OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff Alonso
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

fernando_wulff.jpg24/07/12. Opinión. “No soy yo, sino la propia Wikipedia quien afirma respecto a este último que Muchos políticos, analistas políticos y académicos ven en el Senado una cámara que no ejerce en la práctica una función útil. Si efectivamente no cumple ni una sola función útil para los ciudadanos, ¿es, sencillamente, decente, ser senador? Hablamos de sueldos que ellos mismos se ponen, de privilegios económicos y no económicos desmesurados, de personal de confianza

de los que desconfiar, de traductores innecesarios y de mucho más, de millones de euros tirados a la basura en términos de intereses colectivos, pero no del mantenimiento de las huestes privilegiadas de los SLEP (Sociedades Limitadas para La Explotación de lo Público). ¿Puede haber una definición mejor de lo parasitario? La pregunta desborda, de nuevo, lo individual, no es si se puede acabar con el Senado, sino si se puede no acabar con él. La pregunta es si se creen que pueden mantener esta estafa social legal, como tantas otras, en medio no sólo de lo que está cayendo, sino de lo que ellos mismos nos están tirando encima”. Fernando Wulff recurre a Luciano de Samosata en esta colaboración con EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com para no olvidar que no somos ellos, “amamos la verdad, la belleza y la sencillez, no les dejemos tanta presencia en nuestras cabezas que nos lo hagan olvidar. Si no, ¿cómo podríamos construir un mundo en el que gentes así y organizaciones así sean sencillamente impensables?”.

Senadores y estafadores o la verdad finalmente desvelada. Con una nota consoladora de Samosata

SI
no recuerdo mal, el más breve juicio de la historia se celebró en Atenas y fue así: se trataba de un centinela durante cuya guardia se había producido una irrupción del enemigo con muertes. El acusador se limitó a decir: si estaba despierto y no dio la alarma, era un traidor y merece morir, y si estaba dormido, incumplió con su obligación, dejó pasar al enemigo y merece igualmente morir. La condena no se hizo esperar.

DE todas las catástrofes económicas y sociales que estamos viviendo pocas me impresionan tanto como la pretensión de los partidos, y muy en particular de quienes han detentado el gobierno de España y de las Autonomías, de echarse la culpa unos a otros, como si pretendieran, otra vez, que nos creyéramos ese juego ridículo. Engolan la voz, se dedican miradas aviesas, y nos miran de reojo convencidos de que, sencillamente, somos tan estúpidos como para creernos su juego, como si el problema no fuera precisamente el juego mismo, no si alguno de ellos enroca o se come un peón.

LOS ciudadanos, precisamente las víctimas de todo esto, somos también aquéllos a quienes han privado de todo control de lo público, reduciendo nuestra soberanía a un ridículo voto cada cuatro años. Después de despojarnos de posibilidades reales de decisión, convenciendo a todos de que la democracia consiste en entregar la soberanía a sus Sociedades Limitadas para la Explotación de lo Público (SLEP), blindadas legalmente por ellos mismos de mil maneras, convertidas en sociedades monopolistas, financiadas con nuestro dinero abierta y ocultamente, después de convertirlas en agencias de colocación de todo tipo de personajes siniestros y diestros en la explotación de la función pública y el Estado ad maiorem gloriam de ese monopolio suyo ¿Pretenden que no los consideremos globalmente culpables de lo ocurrido, a ellos y al sistema que han construido y degradado, por traición, dejación o sencillamente estupidez? ¿Cuánto tiempo creen que necesita un ciudadano para juzgarles?

senado

¿SON conscientes de verdad de que el tema desborda incluso las estadísticas que demuestran que los ciudadanos consideramos a los políticos uno de los grupos más despreciables y menos fiables de la sociedad, y los culpables directos del problema, es decir, parte del problema y por tanto no de la solución?

SORPRENDE que no sea así, porque pocas cosas se repiten más que esto. Es difícil ser más duro o más insultante que la media de lo que se dice o lo que se escribe. Mientras ellos se desgañitan y representan sus desmañados papeles, parecen no darse cuenta de que la crudeza de la realidad impide que este análisis se refiera sólo a ellos individualmente y a su eventual moralidad o competencia individual.

