OPINIÓN. Pasados presentes. Por Fernando Wulff Alonso
Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga


27/12/13. Opinión. El historiador recuerda tres casos de quienes ostentaron el poder y perdieron la legitimidad. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com comparte con sus lectores la nueva colaboración del catedrático de la Universidad de Málaga, Fernando Wulff, que realiza una reflexión “no casual” en la que también advierte: “Es un error pensar que éste es un problema de España, es general, como lo son el nivel de descrédito del sistema y de desprecio social hacia los políticos”.

Notas sobre crisis de legitimidad. Una reflexión no casual desde el postfranquismo y la neo-democracia

¿SOMOS capaces de entender lo que significa el hundimiento público de un siniestro engaño, la crisis última de legitimidad de un poder que cae derribado, como si se hiciera visible, final y dramáticamente su vaguedad, su vanidad, los tenues lazos que lo sostienen?

TRES
desvelos pueden ser vistos por todos en sus correspondientes imágenes en Internet. El 9 de junio de 1954 el poderosísimo senador McCarthy, en plena caza de brujas, busca nuevas víctimas de sus fantasías paranoides, esta vez en el seno del ejército americano. El escenario está preparado para su triunfo: una mesa en la que, con sus papeles delante, despliega su papel de gran juez del mundo, de perseguidor del mal. Es la sesión treinta, y ya en otras previas McCarthy había aprovechado para atacar y seguir atacando a Fred Fisher, uno de los jóvenes abogados que acompañan al abogado principal del bufete que asesora al ejército, J. N. Welch, por su pertenencia juvenil a una asociación de abogados , la Lawyers Guild, acusada, cómo no, de comunista. Ahora incide una vez más en la herida. Para entonces ya Fisher y el muy veterano Dench habían acordado que Fisher dejara el caso. Harto ya –las imágenes son elocuentes- Dench recrimina a MacCarthy su crueldad, su innecesaria insistencia, le habla de la cicatriz que dejará para siempre en el muchacho. Y cuando MacCarthy pretende continuar con la misma cantinela, le interrumpe y le dice que si no puede dejar ya el tema. McCarthy vuelve a la a la carga, y Welch, sin alterarse y firmemente, le corta y le dice: “Senador, ¿no podemos ya dejarlo? Sabemos que perteneció a la Lawyers Guild. No sigamos asesinando al muchacho, senador. Bastante ha hecho usted ya. ¿No tiene ningún sentido de la decencia? Finalmente ¿es que no le queda ningún sentido de la decencia?”.

EL
intento de seguir con el tema lleva a Dench a acabar diciéndole a MacCarthy que se niega a seguir hablando, que haga lo que quiera, que se acabó. Su silencio final fue el remate de ese momento crucial, que se extendió por los Estados Unidos gracias a la filmación que hoy podemos ver en la Red, y que marcó en gran medida el final de McCarthy y de sus persecuciones. Un hombre honesto desmontó en segundos la intrínseca insensatez y maldad de un sistema persecutorio y cruel, de su escenario de pretendida justicia.

EL
25 de abril de 1988 un canal de televisión chileno da la palabra a los miembros del Partido por la Democracia para opinar sobre el Plebiscito organizado por el General y Dictador Augusto Pinochet. Éste pretende dar cobertura legal a su más que ilegítimo poder con una nueva constitución que le facultaría para seguir gobernando y se ha atrevido a convocar un plebiscito para Octubre del mismo año. Ricardo Lagos, uno de ellos, al final de la entrevista rompe la baraja. Mira directamente a la Cámara y se dirige directamente a Pinochet, le recuerda que había prometido no ser candidato para 1989, y que ahora se propone para continuar, le recrimina su inadmisible ambición de gobernar Chile veinticinco años. “Y ahora”, continúa, con el dedo apuntando a la cámara y, por tanto, al propio Pinochet, “le promete al país otros ocho años con torturas, con asesinatos, con violación de los derechos humanos”. Cuando la entrevistadora, que teme por él y por todos, busca frenarle, continúa: “Raquel, usted me va a excusar, usted me va a excusar, hablo por 15 años de silencio. Y me parece indispensable que el país sepa que tiene una encrucijada y una posibilidad de salir de esa encrucijada, civilizadamente, a través del triunfo del No". Fue el comienzo del fin del siniestro personaje, una de las claves del no que finalmente triunfaría.

