OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga

23/09/13. Opinión. “Hay dos tipos de estudiosos, los que cuando advierten el riesgo de quedarse sin objeto de estudio se ponen sistemáticos y los que se van de copas. Yo soy de los que se ponen sistemáticos”. Fernando Wulff, catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Málaga, clasifica a los militantes del PSOE en tres generaciones, “la de los falsos opositores al franquismo”, “la de los falsos socialdemócratas” y “la de los Hijos e Hijas del Aparato”, en su columna para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com.

 

Mis divisiones del PSOE y otros asuntos carcelarios

LOS dirigentes del PSOE -da igual si el más o menos A o el más o menos B o C- admiten una primera división, aquellos a los que visitaría en la cárcel y a los que no. Como esta frase puede resultar levemente inquietante en términos de (mi) reputación, aclaro: me refiero a una visita por razones estrictamente profesionales, por ejemplo, porque les diera por cursar una carrera universitaria. Bien visto, el que eligieran una asignatura mía ya les situaría en un camino bien diferente al acostumbrado, permitiría vislumbrar una esperanza en lo suyo: yo no les regalaría la matrícula, ni siquiera el aprobado.

HAY dos tipos de estudiosos, los que cuando advierten el riesgo de quedarse sin objeto de estudio se ponen sistemáticos y los que se van de copas. Yo soy de los que se ponen sistemáticos, en síntesis, que, para aclararme, clasifico.

LAS gentes del PSOE se dividen (1) en tres generaciones: a) la de los falsos opositores al franquismo, b) la de los falsos socialdemócratas y c) la de los Hijos e Hijas del Aparato.

A) Los primeros eran impostores que empezaron urdiendo tramas en el propio PSOE para hacerse con el poder y continuaron haciéndose pasar por opositores activos al franquismo para conseguir beneficiarse de tanta muerte y asesinato de quienes de verdad lucharon contra el régimen.

B) Y, apuntando, apuntando, depurando, depurando, montaron la siguiente generación, la de los falsos socialdemócratas. Cuando ganaron su primera batalla en el año de gracia de 1982 convocaron a su grey. Juntos, a la vez que montaban su Sociedad Limitada para la Explotación de lo Público (SLEP) inflando prebendas, mesnadas y mesnaderos, intentaron por todos los medios (todos) montar el Estado y los Estaditos que se iban inventando a su imagen y semejanza. La sociedad, nosotros, fuimos su nicho ecológico. Esta segunda generación se divide en dos, los que creían que iban a hacer otra cosa y los que no. Los primeros se dividen en dos: los que  se quedaron a pesar de todo, y los que se fueron. Los que se fueron se dividen en dos: unos veinte o así, que se asquearon, y los que se fueron porque no pillaron cacho. Los que se quedaron a pesar de todo pronto supieron que no iban a hacer otra cosa que lo que hacían y se confundieron con los primeros con ejemplar presteza.

LA tercera generación (c), los Hijos y las Hijas del Aparato-Aparata, no se dividen. Son gentes que nunca se han ganado la vida honradamente, criados por los otros dos grupos pero ya claramente con el poder y el aparato por delante, por tanto, especialistas literalmente natos en el navajeo y el lleva-maletismo, y que están convencidos –porque no saben nada ni conocen nada- que basta su deformada y miserable, pero fácil y rentable, experiencia en el medrar en su perversa SLEP para gobernar el Estado y dirigir la sociedad. Para ellos hacer política es, aparte de vivir de la política, tejer tramas de complicidades. No saben nada de lo que tienen que saber, porque han aprendido de sus predecesores y mentores solo una cosa: todo lo que tenían que saber para estar donde están. Muchos de ellos están convencidos, por ejemplo, de que la palabra concusión se refiere a un esguince de rodilla.

MI tarea es casi desesperada: elegir entre pícaros más o menos carismáticos, entre insignes, y frecuentemente rencorosas, mediocridades, y entre nulidades autosatisfechas criadas en el cruce de navajas por un solo poder. Hay que reconocer que alguno de los primeros presenta, por lo menos, rasgos distintivos. ¿Visitaría en la cárcel al inefable Alfredo Rubalcaba, ese hombre cuya condición de dirigente del más alto nivel nadie puede poner en duda después de haberse paseado entre abrazos, triunfante, por en medio de los miembros del Congreso de su SLEP cuando lo eligió para la siguiente prebenda, sin echarse en ningún momento, ni siquiera al final, la mano a la cartera? Confieso que tengo debilidad por los aparatchik, saben cosas, aunque sean puras historias de la infamia.

