OPINIÓN. Aviso para caminantes. Por Alfredo Rubio
Profesor de Geografía de la Universidad de Málaga


19/11/14. Opinión. El profesor de Geografía de la UMA Alfredo Rubio reflexiona en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el caso de las tarjetas opacas de Bankia. Se para especialmente en el caso de un sindicalista de CCOO de quien durante unos días se dijo que no había hecho uso de las mismas, aunque finalmente se supo que sí. En este texto, Rubio imagina cómo cree que era este hombre, antes de saberse que había hecho, como todos, un uso indebido de su tarjeta.

El hombre que apenas usó la tarjeta

LA
velocidad que han adquirido los hechos referidos a la corrupción hace imposible tener ni una idea aproximada sobre lo que tendría algún sentido escribir cada mes. Es la velocidad que preside todo en nuestro tiempo e impide una reflexión más profunda, serena y pausada acerca de los sucesos que nos acaecen. Tras el asunto de las tarjetas se han precipitado otros nuevos. Una dinámica donde cualquier tema envejece prematuramente.

EL
asunto de las tarjetas negras de Bankia es, sin duda, un episodio menor del saqueo sistemático de nuestro país. Lo es en términos de la cuantía de lo usado. Sospechamos que el saqueo ha sido mucho mayor. Inimaginable e imposible de determinar con exactitud (se  estima, según distintas fuentes, entre diez mil y cuarenta mil millones de euros anuales).

RETRATA tanto a un sistema como a sus personajes, es decir, pone a la vista responsabilidades colectivas e individuales. Lo decisivo del asunto Bankia -me refiero a las tarjetas puesto que en Bankia habitan varios- es que se trata de una fotografía del sistema: están todos los que forman parte de la casta. Ese es su valor. La foto y el conocimiento del destino del dinero permiten una lectura más fácil para la mayoría de las gentes. Por esa razón ha tenido un efecto demoledor. Todos de acuerdo en el saqueo. Nada más que agregar.

ME
ocurrió lo siguiente: en algún programa televisivo un “pantallazo” muy rápido se refería a un sindicalista de CCOO que sólo había hecho uso de cien euros. Fue tan rápido que no pude retener su nombre. Aquello me dejó impresionado. A los pocos días, un domingo de este “veroño”, fuimos a andar por las veredas de Benahavís y como por razones que no vienen al caso no podía acompañar a los andarines me quedé dentro del pueblo en una terraza al sol saboreando la lentitud y la tranquilidad acogedora de ese pequeño pueblo volcado en la hostelería. Llevaba los materiales para escribir y algunos de los periódicos del día. Total que, dándole vueltas al hombre que no usó la tarjeta disponiendo de ella, a quien los medios no habían dedicado ningún reportaje, imaginé la pequeña historia que sigue.

LO dibujé regordote, incluso con su barriga ganada con el paso de los años. Vestido con una humildad austera. Con escaso pelo canoso. De unos sesenta años. Con unos ojos, aún transparentes y nítidos, claros, inteligentes y, sobre todo, bondadosos. Lo había vivido todo. Probable militante de “comisiones” desde su juventud en el sector del metal. ¿En qué barrio dormitorio de Madrid vivirá?

NO sucumbió ante el mensaje publicitario de Scandalo: “Porque (tú) te lo mereces”. ¡Eso es: tú, exacta y nítidamente, tú! Para él, imaginé, hay un umbral infranqueable.

NO
sabe con exactitud lo que vota en el consejo, ni siquiera qué consejos puede dar para la gestión de Bankia. Había pasado toda su vida trabajando y, con más edad, y tras años de militancia, fue llamado al sindicato como liberado y, de ahí, dio el salto, designado por la cúpula, al consejo de Bankia. Eran tiempos revueltos y una extraña situación puso a IU y CCOO al lado de los intereses del Partido Popular. Carecía de cualquier conocimiento de economía financiera. Desconocía los productos derivados y el significado exacto de las preferentes. Cuando había que votar seguía la directriz de José Antonio Moral Santín, representante de Izquierda Unida, profesor universitario, y hombre al que respetaba profundamente. Lo respectaba al modo antiguo: ¿cómo dudar de un catedrático? ¿cómo dudar de la ciencia? ¿cómo cuestionar un saber limpio y transparente que se   presenta como referente de la clase obrera?. Seguía lo que indicaba un hombre que usó 456.500 euros, más de 88 millones de pesetas, para su buchaca. Aunque los rumores indican otros destinos probablemente no todo fue para él. Da lo mismo.

ENTRE
los suyos, era conocido como el “tontico”. Aquí parece que seguimos considerando que aquel que no se aprovecha de una situación concreta para su beneficio personal tiene “reblandecio el celebro”. Podría poner miles de pequeños ejemplos aparentemente carentes de significación, algunos propios para no parecer un “sanjosedelamontaña” cualquiera dispensador de moralina. La corrupción y la sociedad como un juego de espejos que nos reflejan.

