OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff Alonso
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

fernando_wulff.jpg12/09/11. Opinión. “El informe Pisa no ha hecho sino dar la razón a los profesores de Secundaria en lo que han vivido día a día y ha mostrado a las claras cómo el PSOE andaluz ha conseguido que una de las zonas peores de España en éste y otros sentidos cuando accedieron al poder...
OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff Alonso
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

fernando_wulff.jpg12/09/11. Opinión. “El informe Pisa no ha hecho sino dar la razón a los profesores de Secundaria en lo que han vivido día a día y ha mostrado a las claras cómo el PSOE andaluz ha conseguido que una de las zonas peores de España en éste y otros sentidos cuando accedieron al poder, avance gloriosamente hasta estar entre las peores de toda Europa y por debajo de la media de la OCDE. Tras treinta años de monopolio, todo lo ocurrido es su pura responsabilidad, sin paliativos”. Fernando Wulff inaugura su temporada de colaboraciones en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, con un demoledor artículo sobre el estado de la educación en Andalucía y la responsabilidad directa de políticos, sindicatos y “pedagogos”.

“Maestro: te voy a restregar el aprobado por las narices”

LA frase que encabeza este artículo la pronunció a final de este curso un alumno de un centro público de Málaga a quien me habla, profesor de lengua y literatura, de cincuenta y seis años, amigo mío desde hace mucho tiempo, al que vi entrar con ilusión a dar clase en un Instituto hace más de treinta años y que me ha llamado para celebrar que ha ganado una plaza que le va a permitir no volver a dar clase a niños y adolescentes en lo que le queda de vida laboral.

POSIBLEMENTE una fecunda aproximación al estado de la enseñanza pública en general, y en Andalucía en particular, podría partir no ya de la existencia de este niño, sino de su normalidad, de que mi amigo se guarde muy mucho de tomar ninguna medida ante esto, de su plena conciencia de que no serviría para nada, excepto quizás para perjudicarle. Ese muchacho y los que son como él, marcarán la clase en la que están durante todo su período de escolaridad, período en el cual se les permitirá avanzar, por supuesto, curso tras curso, no importa su ignorancia, o su chulería.

EL tono de desánimo y de desilusión con el que mi amigo habla de todo lo que se refiere a su trabajo no es precisamente excepcional. Lo que me cuenta –en síntesis: cómo durante estos años se ha conseguido una degradación sin precedentes de la enseñanza pública- es lo que me cuentan todos los profesores de Secundaria que conozco, parientes, amigos, conocidos. Y llevan mucho tiempo haciéndolo. También a ellos les han matado buena parte de sus ilusiones, también ellos se lamentan del descenso en todos los niveles, incluyendo, por supuesto, los propios resultados, y del nivel de ignorancia de los alumnos de Secundaria –y no digamos ya de los de primaria- sobre las cosas más elementales, algo que, por otra parte, es bien perceptible cuando llegan a la Universidad.

¿SORPRENDE que los políticos que nos gobiernan hayan hecho caso omiso de sus aulapercepciones durante todo este tiempo y que, muy al contrario, hayan cantado las excelencias del sistema que han pergeñado? Pero la realidad se ha impuesto. El informe Pisa no ha hecho sino dar la razón a los profesores de Secundaria en lo que han vivido día a día y ha mostrado a las claras cómo el PSOE andaluz ha conseguido que una de las zonas peores de España en éste y otros sentidos cuando accedieron al poder avance gloriosamente hasta estar entre las peores de toda Europa y por debajo de la media de la OCDE. Tras treinta años de monopolio, todo lo ocurrido es su pura responsabilidad, sin paliativos.