DE nuevo, ante la duda: clasificaciones. Hay quien decía que la diferencia entre los partidos llamados socialistas y las gentes de la derecha no vergonzante (Centro-derecha se le llama ahora) es que los primeros tienen que mentir más. Me gustaría poder clasificar a las gentes del PSOE entre los que mienten y los que no mienten (2), pero no: desde el punto de vista más, digamos, conceptual, se dividen entre los que saben de lo que no hablan y los que no saben de lo que hablan. Basta una imagen para entender lo imprescindible de la mentira en sus palabras: el PSOE acusando al PP de financiación ilegal. Así que me encantaría poder dividirlos, por lo menos, entre los que mienten bien y entre los que no mienten bien. Imposible la tarea ante sus imposibles ademanes, sus imposibles vestimentas y sus no menos imposibles retóricas (por llamar a las cosas por su verdadero eufemismo). Un profesor mío del bachiller en la enseñanza pública (antes de que el PSOE hubiera contribuido tanto a destruirla, claro) me contó que en su pueblo había un tipo al que se llegaban sus habitantes y le preguntaban por una palabra difícil; entonces, él engolaba la voz, erguía el pecho y respondía mirando de través: ¡gimnasia! Los chicos del PSOE cuando quieren buscar modelos de expresividad radicales y profundos se aflojan la corbata, dicen gimnasia y ponen cara aviesa. Las chicas, igual, pero tienden más al tono didáctico-pedagógico, unas se aflojan la permanente y otras le dicen a su peluquera de servicio que las despeinen, dentro de un orden. Por cierto, cuánto agradezco al señor Rodríguez Zapatero –miembro algo retrasado de la generación segunda- que hablara tanto de pedagogía política y pusiera el tono correspondiente: nadie podía haber desprestigiado más las prácticas generalmente nefastas de los políticos y de los pedagogos. Lástima que no hablara de psicopedagogía política. Aún así, tampoco a él lo visitaría en la cárcel, porque la única duda que tengo –si es más malo como político, como pensador o como persona- no me la iba a resolver una conversación con él con reja de por medio.

A propósito, qué gran tema para indagar: las divisiones de género -en particular masculino y femenino- (3). ¿Distinguiría entre unos y otras/otros y unas a la hora de visitarlos/as en la cárcel? Si ser del PSOE significa no tener que decir nunca “lo siento”, ser mujer en el PSOE significa más posibilidades de acceder a cargos –para eso les sirven las cuotas- y otro ámbito que subordinar a sus ambiciones. La primera generación del PSOE se fijó como meta acabar con los movimientos populares de la transición y reconducirlo todo por los caminos de las burocracias (políticas, sindicales…), la segunda y la tercera se propusieron absorber y utilizar el feminismo. Por suerte, la sociedad y las mujeres están por encima de un mundo que culmina en Leire Pajín, más exactamente, en la Leirepajinische Weltanschauung, o Concepción del Mundo Leirepajínica: tercera generación pura y dura. Pocas visitables por esos caminos: gentes ignorantísimas, predicadoras de la lengua políticamente correcta que usan los genitales masculinos para expresar su voluntad decidida de hacer en el nicho ecológico en el que nos parasitan lo que les viene en gana con los cargos públicos y con sus incompetentes amistades en ellos.

TRAS las divisiones generacionales y de género, ¿qué ocurriría con las divisiones geográfico-territoriales (4)? La división del PSOE en ese terreno (nunca mejor dicho) se impone: aquellos lugares donde el PSOE ha tenido que alternar sus prestaciones de servicios con otras SLEP, y los que han disfrutado de treinta años de ellos ininterrumpidamente. O sea: Andalucía por un lado, y todos los demás por el otro.

VIVIR en Andalucía reduce, por un lado, en gran medida mi información sobre cargos socialistas de otros lugares y no hace las cosas fáciles para una elección reposada si uno aplica el principio bíblico de “por sus obras los conoceréis”. La duda más frecuente en Andalucía es si hacen lo que hacen a) por idiotas o b) por malos, la vertiente paranoica y la realista, digamos, si bien la respuesta sería la mezcla de las dos y otra más sociológica: c) la confluencia de las necesidades de su SLEP, de su condición de PRI light, con la espesa red de complicidades, connivencias y conchabanzas (gran palabra) con los poderes económicos, a los que han respetado siempre, los poderes sindicales que han aupado y co-apoyado, los poderes mediáticos, y los poderes fácticos de toda la vida, mezclada con la exigencia de demagogia propia de sus edades y condiciones. Alguien dijo que el monopolio del poder produce tales efectos: es cierto también, pero siempre sin olvidar que el monopolio del poder hace que ellos se traten sólo entre ellos mismos (¿se imaginan el horror?).