LO
que aparece en un primer plano es que, nuevamente, la óptica de la regeneración es el punto de arranque necesario para resolver la mayoría de las cuestiones fundamentales que nos afectan. La acumulación de casos pequeños y grandes nos ha convertido literalmente en un erial, donde cualquier idea de bien común queda disuelta. Una malla muy densa se ha insertado en la sociedad y cualquiera se siente legitimado para el engaño e, incluso, lo justifica. Ocurre que, sin apelar al ser humano como bueno por naturaleza, aquí la corrupción ha superado el umbral de lo posible y disuelve lo mejor de nuestras potencias y posibilidades.

LA corrupción generalizada pone en peligro la democracia puesto que mina la cohesión social, es decir, la guía de un objetivo común y la percepción social de estar inserta en un proceso consciente hacia algún lugar. Además, cabe la posibilidad peligrosa de que la indignación, a la que se suma la tristeza melancólica que produce la contemplación de lo que viene ocurriendo, vire hacia formas de violencia individuales y colectivas poco previsibles en cualquier situación cotidiana. No se debe olvidar que la corrupción no tiene sólo una cara económica. Tal vez, supongo, convendría elaborar una teoría de la corrupción pues la económica no se explica exclusivamente por si misma. Creo que se soporta sobre otras formas previas.

UNOS
pocos, que sumados son muchos pero no mayoritarios, si se sienten interpelados por la gravedad de la situación. Están de acuerdo con la necesidad de todo tipo de reformas institucionales, y en establecimiento de controles suficientes pero, también saben, que no cabe una suerte de pensamiento mágico según el cual  la acumulación de nuevas leyes a las ya existentes, las reformas institucionales, serán la solución. Creen, creemos, que si no hay una producción social solvente de valores -supongo que viejos y nuevos- nada podremos hacer. De poco servirán ciertos cambios, incluso muy profundos y radicales, de no emerger una sociedad  mayoritariamente dispuesta al bien común.

AL sindicalista de mi imaginación le parecía que recibía lo suficiente y hasta algo mas de lo que pudiera haber imaginado (en realidad no imaginó nada) aquella primera vez en que se atrevió a alzar la voz en una asamblea de trabajadores del metal en Coslada (Madrid). Se quedaba con poco dinero del que recibía una vez entregada su parte al sindicato. En escasas ocasiones había comido en algún restaurante caro. Tal vez prefería los bares y restaurante de su barrio. Le gustaba uno cercano, donde jugaba al “dominó” y tomaba cañas con tapas de magro con tomate, caracoles..., con iguales. Allí se entiende con todos pues, supongo, tienen las mismas penas y alegrías. Hablan de lo mismo y no tiene que votar  a favor de implementar ciertos productos financieros que no entiende ni le son convenientemente explicados. Sin  embargo, lo de usar o no usar la tarjeta lo tuvo siempre claro: no la utilizó nada más que una vez que necesitó cien euros para completar el pago de una multa por mal aparcamiento en acto de servicio. Sabe que es una elección y si la usa habrá perdido toda su libertad. Guarda su libertad para cuando sea necesario. No sabe que en sus venas circula un flujo antiguo de decencia mínima, aquella que tiene en todos los actos de su vida. No dejaba de ser un viejo del Movimiento Obrero y de su cultura.

AL
día siguiente, lunes, puesto que dejé la fecha y el lugar en mi escrito (Benahavis: 5 de octubre de 2014), un nuevo “pantallazo” disolvió mi relato. Había sido un error y aquel sindicalista había hecho uso de más de cien mil euros. Representó por unos días mi esperanza en la regeneración desde algo existente.

RECORDÉ el relato acerca del hombre que, inasequible, plantaba árboles (J. Giono) que terminaron con los años formando bosques. El escritor se basó en otro sobre un hombre que plantaba manzanos (W.D. Haley), conocido como Johnny Applessed, y los extendió por los territorios del Lejano Oeste norteamericano. Ambos metáforas de las gentes necesarias para cambiar un paisaje, una atmósfera...

SEAMOS o no co-responsables de todo lo que viene ocurriendo no tengo dudas: hemos de negarnos a las consecuencias de asumir la carga conjunta del desánimo, la tristeza y la nostalgia. Asumir nuestra responsabilidad implica potencia y nos legitima para intervenir directamente en los asuntos públicos sin esperar nada de los intermediarios que aún nos brindan sus guiños. Asumir la carga y actuar con otros. Creo que una parte de la sociedad, tal vez todavía poca, está plantando árboles – o manzanos- y con ello es la que repara el erial.

PUEDE ver aquí anteriores artículos de opinión de Alfredo Rubio:
- 16/10/14 Dejemos a Podemos
- 15/01/14 Elogio de la Filosofía
- 12/12/13 Sobre la crisis de los partidos políticos y el ahondamiento de la democracia. Otra política
- 04/11/13 Sobrevivir a Picasso
- 27/02/13 Del pensamiento mágico a los viernes trágicos
- 13/11/12 La guerra de las palabras y el retroceso de la democracia

 

PUEDE leer aquí más artículos pinchando en las relacionadas de esta columna:
- 09/02/11 La política cultural municipal y la nada