TAMBIÉN
es posible ver a otro criminal, Caeucescu, en el momento en el que la fragilidad de su poder queda al descubierto y se hunde irremediablemente. Es el 21 de diciembre de 1989 en Bucarest. En el balcón donde tantas veces había escenificado su poder y la anuencia culpable, temerosa o servil de tantos,  en medio de desfiles, pancartas, consignas e himnos, él pretende repetir las viejas fórmulas, las ya ridículas frases manidas, delante del, literalmente, escogido público que llena la plaza. Se trataba de ahogar el movimiento que apenas unos días antes había nacido en Timisoara.

Y
es entonces cuando se empiezan a percibir las voces de jóvenes que rompen el guion exigiendo democracia, burlándose, interrumpiendo, desmontando a gritos la ridícula representación, llenándolo todo. El desconcierto del dictador, las voces impotentes de los suyos, quedan al descubierto antes de que se interrumpa la emisión. El país se hace consciente de que quien habla es un patético personaje destinado a caer. Las manifestaciones se multiplican. El ejército se niega a seguir asesinando. El 25 de diciembre Ceaucescu será juzgado sumarísimamente y fusilado.

NO
estoy seguro de que los historiadores hayamos entendido verdaderamente lo que significan las crisis de legitimidad en la historia. Los tres casos señalados tan sólo son nuevos por el golpe certero del estallido de una verdad ante una cámara que multiplica los espectadores, pero no inventa la desnudez, la nada de los ridículos espectáculos de un poder que no es más que pura apariencia, pura contradicción, pura mentira.

Quizás si pocos, y pocos historiadores, esperaban la repentina caída de los regímenes llamados comunistas del Este europeo, esto tenga que ver con no haber valorado suficientemente la contradicción entre las puestas en escena, los discursos oficiales que propugnaban una doctrina esencialmente igualitaria y la inevitable derrota del capitalismo ante el desarrollo futuro de (en la terminología oficial) “la economía socialista, cuyas fuerzas productivas nunca se verían limitadas por las relaciones de producción capitalistas”, por un lado, y la realidad de la ineficacia, la escasez, la falta de libertad, la apropiación de la realidad social por un partido dictatorial, la miseria moral nacida de la opresión y tantas otras cosas. Podría decirse algo parecido de las Primaveras Árabes, acaben donde acaben.

A mí, un historiador de la Antigüedad, al fin y al cabo me es inevitable mirar hacia un pasado más remoto y entender, así, por ejemplo, por qué en el año 87 a.C. un ejército de ciudadanos romanos decide seguir a su general Sila y entrar en la propia Roma a sangre y fuego, cuando a ese general, y por tanto a ellos, se le quiere privar de una prometedora y lucrativa campaña militar en Asia. No se trataba de proletarios en el ejército a la búsqueda de tierras. Todo hubiera sido distinto si las elites de esa república hubieran dudado más en asesinar previamente a los mejores de los suyos, a los que creían en un cierto nivel de reparto de lo público y en un cierto control colectivo, y si hubieran seguido los consejos de éstos y otros que  buscaban gestionar la República con suficiente limpieza y altura de miras. Ni los soldados, proletarios o no, ni la ciudadanía podían ya fácilmente creer en que esa oligarquía pervertida e indigna representaba verdaderamente a la colectividad y era digna de seguir al frente de ella. El futuro monarca César recogió una fruta que llevaba madurando más de tres cuartos de siglo.

PIENSO en todo esto y me pregunto, también, si lo impredecible de la historia, que es un hecho, no será a veces fruto de la falta de reflexiones en la dirección adecuada. Es sutil el tejido que anuda las creencias y no hay poder que no dependa finalmente de las mentes de quienes lo sustentan y padecen.

PIENSO también que ahora, como nunca, se percibe por todas partes lo discutible de los modelos específicos que ha asumido el sistema democrático. Ya en el siglo XIX muchos hablaban de los partidos llamados políticos (en realidad puramente poderíticos) como empresas parasitarias que actúan en realidad para ellos mismos y para intereses que difícilmente son los de los ciudadanos. Por suerte hoy, al contrario que en otros momentos de la historia, el descontento con la democracia robada que representan ya no parece adquirir las formas del fascismo. Es un error pensar que éste es un problema de España, es general, como lo son el nivel de descrédito del sistema y de desprecio social hacia los políticos. Es general también la sensación de impotencia y falta de alternativas, que es, por otra parte, muy conveniente para ellos.