ANTES de seguir me parece fundamental señalar que hablo de fracaso y no de mala voluntad: no creo que ni esta parte ni ninguna otra de su proceso sistemático de destrucción de la función pública sea resultado de un plan. Y no porque no les considere moralmente capaces de tener una perspectiva así, sino porque, entre otras cosas, y lo digo sin cinismo alguno, no les creo capaces ni siquiera de tener un plan consecuente. No nos queda el consuelo, o la tranquilidad, de que tratamos con malvados inteligentes. Tampoco creo que un factor que nunca hay que descartar en las Sociedades Limitadas para la Explotación de lo Público (SLEP) hispanas, ni en el PSOE en concreto, y no digamos ya en el andaluz, la pura corrupción económica, sea verdaderamente importante a la hora de provocar ni ese fracaso ni la propia degradación del sistema educativo. Es decir, no creo que el tema esencial sea que escondan ni un plan ni una corrupción económica generalizada, masiva y paralizante.

LA primera pregunta es cómo y con qué complicidades han podido llegar hasta aquí, acumular tantos errores y, además, montar su particular bloque histórico de cómplices, los que han aportado los argumentos y las redes que han provocado todo esto. Y la segunda es quiénes han contribuido también a ocultar el hecho de que hay dos protagonistas en el sistema escolar, profesores y alumnos, y que los primeros, es decir, aquéllos a quienes la sociedad forma y paga para conducirlo, llevan años señalando ese fracaso, años desilusionándose y percibiendo el final del sueño democrático de una enseñanza pública digna y generadora de ciudadanos cultos y responsables, de un mundo escolar en el que ese niño de trece años que amenaza impunemente con restregarle el aprobado por las narices a su profesor no sería siquiera imaginable.

NO hablo de preguntas retóricas, sino inmediatas, concretas. ¿Hay algún colectivo capaz de pretenderse capaz de definir, él solo, el conjunto del sistema escolar y de sus objetivos, de hacerlo catastróficamente y, a la vez, de negar durante años la evidencia de la degradación general y la mediocridad en los resultados, de culpabilizar a los profesores hasta de sus críticas, de ofrecer argumentos simples para uso de políticos, esto es, de aportar buenas frases vacías que, como las de ellos, no hagan sino esconder su vacuidad, y hasta de disfrazar todo ello de progresismo?

NATURALMENTE que lo hay: los pedagogos.

TENGO el convencimiento de que hay un momento de degradación del pensamiento occidental que tiene que ver con ellos. La pedagogía en un sentido estricto no es más que un saber destinado a ofrecer técnicas para enseñar, o sea, de cómo enseñar; en cierta forma es un modelo, si se me permite, de manipulación positiva, dirigido a encontrar las formas para que el saber y el conocimiento sean enseñados por los docentes de la mejor manera y de acuerdo con las condiciones de quienes lo reciben. Los pedagogos que se limitan a esto no cruzan la barrera de lo respetable y son, sencillamente, imprescindibles si se quiere hacer las cosas bien. Pero hubo un momento en el que se produjo un tránsito por el que se posibilitó que se dieran el conjunto de errores señalados en el párrafo precedente: en un ejemplo de manual de ignorancia y de pura voluntad de poder se cambió el orden de las cosas, se generó un modelo de manipulación negativa por el cual los pedagogos (estos pedagogos) explicarían qué y cómo enseñar en todos los niveles, en el conjunto del sistema educativo y hasta en cada conocimiento específico, incluyendo aquéllos de los que puedan ser absolutamente ignorantes.

SU confluencia con los manipuladores por excelencia –los SLEP- era de prever. La vacuidad de sus discursos, lógica en una actividad tan cargada de la pretensión de la omnisciencia, cuadraba perfectamente con la vacuidad del discurso de los políticos y con ese juego entre lo totalizante y lo totalitario que les caracteriza. La ridícula, costosa e inútil inundación de burocracia con que se asola los centros de enseñanza –y que va llegando a la Universidad- es, por cierto, el otro lado de esa inanidad aplicada. Y era igualmente lógica su confluencia con los otros grandes manipuladores del sistema, los otros colectivos de falsos representantes, los sindicatos mayoritarios, en España Comisiones Obreras y UGT. Por citar otra vez a Andalucía: faltan buenos estudios de los maestros de UGT y sus destinos en lo universal, incluyendo una inspección educativa para la que la palabra “manipulación” resulta benévola hasta lo ridículo. Algunos han llevado su nivel de incompetencia hasta lo más alto de las prebendas al alcance de su SLEP.

