OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

fernando_wulff28/05/10. Opinión. Fernando Wulff se incorpora a la plantilla de colaboradores de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com con un artículo que conjuga conocimiento académico y sentido crítico. Tras explicar que la comunidad científica internacional mira hacia la costa malagueña para encontrar...

OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga 

fernando_wulff28/05/10. Opinión. Fernando Wulff se incorpora a la plantilla de colaboradores de EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com con un artículo que conjuga conocimiento académico y sentido crítico. Tras explicar que la comunidad científica internacional mira hacia la costa malagueña para encontrar respuestas y formular nuevas preguntas sobre los fenicios tras las investigaciones llevadas a cabo en nuevos yacimientos, el catedrático de la UMA reprocha a la Junta de Andalucía y ayuntamientos como el de Vélez Málaga, por sus 30 años de incompetencia a la hora de conservar, difundir y poner en valor el patrimonio arqueológico. “La única duda que queda, irresoluble, es si alguien en esas alturas vertiginosas siente o ha sentido la vergüenza por ser objeto de miradas asombradas y escandalizadas por la comunidad científica internacional, por la ignorancia que fomentan entre los ciudadanos, por la estafa social que significa su incompetencia, por la destrucción de un patrimonio colectivo que, aunque no lo crean, nadie se lo dejó para quedárselo y dilapidarlo, por no cumplir siquiera con las leyes que ellos mismos redactan”, estima Wulff.

¿PUEDE considerar un lector, malagueño o no, una buena noticia que hace pocos días la Junta de Andalucía haya decidido declarar zona arqueológica la desembocadura del río Algarrobo, incluyendo los yacimientos de Chorreras, Morro de Mezquitilla y la necrópolis de Trayamar?

EL que lo considere o no probablemente depende de un hecho tan simple como el que sepa de qué estamos hablando. En primer lugar, que sepa de qué se trata, qué yacimientos son ésos, qué significan. Las posibilidades de que no lo sepa son muy altas. Y aún son más altas las posibilidades de que no pueda ubicarlos en el mapa, no digamos ya de que no los haya visitado. Y podríamos decir lo mismo, o poco más, de los yacimientos fenicios cercanos de la desembocadura del Vélez (Toscanos, la necrópolis de Jardín…) o del ubicado en Cerro del Villar, en la desembocadura del Guadalhorce. Y no es culpa suya. Su desconocimiento, como el hecho no menos sangrante, y al que volveremos, de que el expediente de declaración de Bien de Interés Cultural para la zona señalada se iniciara en 1982, es el fruto de un conjunto de errores en cadena, de incompetencias, ignorancias e irresponsabilidad de toda una serie de instituciones y de personajes mantenidos durante decenios a cargo del dinero público.

LA importancia del patrimonio histórico o arqueológico de una zona no depende de su validez tumbasuniversal o, diríamos, de su carácter único, excepcional. Lo que el pasado lega en un lugar dado es parte de su historia, de lo que permite entenderlo mejor en los tiempos que fueron, de lo que sirve para ubicarse y sentirse parte de una trayectoria, del tiempo que nos precede y que, a cada segundo que pasa, nos engloba. Pero en este caso se añade el hecho de su importancia de alcance, sin exagerar, universal. Hasta los años sesenta del pasado siglo la presencia fenicia en la Península Ibérica era poco menos que una cuestión meramente literaria, un tema prácticamente remitible a vagas referencias en fuentes antiguas.

A partir de que el Instituto Arqueológico Alemán empezara a excavar los yacimientos fenicios de la costa malagueña la comunidad científica se asombra de la antigüedad (finales del IX a. C. o comienzos del VIII) de las ciudades, de su inusitada concentración, de la riqueza de los hallazgos y de las perspectivas que se abren. La posterior excavación de Cerro del Villar multiplica las expectativas. Y recientemente todo ello ha vuelto a ponerse en candelero con nuevos descubrimientos en la ciudad misma de Malaka, que atrasan su cronología, y, muy en particular y en los últimos tiempos han surgido dos sorpresas más: yacimientos de excepcional interés y antigüedad en la zona del aeropuerto y uno de los más antiguos e importantes hallazgos del otro lado del juego, los indígenas, encontrado en la Península Ibérica y sobre el que hablaremos en esta columna en otro momento.