ESTO no quita que en el caso español no haya rasgos específicos de una particular crudeza, derivados, en primer lugar, del carácter particularmente rápido, oportunista, de la formación de los partidos mayoritarios y de la construcción de un Estado democrático y autonómico por gentes en su mayor parte de una visión del mismo, catadura moral y carencia de principios perfectamente correspondiente a sus orígenes y entidad.

NÓTESE que la gestión de la crisis, el ahondamiento en la miseria de los ciudadanos, el desmonte de lo colectivo, lo llevan adelante precisamente tales personajes, miembros de lo que los romanos hubieran llamado factiones, y que unos y otros son considerados por los ciudadanos, con gran base empírica de corrupciones, compadreos y desvergüenzas de todo tipo, en los términos más peyorativos.

¿CÓMO y cuándo se hundirá  este siniestro engaño, cuándo y cómo se hará visible  la crisis final de su legitimidad, la percepción ya no teórica, sino inmediata, real, práctica por parte de los ciudadanos de todo ello, la risa, el desmonte radical de su impostura, la carcajada ante lo que hacen, lo que quieren hacer, lo que pretenden ser y sus patéticas presentaciones y representaciones de ese poder sin verdadera autoridad del que se envanecen? ¿Será su detonante la miseria y la desprotección creciente de tantos que ellos van sembrando día a día?

PUEDE que lo sea también la última de sus infamias, hecha por los miembros de la factio ahora dominante, ésa que nunca ha roto del todo con el precedente régimen franquista de enemigos de los derechos humanos, torturadores y asesinos. Al pretender protegerse de la lógica y justa respuesta popular, resucitan multas y todo tipo de represiones con una ley antidemocrática que arma a personajillos concretos, frutos de selecciones nada exquisitas en el seno de su nada exquisita factio, con muchas de las peores armas de los gobernadores civiles franquistas, sus amigos, sus hermanos, sus semejantes.

¿CÓMO y cuándo será, qué gestos de sorpresa pondrán, como miraremos todo esto desde el tiempo que viene, cuando no sean sino reyes vestidos de la verdad de sus miserias y reinas desnudas de sus disfraces y gestos pomposos, cuando les dejemos sin sus nada gloriosos escenarios del abuso y el ridículo?

VÉASE el caso de McCarthy y Welch AQUÍ, el de Ceaucescu AQUÍ y el de Ricardo Lagos AQUÍ.

PUEDE ver aquí otros artículos de Fernando Wulff:
- 24/10/13 Cuando los catalanes se enfrentaban a los faraones egipcios y otras notas tristes
- 23/09/13Mis divisiones del PSOE y otros asuntos carcelarios
- 05/02/13 Cosas que nunca le dije a Saborido: sobre organizaciones, corrupciones y las cosas de la izquierda

- 19/12/12 Catástrofes pre-Wert: notas sobre la universividad del potito
- 24/07/12 Senadores y estafadores o la verdad finalmente desvelada. Con una nota consoladora de Samosata
- 25/05/12 Mi vida como drogadicto
- 26/03/12 El Tribunal Supremo y un capote que huele a sangre
- 23/01/12 Ciento treinta y cinco prostitutas
- 09/12/11 Una cata en una vieja tradición europea: de Dickens al 15M
- 26/10/11 Tristes muertes de tiranos
- 12/09/11 “Maestro: te voy a restregar el aprobado por las narices”
- 02/06/11 Los reyes desnudos, sus ciento veintiséis heridos y el final de la impostura
- 13/04/11 Optimismo, silencio, políticas y mujeres: treinta años después
- 16/02/11 Más allá de Tartessos: cuando la historia empieza en Málaga
- 02/02/11 Sabino Arana: racismo, nacionalismo vasco, integrismo católico. Una breve antología y guía de lectura
- 13/01/11 España ¿una historia excepcional?
- 13/10/10 La oscura efectividad de los nacionalismos
- 28/09/10 Sobre mitos nacionalistas: los vascones que no hablaban vasco
- 16/09/10 Berlusconi, Mussolini, otras memorias históricas
- 20/07/10 Otro 1974: el PSOE como precursor y adelantado
- 17/06/10 Torturas de apenas ayer. Mirando a los ojos del pasado
- 28/05/10 De políticos, engaños y patrimonios dilapidados: el caso de los yacimientos fenicios en Málaga