tengo serias dudas que en décadas los ciudadanos hayamos podido disfrutar de algo parecido a la política. Política desde los ciudadanos y con los ciudadanos. ¡Vaya dilema! ¡Esa gente que pide cosas imposibles! ¡Locos! Solicitaban algo parecido a una nueva triangulación de la política.

DURANTE
décadas nada pudo ser cuestionado ¡Cuántas veces hemos tenido que soportar los gestos conmiserativos de tantos cuando nos atrevíamos en público a poner en duda algún aspecto! Bastaba con decir capitalismo para que aparecieran aquellos gestos. Por eso el 15-M me pareció un grito colectivo elevado en todos los lugares pero, en especial, en las áreas metropolitanas españolas y las ciudades grandes. Ese grito rompía con el silencio impuesto. Un grito, una reclamación de espacio y visibilidad que cristalizó aquí, como antecedente, con la Casa Invisible. Tras las acampadas de las ciudades rebeldes no era raro que te preguntaran “¿qué ha pasado con el 15-M?” y continuaran con aquello de “no tienen futuro alguno”, “carecen de capacidad para dar forma a un proyecto político”, etcétera. Pasadas algunas semanas casi todos consideraron que el 15-M había concluido. ¿Dónde están -preguntaban- sus integrantes?

ESTABAN
en multitud de asuntos: movilizaciones, redes, plataformas, mareas, marchas indignadas, mesas, pensando formas de organización, escribiendo libros, editando nuevos periódicos, organizándose en las redes, redactando “papeles” que formaban una cartografía de algo que se sustentaba en cuestiones nuevas y viejas cuestiones. Pero el propio 15-M no fue exactamente una explosión espontánea: tenía precedentes, formas incipientes de organización, ideas solventes trabadas en el curso de las últimas décadas.

ALGUNOS
tratábamos de seguir su proceso. La pregunta clave era: ¿cómo articular un proyecto político a partir del magma de reivindicaciones que emergían en las asambleas? Nos pareció adecuada la respuesta de la Carta por la Democracia (www.movimientodemocracia.net); las fórmulas organizativas del partido X; la adecuación de Equo a las nuevas circunstancias; las  palabras y los casi conceptos que aparecían. Una explosión de creatividad social y de activismo frente a las circunstancias.

SIN
embargo, seguros de que nada cambiaría y que los integrantes del 15-M se disolverían con el paso del tiempo los grandes partidos seguían tan tranquilos. Sólo se preocupaban de ciertas cuestiones -las más problemáticas- a las que aplicaban soluciones cosméticas robando como siempre palabras y jerga. Pero, también hay que decirlo, más de uno, al romperse el silencio, se sintió libre y se pasó a las más incómodas filas de los indignados.

CONSIDERARON
el 15-M como un episodio esporádico, una excrecencia, en fase de disolución. Llegaron las elecciones europeas, que permitían ciertos huecos por aquello de la circunscripción única. Realmente daba igual votar a uno u otro partido de la casta pues llegarían a acuerdos en Bruselas. Sorprendentemente emergió Podemos. Perdieron votos los grandes partidos mayoritarios y no alcanzaron sus expectativas otros, de la derecha y de la izquierda. Algunas de las formaciones surgidas del 15-M tampoco. Ciertamente Podemos no ganó pero alcanzó un número de votos impensable y, lo que es mas significativo, confusamente todos comprendieron que escondía un enorme potencial, mas aún cuando se conoció el origen de sus votantes.

LOS votantes de Podemos no eran jóvenes antisistema con cresta. Tenían todo tipo de procedencias, edades y condiciones. Además, Podemos se nutría parcialmente de votantes -e incluso militantes- de la socialdemocracia neoliberal. Entonces comenzaron las diatribas, las medias verdades, los insultos, las minuvaloraciones, las acusaciones. Podemos asustaba y asusta al bloque hegemónico y a todas aquellas instituciones, medios, intelectuales y “tertulianos” que posibilitan el actual estado de cosas.

ASUSTA al aparato socialista la posibilidad de llegar a la irrelevancia política. No critica el programa incipiente de Podemos sino que acude a las descalificaciones conocidas y, apenas, lo relaciona con un análisis correcto de los cambios sociales que venían y vienen ocurriendo, y que no siempre han sido consecuencia directa de la crisis, que explican su existencia y su emergencia. Es significativo el asunto de la deuda: Podemos nunca dijo exactamente algo parecido a no pagarla. Lo que he leído y oído directamente a sus dirigentes está lleno de sentido común: se trata de auditarla y tratar de distinguir entre aquella que legítimamente debemos y aquella otra que procede de la transferencia de deuda privada a deuda pública mediante mecanismos diversos.

HACE escasos días Soledad Gallego, poco sospechosa de cualquier radicalismo,  escribió lo siguiente a cerca del diagnóstico que hace Podemos: “El principal éxito de Podemos es que ofrece a los ciudadanos una descripción de la realidad y un diagnóstico que esos mismos ciudadanos reconocen inmediatamente como llenos de verdad. Mientras que el centro izquierda, ocupado tradicionalmente por el PSOE, tiene enormes dificultades para asumir ese análisis y mantiene un lenguaje dubitativo sobre lo ocurrido, Podemos señala con el dedo, sin ninguna duda ni temor, los abusos a que han sido sometidos esos ciudadanos, en muchos casos abusos que hubieran podido ser detectados y corregidos  con una actitud menos complaciente de ese centro izquierda tradicional” (El País: 28.09.14).