NO hay por qué negar la importancia de otros lugares con restos fenicios en la Península -Cádiz con el Castillo de Doña Blanca, Almuñécar…- pero no hay ninguna zona que presente una concentración así de yacimientos y las últimas novedades multiplican la idea del componente clave de la zona malagueña no solamente en el contexto peninsular, sino en el conjunto del Mediterráneo. La llegada al occidente europeo de una cultura que atesoraba por entonces hallazgos y perspectivas de más de dos mil años de sociedades urbanas del próximo Oriente y Egipto tiene aquí una de sus claves principales. La comunidad científica internacional mira hacia esta costa para encontrar respuestas y formular nuevas preguntas.

NO es por tanto, sólo, el lector malagueño el que tendría que considerar esto una buena noticia, de saber algo sobre ellos o de haber podido visualizar algo de todo ello visitando los yacimientos. Supongamos que ha leído o que tiene alguna información y que decide visitarlos. Muy difícilmente podrá saber donde están Chorreras o Morro de Mezquitilla, si lo supiera trayamardifícilmente vería algo y, además, se quedaría asombrado de su estado, de la cantidad de edificaciones en la zona y de daños que han sufrido. Si se dirige a la necrópolis de Trayamar, al impresionante hipogeo que queda de ella, con suerte verá el pequeño cartel que indica dónde está y, con no menos suerte, se adentrará en un lugar carente de señales, de aparcamientos, de indicaciones sobre qué hacer. Vamos a suponer que llega y quiere entrar en la tumba. No podrá. Hará bien en preguntar, que siempre hay gente amable en el mundo, y se encontrará con el curioso sistema de acceso: se pide la llave en un lugar que, por supuesto no está señalizado, se coge, se quita el candado y se entra, muy  tranquilamente. Luego se devuelve. Quizás averigüe que es propiedad de la Iglesia y se pregunte cómo en medio de tantos millones de dinero público invertido en Málaga en restaurarle a la Iglesia Católica sus iglesias, y hasta alguna catedral, a nadie se le ha ocurrido solicitar que pase a propiedad pública, con o sin contrapartidas adicionales.

SUPONGAMOS que al intrépido lector no se le han quitado las ganas de seguir visitando yacimientos fenicios y decide seguir en dirección a Torre del Mar y Vélez -municipalidad de la que depende uno de los yacimientos anteriores y todos los de la desembocadura del Río de su nombre. Su impresión no será mucho mejor. Y quizás se entere también de que se está a la espera de una inminente declaración similar de zona arqueológica para ese espacio no menos privilegiado que lleva esperando el mismo tiempo. Claro que lo de “inminente” se tiene que volver a valorar desde esa enorme cantidad de años. ¿Tenemos valor para dejarle llegar a la desembocadura del Guadalhorce, a Cerro del Villar para que vuelva a no ver nada? Aunque ciertamente es mejor que llevarle a la tierra de nadie de los yacimientos sepultos en el Aeropuerto…

NO es para animar a nadie. Sí es como para hacerse preguntas. ¿Cómo es que las condiciones para visitar estos yacimientos son tan lamentables, e incluso inexistentes? ¿Cómo es que no hay centros de interpretación, no hay casi (en buena parte de los casos en absoluto) zonas visitables, y prácticamente no hay excavaciones? Vamos a suponer que nuestro visitante tiene la tentación de pensar que es un ciudadano, es decir, alguien con derechos y con derecho a pedir cuentas por lo que las instituciones y sus responsables políticos no hacen y deberían hacer. Y que, a lo mejor, pregunta qué institución es responsable y qué obligaciones tiene.