ES un problema general, sin duda, y con enorme impacto en buena parte de Europa y América. Pero en España resulta especialmente grave y no por casualidad. Y en Andalucía lo es en particular –ésta es mi hipótesis- porque nos contemplan treinta años de confluencia, ya del todo clientelar, de gentes pertenecientes a los tres grupos citados, con una capacidad que tampoco es nada casual de entremezclarse entre ellos y medrar a costa de lo público y de su degradación.

informe_pisaCOMO esto puede ser muy abstracto, permítaseme acabar poniendo tres ejemplos, todos referidos a Andalucía, centrados alrededor de una de sus elaboraciones más ridículas y más peligrosas: la dicotomía entre forma y contenido, entre el saber y su enseñanza. No son nada comparados con otros muchos posibles, incluyendo las historias para no dormir generadas, por ejemplo, por el binomio de determinados padres de alumnos e inspectores, pero son cuestiones de las que he sido personalmente testigo y, a la vez, apunta a las redes de complicidad de las que venimos hablando.

UNO: hay planes de estudio para profesores de Primaria con asignaturas de “didáctica de la enseñanza” dirigidas a materias en las que no consta ninguna asignatura dedicada de verdad a enseñarla y de las que sus alumnos no tienen ninguna formación previa. La pregunta de cómo se puede enseñar la didáctica de algo que se desconoce carece de respuesta lógica, pero podría dar lugar a largos volúmenes en el patois pedagógico. ¿Qué maestros se forman así?

DOS: un profesor de secundaria renuncia finalmente a hacer una tesis doctoral conmigo porque advierte que el conjunto de puntos que consigue tras cuatro o cinco años de trabajo formándose como investigador valen menos que, digamos, un par de cursos de didáctica –e incluso de bailes regionales- impartidos por los sindicatos. Dentro de este “Dos” otra sub-historia: un compañero de la universidad asiste a una reunión sindical y sus compañeros –por supuesto, miembros de ese subcolectivo de neo-desertores del arado que son los liberados sindicales- de secundaria le piden que firme un papel que probaría que ha asistido a un curso hecho por la misma organización sindical y que, por supuesto, nunca se celebraría (pero que sí se financió con dinero público).

Y Tres: una brillante alumna mía saca un 9’8 sobre 10 en el primer ejercicio de un oposición para profesor de Secundaria; en el segundo –que borda- le dan un cero; el problema es que el presidente (nombrado, por supuesto, por la Consejería de Educación) ha recibido la orden de aprobar a profesores interinos con exclusividad. Aprobar interinos es una parte esencial, por cierto, de los acuerdos con los sindicatos y la política al respecto ha distinguido también, para mal, a la Comunidad Andaluza. Cuando ella reclama, el presidente le argumenta con toda seriedad que su nivel es excesivo, que su demostración de conocimiento merece un cero. La convocatoria excluye, siguiendo tónicas también generalizadas, toda posibilidad de defensa. Con ayuda de la Doctrina Pedagógica a ella le enseñaron de qué iba la cosa y, muy en particular, le restregaron el suspenso por las narices.

¿CELEBRARÁ también mi amigo alguna vez que se ha librado para siempre en lo que le quede de vida laboral de todos estos destructores de la enseñanza y de la función pública y, con ellos, del SLEP que les alienta y cobija? Se parte de risa cuando comenta cómo ellos, precisamente ellos, andan esgrimiendo el fantasma de la amenaza de la degradación de la enseñanza y la función pública ante el terror de perder sus prebendas en las próximas elecciones.

P. D. Quisiera dedicar este artículo a un pedagogo de verdad, fallecido recientemente: a mi compañero y amigo José Manuel Esteve Zaragaza in memoriam.

PUEDE ver aquí anteriores colaboraciones de Fernando Wulff:
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