LO que ocurre en Andalucía es como lo que ocurre en todas partes, pero con toda crudeza. Eso les condena a la visibilidad, sí, pero a la in-visitabilidad también. Como es muy difícil que a un mundo así se acerquen quienes reúnan la triple condición de ser decentes, inteligentes y capaces, ellos son lo que y quiénes son. Tenderán a acercárseles quienes son como ellos: arrogantes, vengativos y mediocres. No son casuales sus nutridas filas de incompetentes, comisionistas, ambiciosos sin fondo y explotadores sistemáticos de la res publica a través de la Cosa Suya.  Estamos hablando de desvergonzados que afirman defender lo público, pero que hacen que la Junta elimine 16.343 empleados, mientras mantienen cerca de 3000 puestos de libre designación con sueldos impresionantes que pagarían muy sobradamente a todos los despedidos.

GENTES así son muy poco visitables, en la cárcel o en cualquier otro sitio. Por ejemplo, yo no visitaría a ninguno de los responsables de boicotear sistemáticamente a Carlos Cano después de cantar su desvergüenza en el tema de la OTAN, en 1986: Me han dicho que han puesto en Madrid/ Un despacho de mucho postín/ Colócanos, colócanos, ay, por tu madre, colócanos./ Colócanos, colócanos, ay, Piti, colócanos/ Ay Felipe de la OTAN, cataflota verygüel/ Llegarás a ser un gran torero como Velázquez y Gregory Peck. Casi treinta años nos contemplan y desde sus despachos de aquí, no de allí.

¿ALGUIEN ha escuchado a las cumbres cósmicas de la patria andaluza, Chávez y Griñán, decir algo inteligente, profundo, ilusionador, dejando a un lado la astucia (que no inteligencia) de agitar permanentemente el miedo al PP? Ni siquiera cumbres de los ingenios como el antiguo President José Montilla les hacen palidecer en sus impresionantes méritos. Típicos hijos de la primera y segunda generación, qué peligrosos, y más en la cárcel, deben ser gentes como ellos capaces de traicionar los valores democráticos más fundamentales sin inmutarse, ignorando, o haciendo que ignoran que se delegan funciones, pero nunca responsabilidades, que el superior que debe saber e ignora es tan responsable –y casi tan culpable- como el que sabe y se beneficia. Y luego piensan que el problema es si ellos han robado o no: nos han arrebatado muchísimo más que si fueran sencillamente ladrones.

EN ningún sitio como en Andalucía las cosas son tan obvias. A la hora de elegir candidatos, por ejemplo, les resulta difícil distinguir entre a) los miembros del PSOE (A) que emiten lenguaje articulado y disfrutan de la ventaja evolutiva del pulgar oponible y b) los que no. Y cuando eligen, finalmente a un b), se enfrentan a nuevas complicaciones.  D’ Annunzio fulminó a Marinetti con una frase: Imbecile fosforescente. El problema es que se puede ser imbecile y se puede ser imbecile fosforescente y se puede no ser imbecile, pero hace falta aparentar –por lo menos aparentar- ser algo más que fosforecente para ser creíble, y más cuando se pertenece a una organización tan conocida, para mal, como la suya.

¿HAY algo que haga visitable a la flamante Presidenta, nunca elegida, de la Junta de Andalucía, Susana Díaz? Tiene en contra muchas clasificaciones que la dejan fuera de cualquier selección deseable, y su propia vida política que es, como corresponde, nada política y del todo poderítica. Ejemplo característico de la tercera generación, esta Hija del Aparato nunca se ha ganado la vida fuera de su SLEP y ostenta el deplorable cursus horrorum (que no honorum) que cabe esperar para que no le falte de ná: concejala en Sevilla con 25 añitos, ocupante de diversos cargos orgánicos, desde el criadero de las Juventudes Socialistas en adelante, Secretaria de todo lo Secretariable, miembra del comité federal, diputada en el parlamento andaluz. Habiendo sido Senadora, sólo le falta haber sido parte integrante de una Diputación para apurar el vino hasta las heces. Purita voluntad de poder en el seno de un purito organismo de poder. ¿Dirá ella, para variar, algo inteligente o profundo? ¿Llegará ella, a pesar de todo, a vislumbrar lo que significa ser un gobernante, un estadista, se interesará alguna vez por el bien común, sabe lo que es? No voy a ser yo, en todo caso, quien lo compruebe en una visita a la cárcel, que no ya es que sea doblemente hipotética, es que es cuádruplemente imposible. Uno tiene no sólo una reputación que guardar, sino poco tiempo que perder en causas que imagina, con la evidencia empírica en la mano, perdidas. Con todo, ya dijo Eurípides que el hombre superior es el que siempre es fiel a la esperanza. Yo lo intento continuamente pero, la verdad, le pongo mucho los cuernos.

NI siquiera la aproximación sistemática y analítica parece ayudarme en mi hipotética visita a dirigentes del PSOE en la cárcel. No se puede decir que no haya emprendido una búsqueda casi desesperada de criterios para hacerlo: por generaciones, habilidades discursivas, género y hasta territorio. Como en esto no le quiero poner los cuernos a la esperanza, creo que va a ser mejor que me vaya de copas.

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