NO tenga duda en este caso: en primer lugar, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, y en segundo los ayuntamientos implicados (Algarrobo, Vélez, Málaga) No creo que sea patrimonio exclusivo de la Junta de Andalucía hacer leyes para no cumplirlas o reivindicar competencias que no es capaz de, o que carece de interés en, cubrir. Pero qué duda cabe que casi treinta años de PSOE(A) en las instituciones han convertido esta tendencia más o menos general en un exquisito ejemplo de habilidad que roza lo paranormal en su perfección. En este caso lo han hecho, sin duda, a un nivel paradigmático, muy extrapolable en realidad, con excepciones que en algún momento aclararemos, al conjunto de su tratamiento del patrimonio arqueológico andaluz y de las instituciones. La legislación es clara: su obligación es investigarlo, conservarlo y difundirlo poniéndolo en valor. Nada de esto se ha hecho. Hay casi treinta años de incompetencia, lo que tardaron los expedientes en cubrirse, más aún si consideramos las primeras excavaciones a finales de los sesenta, que han perjudicado enormemente el entorno de los yacimientos y a estos mismos al no posibilitar en todo este tiempo la protección que, por fin, tienen los de Algarrobo ahora y la que se espera para Vélez. Ni conservación, ni difusión, ni puesta en valor, destrucciones y pesadas cargas para el futuro, ése es su legado. 

¿ES un tema de incompetencia de la Delegación de Cultura de Málaga? No exclusivamente, mapa_feniciosaunque sea una Delegación que no deja de significarse en este aspecto respecto a buena parte de las andaluzas. Hay que mirar a los organismos centrales de la Junta. La única duda que queda, irresoluble, es si alguien en esas alturas vertiginosas siente o ha sentido la vergüenza por ser objeto de miradas asombradas y escandalizadas por la comunidad científica internacional, por la ignorancia que fomentan entre los ciudadanos, por la estafa social que significa su incompetencia, por la destrucción de un patrimonio colectivo que, aunque no lo crean, nadie se lo dejó para quedárselo y dilapidarlo, por no cumplir siquiera con las leyes que ellos mismos redactan.

ES cierto que no son los únicos responsables. No se puede olvidar al Ayuntamiento de Algarrobo, ni, muy particularmente, al de Vélez. Hace, diría yo, más de veinte años un muñidor de asuntos municipales casi perpetuo en Vélez, Antonio Souvirón, anunció, con la preceptiva foto en el diario Sur, la inminente puesta en valor de los yacimientos fenicios. Lo sé porque yo estaba en esa foto, es decir, que también a mí me engañó. El plan arqueológico directivo pendiente para la zona del Vélez (Playa Fenicia), ¿se aprobará por fin en ese Ayuntamiento en el que él ya no está? ¿Y qué decir del habitual baile de prima donnas entre la Junta y el Ayuntamiento de Málaga en el Cerro del Villar? 

ASÍ que la noticia de que la Junta de Andalucía haya decidido declarar zona arqueológica la desembocadura del río Algarrobo es efectivamente una buena noticia. Pero llevamos decenios de malas noticias producidas por el atraso de ésta, y de malas realidades llenas de incompetentes y, quizás, de algo más que de incompetentes. Y se han perdido irremediablemente restos, recursos, posibilidades de investigación, de puesta en valor como recurso patrimonial y turístico. ¿Se utilizará ahora para seguir no haciendo nada el argumento de las malas condiciones económicas presentes, como si cuando éstas eran otras hubieran hecho algo?

Y habiéndome referido a ellos ¿Cómo no acabar esta columna recordando a su contrapartida, a quienes han venido reclamando que las cosas fueran de otra manera? Extraños estos tiempos en que quienes exigen que se cumplan las leyes son temidos, despreciados y ninguneados por quienes deberían cumplirlas. Haber estado en más de una ocasión en sus menguadas filas es una de las pocas alegrías indiscutibles de décadas de señalar estos y otros errores y, qué duda cabe, horrores.