OPINIÓN. Mutatis Mutandis. Por José Damián Ruiz Sinoga
Profesor de la Universidad de Málaga

ruiz_sinoga11/04/12. Opinión.El turismo es el nuevo monocultivo de la provincia, como lo fuera la viticultura apenas un siglo atrás, y por tanto padece la problemática inherente a cualquier tipo de monoespecialización basada en una extraordinaria dependencia del exterior (…) Si se suponía una salida a la crisis basada en soluciones estructurales de la mano del I+D+i, y en la diversificación

de actividades, mucho me temo que seguirá recayendo sobre el ladrillo incontrolado”. Nueva colaboración de José Damián Ruiz Sinoga con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com en la que advierte del peligro de repetir los mismos errores de planificación económica cometidos en el pasado en la provincia de Málaga.

Bajo el síndrome de la dependencia

FINALIZADA la época de las vacas gordas, la situación actual de los recursos geo-ambientales en la provincia de Málaga muestra un extraordinario desequilibrio entre demanda y oferta. Este ha sido el culmen de todo un proceso de desorden territorial, a pesar de que desde las diferentes instituciones involucradas se nos haya pretendido hacer ver lo contrario. A este desorden territorial hemos de añadirle un filtro común: es la actividad turística nuestro principal aporte de PIB, por lo que la dependencia de este sector es absoluta. El turismo es el nuevo monocultivo de la provincia, como lo fuera la viticultura apenas un siglo atrás, y por tanto padece la problemática inherente a cualquier tipo de monoespecialización basada en una extraordinaria dependencia del exterior.

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LA crisis de la Filoxera (1879) demostró como en tan solo unos pocos años, se podían arrasar más de 112.000 has de viñedo, y por tanto, toda una economía basada en el mismo. Una ruina para la economía malagueña, que en aquellas fechas se las prometía tan felices que incluso llego a constituirse el Banco de Málaga. Siderometalurgia, viticultura, movimiento de capitales, comercio, burguesía capitalista, fueron aspectos que consolidaron el gran boom de la Málaga del XIX, y todo canalizado a través del puerto de Málaga. Ciudad cosmopolita que empezó a adoptar en su propio habla expresiones importadas de diferentes países, como “dabuten” (Alemania), “aliquindoi” (Inglaterra) o “merdellón” (Italia). Bastó solo un bichito (Phylloxera Vastatrix) para que todo ese entramado se derrumbase en apenas cinco años.

DURANTE décadas la provincia de Málaga vio como su población se reducía año tras año, y de hecho, muchos municipios solo lograron recuperar sus contingentes demográficos prefiloxéricos, hasta finales del siglo XX. Abandono del campo, emigración hacia Cataluña fundamentalmente, y ruina económica. Por supuesto que gran parte de la burguesía capitalista desapareció con el bichito, permaneciendo solo quienes tenían algún que otro interés, en este caso basado en la caña de azúcar, cultivo que ocupaba gran parte de las llanuras aluviales de los ríos Vélez y Guadalhorce. Y como las desgracias no vienen solas, tras el abandono del campo y de las consecuentes prácticas agrícolas, se produjo un proceso de compactación de suelos y pérdida de capacidad de infiltración, cuyo resultado diferido fue la inundación de 1907.

La famosa “riá”

UN siglo después, pareciera que no hemos aprendido aquella gran lección que nos deparó nuestra propia historia, y no es baladí ni casual que en la actualidad sea la provincia de Málaga la que encabeza los rankings de población desempleada y en la que se haga más palpable la crisis.

Y es que en pocos años se produjo la construcción, el sellado, de los primeros 100 metros del litoral, y después los 200, 300, 400… con la riadaconsecuente sinergia a efectos demográficos, económicos, infraestructurales, y también, paisajísticos, y ambientales. El incremento demográfico en el litoral se produjo a costa de la despoblación del interior, pero también a costa de los mejores espacios agrícolas (las huertas y regadíos en llanuras aluviales), y por supuesto, en dependencia directa de los recursos hídricos. Ahí comenzaba el principal problema del litoral, el relativo al agua, ya sea en abastecimiento como en vertidos residuales.

DESPUÉS, en plena locura desarrollista, y una vez colonizado todo el litoral, se inicio un segundo proceso de colonización en el interior, hasta el punto que en algunos municipios, la oferta inmobiliaria duplicaba el número de viviendas consolidadas. Hasta no hace más de cinco años toda la provincia era un gran andamio enganchado a una sola polea: la del turismo. Es decir, una actividad al albur de tour operadores y dependiente de mercados y crisis exteriores. No era muy difícil suponer que el inicio de la recesión tendría como consecuencia inmediata el bloqueo de la principal actividad laboral, la construcción, con sus correspondientes sinergias en toda una serie de actividades económicas y laborales. Y esto, tampoco fue casual.

Y con tal estado de la cuestión, nos encontramos dependiendo directamente del turismo puro y duro, en una provincia desequilibrada tanto a nivel urbano, como demográfico y socioeconómico, y en donde no solo los recursos, son cada vez más limitados, sino que distan de niveles de calidad y excelencia de las infraestructuras turísticas, saneamiento integral incluido. Y si se suponía una salida a la crisis basada en soluciones estructurales de la mano del I+D+i, y en la diversificación de actividades, mucho me temo que seguirá recayendo sobre el ladrillo incontrolado. Malos tiempos para la ordenación del territorio. La frase del ministro de Agricultura y Medio Ambiente, “ya está bien de la demagogia de la sostenibilidad del litoral español”, y la pretendida nueva Ley de Costas, se ciernen como algo más que una espada de Damocles sobre lo que queda no urbanizado de nuestras costas. Malos tiempos para el sentido común.

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