EL problema real, el gran tapado, el sujeto oculto, son sus mismas SLEP, las muchas y variadas maneras con las que los alimentan a costa de lo público y del dinero público, los multiplican con amigos, parientes y cómplices, y su esencial incompatibilidad con los intereses de la sociedad a la que parasitan. ¿Por cuánto tiempo piensan que se puede sostener la pretensión ridícula de que son entidades angélicas y salvíficas en vez de ser lo que son, puros organismos para hacerse con el poder? ¿No son conscientes, por ejemplo, de lo que ellos mismos nos muestran cuando se disputan la hegemonía en sus Sociedades Limitadas y nos dejan ver en toda su crudeza la ausencia de otra cosa que no sea poder y ambición, el más descarnado deseo de copar cargos en ellas para poder dar el salto a su verdadera presa, los dineros y los cargos públicos con los que nos saquean? 

CUANDO que el país entero paga lo que han hecho ¿piensan que puede no estar sometido a escrutinio cada paso que dan, o que no dan, sus Sociedades Limitadas y que los juicios a los que le somete la ciudadanía van a quedar limitados a sus ceremonias de la confusión y a sus intentos de exculpación? Porque ahora está en juego lo que todos ellos y uno por uno han hecho ilegalmente, paralegalmente y hasta legalmente. Lo que está en juego es su desvergüenza y, por supuesto, su vergüenza. Cuando ellos estrechan el cinturón al país para hacerle pagar una incompetencia, venalidad y arrogancia que es solamente suya, ¿creen, por ejemplo, que pueden seguir sin más con ese juego suyo tan bien representado por yacimientos de empleo (para ellos) parasitario como las Diputaciones o el Senado?

NO soy yo, sino la propia Wikipedia quien afirma respecto a este último que Muchos políticos, analistas políticos y académicos ven en el Senado una cámara que no ejerce en la práctica una función útil. Si efectivamente no cumple ni una sola función útil para los ciudadanos, ¿es, sencillamente, decente, ser senador? Hablamos de sueldos que ellos mismos se ponen, de privilegios económicos y no económicos desmesurados, de personal de confianza de los que desconfiar, de traductores innecesarios y de mucho más, de millones de euros tirados a la basura en términos de intereses colectivos, pero no del mantenimiento de las huestes privilegiadas de los SLEP. ¿Puede haber una definición mejor de lo parasitario? La pregunta desborda, de nuevo, lo individual, no es si se puede acabar con el Senado, sino si se puede no acabar con él. La pregunta es si se creen que pueden mantener esta estafa social legal, como tantas otras, en medio no sólo de lo que está cayendo, sino de lo que ellos mismos nos están tirando encima.

luciano_samosataESTÁN bajo sospecha como individuos y como organizaciones. Y la pregunta ya no es sólo la de sus financiaciones ilegales y sus estafas individuales, ni siquiera la de sus sueldos, pensiones, mantenidos y mantenidas, sino que se extiende a muchas otras cosas, empezando por esos SLEPS que han desbordado de parásitos al conjunto del Estado, y continuando por la inevitable: qué política de políticos (y más de estos políticos) no es una estafa en sí misma.

PERO para no olvidar que si ellos son así, nosotros no, es bueno recordar a mi amigo, mi contemporáneo, Luciano de Samosata, cuando habla por medio de un personaje, Parresides, al que Filosofía le pregunta qué sabe hacer:

- Odio la fatuidad, odio la impertinencia, odio la mentira y odio el engreimiento y odio toda esa clase de lacras propias de hombres miserables que, por cierto, según sabes, son muy numerosos.

Y Filosofía le dice:

- ¡Por Heracles! Tu especialidad está cargada de odio.

A lo que él responde:

- Bien dices. Ya ves en cuántos berenjenales me veo metido por causa de ella. Pero aguarda, que yo también conozco con todo detalle su contrario. Me refiero a la técnica que hunde sus raíces en el amor. Amo la verdad, amo la belleza y la sencillez y todo lo que es connatural al amor. Lo que pasa es que muy pocos se hacen acreedores a esa especialidad, en cambio los que se gobiernan por la contraria y son muy proclives al odio se cuentan por millares. Desde luego, corro el riesgo de olvidar la una por falta de práctica y dominar a la perfección la otra.

NO lo olvidemos: no somos ellos, amamos la verdad, la belleza y la sencillez, no les dejemos tanta presencia en nuestras cabezas que nos lo hagan olvidar. Si no, ¿cómo podríamos construir un mundo en el que gentes así y organizaciones así sean sencillamente impensables?

NOTA: El texto de Luciano de Samosata es el de la traducción de su obra  El Pescador o los Resucitados, en Editorial Gredos, Madrid, 1988, p. 8-9 hecha, y muy bien hecha, por José Luis Navarro González.

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