LA calidad y el carisma de nuestros políticos y políticas ha ido mermando. La clase política de los últimos tiempos de la dictadura ha ido siendo sustituida por nuevas generaciones producto de la lógica interna de los partidos políticos, es decir, de sus aparatos. Viene todo esto a cuento por la debilidad de las críticas a “Podemos”. Esta debilidad proviene de su propio funcionamiento interno: los aparatos de los partidos políticos, entendidos como grupos de interés privado que mediante todo tipo de mecanismos los controlan, se han adueñado de instrumentos que constitucionalmente estaban llamados a ser los cauces de participación de los ciudadanos en las instituciones democráticas, sustrayéndoselos  y convirtiendo la producción de apoliticismo en uno de sus pilares fundamentales. Sus productos son sus productos que, a su vez, recrean y producen aparato.

DESDE esa perspectiva, la calidad intelectual que implica el uso de discursos construidos y de argumentos capaces de suscitar la reflexión y la toma de decisiones solventes han sido sustituida por la simple consigna -esos llamados argumentarios que se reparten diariamente. En todo caso, la reflexión se circunscribe al ámbito de las Fundaciones.  Dentro de los aparatos no conviene el pensamiento ni la brillantez puesto que lo suyo no es otra cosa que el puro erial donde sólo es importante el estar colocado  y el comportamiento  autómata (repetir argumentarios/consignas y aplaudir cuando corresponde) para asegurarse la permanencia y el conjunto de prebendas conocidas e inalcanzables para el resto de los ciudadanos. Todo ello base de la corrupción puesto que, desgraciadamente, día tras día recibimos la información suficiente para que entendamos que la corrupción es cosa de miles y no de unos pocos. No encuentro otra forma de explicarla. En su seno, sea cual sea el que consideremos,  apenas advertimos diferencias ideológicas y organizativas más allá de la doble lógica de la pura supervivencia y la reproducción de lo mismo. De ahí que las críticas de la socialdemocracia neoliberal y de la derecha coincidan como dos gotas de agua. Llama la atención que el nuevo Secretario General del PSOE califique a Podemos de populista, con una definición simplista que le es directamente aplicable. Del simplismo no salva la doble condición de profesor y doctor.

TODO lo anterior viene a cuento por una razón clara, vinculada a la idea de aviso como anuncio, que dejen las críticas a Podemos en el nivel de las críticas políticas. Será mejor. No voté a Podemos y, muy probablemente, no los vote en el futuro aunque cada vez mas tenga deseos de hacerlo.  Podemos viene dando un ejemplo irreprochable de conformación de una nueva fuerza política que trata de resolver una serie de cuestiones de muy difícil resolución: conciliar la máxima intervención de los ciudadanos, reduciendo al mínimo la representación, con la necesidad de dotarse de unas estructuras organizativas que le permitan hacer efectiva su presencia como tal. No es fácil recoger el legado de lo dicho en las plazas. No se trata de que deseemos participar sino que exigimos intervenir en los asuntos públicos con los mínimos intermediarios posibles. Que se nos deje de tutelar y de considerar la parte peligrosa.

CUANDO
escribimos esto no nos engañamos: desconfiamos de la condición humana; sabemos que la sociedad -tal y como ha sido conformada-  tampoco es fiable; conocemos la experiencia histórica y tenemos memoria de lo acaecido y lo hecho en nuestro nombre y representación. No estamos insertos en una sociedad ejemplar, más bien todo lo contrario. No cabe esperar mucho y, sin embargo, la aspiración a algo mejor debe seguir moviendo a aquellos que consideran que sólo hay vida posible y deseable junto con los otros. Es verdad que Podemos no resplandece como un sol pero ilumina.

LLEVAMOS
desde siempre con ese relato de la luz y la oscuridad; de la noche y el día; de los tiempos opuestos del sol y de la luna y sus entreactos (amaneceres, anocheceres, auroras...). Un modo de pensar que parece mas cíclico que dialéctico; recuerda más a una escalera que a una espiral. Algo así como: hubo un tiempo de luz que se volvió noche o, también, oscilamos entre días-tiempos de luz y tiempos de sombras. Esplendores y oscuridades. Claro es que me refiero a un modo de vernos y de insertarnos en la realidad, incluida la valoración de esa inserción. Creo que no está nada claro que  hayamos dispuesto de algún amanecer efectivo  al que siguieron inevitablemente una mañana luminosa y la noche posterior.

SUPONGO que siempre hemos estado en la noche y, de ser así, no lo podríamos reconocer puesto que carecemos de la referencia necesaria para discernir la propia luz. Si fuéramos capaces realmente de ver lo luminoso nos cegaría y, por tanto, la luz nos devolvería a la ceguera.  El día sería la modalidad de la noche donde estamos. De modo que, concluyendo, el no saber dónde estamos es exactamente nuestra forma de estar.

POR eso, estos juegos de palabras, por otra parte tan necesarios, terminan remitiendo a valoraciones sobre nuestro estar donde se acomodan como escondidos teleologismos, trascendentalismos, finalismos y hasta historicismos de los más diversos. En definitivas, esperanzas o desesperanzas olvidando que los griegos dejaron bien claro que la esperanza se quedó dentro de la caja de Pandora, de modo que, sobre el sentido, del estar nuestro, no hay mucho que decir que no sea aquello del apeiron. Lo indeterminado.

NI religiones ni “religiones de sustitución”,  ni esperanzas ni desesperanzas. Creo que es estupendo quedarnos sin algo que nunca hemos tenido más allá de las ilusiones. ¿Cómo saber lo que es posible y lo que no es posible?

NO
hay noche alguna ni metáfora necesaria para la política. Sólo esto que transcurre y somos nosotros haciéndonos e interpretándonos [produciendo sentido]. Sólo disponemos de nuestra potencia.

ESTAR
bien es el proyecto humano, y lo digo siguiendo estrictamente a J. Ortega y Gasset. Lo que caracteriza desde siempre, desde el punto 0 de un cierto origen, es esa búsqueda que origina un tramado excepcional: un proyecto concebido para estar seguros. De modo que, el estar seguros ha sido siempre el motor de todo. El concepto de seguridad como condicionamiento [y superación al menos relativa] de lo aleatorio es previo a cualquier asunto humano y se constituye en motor de lo humano. Significa crear un orden externo e interno, es decir, ordenar el caos de la naturaleza y constituir un orden social que garantice tal posibilidad [la ciudad]. Todo eso requiere un relato que es a su vez lo que proporciona sentido. Por tanto, ideas que estaban ya, previas a cualquier asunto. El asunto ha implicado siempre una muralla, una constitución y una política, que forman el relato necesario.

LA política sería el asunto del reparto y de ahí una aritmética que no podía ser otra cosa que una geometría final. Pero, creo seguir a J. Rancière, la mirada filosófica sobre la política lo que pone a la vista es la ausencia de  fundamentación de la política y la tarea de la filosofía (política), en el caso de que filosofía pueda ser una política, ha consistido justamente en los intentos por rellenar esa ausencia de fundamento. Rellenándola consigo misma, y aún insiste en esa labor. Platón inauguró, siguiendo  las experiencias pitagóricas, esa idea de la incapacidad del animal vociferante (el demos) para hacerse presente en lo real como ciudadano y, por tanto, la conducción de la ciudad real debía corresponder a los filósofos-reyes o a los reyes-filósofos. Por poner un ejemplo de su persistencia: de los cuatro grandes continuadores de M. Heidegger, tres de ellos, la excepción sería H. Arent, terminaron por aceptar la vía de la conducción social por el saber experto, incluido el muy izquierdista H. Marcuse, e, incluso, el cuasi totalitario H. Jonas. Por ello, la premisa hoy debe ser el olvido de la condición sospechosa del ciudadano que ha dominado la política desde el inicio de la transición. Podemos parece recoger la posibilidad de un demos capaz de poner sobre la mesa sus demandas y mantenerlas.

NUNCA
hubo un objetivo distinto en las ciudades que la seguridad y la prosperidad, que incluye la acumulación hasta los umbrales posibles. Lo mas crítico de nuestras sociedades esconden consciente o inconscientemente esa realidad que me parece condición humana. Por la misma razón, ningún proyecto político hasta fechas recientes ofrecía otra cosa que el binomio seguridad/prosperidad,  tampoco aspiraban realmente a otra cosa,  ni podrían presentar a los ojos de la “sociedad” asuntos distintos. Justamente el diagnóstico debe partir de otra premisa: los partidos políticos hegemónicos han roto con la posibilidad de la certidumbre como realidad efectiva y  proyecto social y las consecuencias de su aceptación radical del mercado como transcendental ha derivado en lo ocurrido. El maestro J. Fontana afirma que, roto el equilibrio que proporcionaban las organizaciones obreras y el horizonte comunista, se han liberado sin trabas las fuerzas hegemónicas del neoliberalismo.

SUGIERO
tranquilizar el debate, llenarlo de contenidos políticos, evitar el cinismo y las mentiras sistemáticas de quienes nos siguen considerando menores de edad (demos vociferante). Es necesario para reconstituir la salud de la democracia crear un ambiente sereno y lejano de la dureza que hoy domina. Se trata de discutir con Podemos todo aquello que merezca la pena debatir hasta el fondo. En ese sentido, se ha de entender que esa emergente fuerza política parece un activo esencial para la mejora de la situación actual y su atmósfera irrespirable. Como mínimo aparece como garante de un control democrático de las instituciones.

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- 15/01/14 Elogio de la Filosofía
- 12/12/13 Sobre la crisis de los partidos políticos y el ahondamiento de la democracia. Otra política
- 04/11/13 Sobrevivir a Picasso
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