“En África, "pole, pole" (tranquilo, tranquilo) y "Hakuna matata" (No hay problema, todo está bien). Con suerte, llegaré en un par de días como mucho a la aldea, mi segunda casa. Y con suerte, si hay cobertura, os iré contando”

OPINIÓN. Caleidoscopio
Por Laura Martínez Segorbe. Cofundadora de la Asociación Enjipai para mejorar las condiciones de vida de los masai de Mfereji, Tanzania

18/01/19. Opinión. Laura Martínez, en esta nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com, describe su reciente llegada a Tanzanía y sus peripecias para llegar a ‘su’ aldea de Mfereji. Martínez  describe habitualmente la realidad del pueblo masái. Un pueblo que conoce muy bien gracias a que es coofundadora de la Asociación Enjipai AQUÍ (y en su perfil en...

...Facebook, AQUÍ), en la que trabaja desde el año 2012 con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los masai en la aldea de Mfereji, al norte de Tanzania.

Málaga-Estambul-Nairobi-Arusha

TRECE horas de vuelos para llegar a Nairobi. A pesar de ser tarde, hay bullicio en el aeropuerto. Pasacalles de europeos y americanos que llegan para dirigirse a las playas tan blancas como deliciosas del Índico, para escalar montañas o visitar parques naturales, para celebrar lunas de miel viendo a los elefantes pasear a sus anchas por un mundo que parece estar parado. De todos los pasajeros de clase económica de mi vuelo, la única persona negra me ha tocado a mí al lado. Por un lado, contenta, porque se dirigía a Entebbe, capital de Uganda, y me ha contado su azarosa vida. Por un lado mal, porque era tan gordita y tan culona que invadía parte de mi asiento. Hay mujeres alucinantes por todas partes.


YO a lo mío, a esperar unas horas al "shuttle", autobús africano algo destartalado, que me llevará a Arusha, al norte de Tanzania. Al bajar del avión, encontré a Peter que al saber que yo era española me dijo que se llamaba Pedro y que si conocía a Messi. Y que le esperara en una cafetería del aeropuerto que él me llevaría a la parada de bus. El primer año hubiese desconfiado, pero tras varios viajes a Africa, sabía que vendría, eso sí, justo de tiempo. Y así fue. A las 8:30 am en punto allí estaba, con los dientes muy estropeados y muy delgadito. Me facilitó el billete y cargó con mis maletas.

UNA vez en el bus, camino a Arusha, hay una parada obligatoria: Namanga. Es la frontera entre Kenia y Tanzania, y te chequean maletas y pagas visado. Si todo va bien, hora y media no te la quita nadie. Este año además, es obligatorio bajar todas las maletas y pasarlas por un control de policía. "Tres maletas nada más" pensé. En el bus iba un chico keniata, Mathew, que llevaba de excursión a un grupo escolar. Sabía hablar inglés perfectamente, como la mayoría de keniatas. Debió verme algo agobiada y me dijo que no me preocupara que él me ayudaba con las maletas y con el visado. De nuevo, tranquila. Así fue, la ayuda inigualable del africano. Siempre atentos.

CONTINUAMOS el viaje hasta llegar a Arusha, cerca de las 14:00 pm. En la parada del autobús, el remolino típico de gente local que quiere venderte pulseras, cacahuetes, lienzos... y entre ellos, apareció sigilosamente Paniely Tutunyo, con su eterna sonrisa y su parsimonia. Es uno de los profes del cole de la aldea, y allí estaba para recibirme y acompañarme.

YA instalada en el hostal que cuesta 9 euros la noche con desayuno incluido, me dispuse a preparar todo el proyecto de Enjipai para este año.

SE va a instalar un techo falso en el cole, para que los peques estudien a gusto, sin bichos ni calor excesivo y sin huracanes de la sabana entrando por las ventanas. Se van a reparar las letrinas que quedaron sin techo. Se va a dar a todos los niños el paquete de apadrinamiento de sus padrinos españoles. Vamos a hacer una fiesta para celebrar que los más mayores han superado con éxito sus exámenes nacionales y van a acceder a la educación secundaria. Vamos a repartirles juguetes, ropa y zapatos que nos han donado en España. Vamos a comprar el material escolar necesario. Vamos a entregarles a las mamis todo lo recaudado con la venta de bisutería masai. La conclusión es, que vamos a ser muy felices y a hacer mucho bien gracias a mucha gente.

Acuarela de Ángel Idígoras, que colabora con Laura Martínez en su proyecto

ENTRE tanto, estoy aquí en Arusha, esperando a Panel para tomarnos una Kilimanjaro bien fría. Un chico se me ha acercado y no le ha dado tiempo a hablar porque el anciano de la mesa de al lado casi lo ha echado a patadas. "No molestes a nadie. No molestes". En otra mesa, un chico se acerca con más cuidado, vaya a ser que salga también escaldado. Se llama Moses, y me pregunta en inglés que de dónde soy, que qué hago, y que no tenga miedo, que los tanzanos son muy amables. Me dice que escucha cada día por su teléfono móvil la BBC y que qué pasa en España, que qué jaleo hay con Puigdemont, que algunos de sus colegas están presos y que él ha huido a Bruselas. Que a Trump no le dan el dinero los del congreso para que construya el muro en Mexico, "qué tipo más feo y más malo" dice. Qué Merkel es una mujer fuerte y buena porque acoge refugiados. En fin, mi primera impresión ha sido de rechazo, y mira que me juro cada día no tener prejuicios ni juzgar a nadie por su pinta. No temer la diferencia es mi máxima, pero ya ves, siempre hay excusas para juzgar al otro. Moses parece alcohólico, eso se nota en todos los paises por igual. Parece triste. Pero solo son pareceres míos, porque él dice que está feliz, que es freelance y que es masai, y lleva a gente de todos los paises a hacer safaris y que poco a poco conseguirá montar su propia compañía. Tiene ilusión y creo que es muy capaz de conseguir su sueño. No tiene más de 20 años. Esta mejor informado que cualquier joven español, esa es la realidad, y además, también habla inglés perfectamente. Es una auténtica lástima que los gobiernos mundiales no miren por los jóvenes, que no son otra cosa que el futuro y la esperanza. Están entretenido la en otros quehaceres, ya sabemos todos...

TODO esto ocurre porque Panel se ha perdido en su propia ciudad, aunque ya está de camino. Un masai no se pierde nunca en la sabana, y mira que es difícil orientarse. La ciudad para ellos, es otra cosa.


EN la ciudad he encontrado de nuevo a la Señora de Sokoine Road. Está igual que los años anteriores, solo que más viejita. Este año he sido valiente y me he sentado a su lado para hablar con ella. Lleva allí sentada once años, porque se quedó paralítica en un mal parto y le tuvieron que amputar las piernas. Su niño murió en el mismo, así que está sola desde entonces. Una vecina de su antiguo barrio se ocupa de ella, y la lleva y la trae cada día a Sokoine Road para pedir. No tiene más opciones. Al menos allí, algo saca cada día. O no. Dice que no quiere morirse. Hablamos mucho más, pero solo le entendí esto que escribo.

LE dediqué un poema hace un par de años, y creo que no me equivoqué mucho.

La señora de Sokoine Road

QUÉ solita está ella siempre

entre tanta multitud de gente.
Sentada sobre basuras
su vida es indiferente.
Sin apenas dientes
y unos ojos grises de espuma de cataratas
y sin apenas piernas,

tan frágil, con el ocaso detenido,
como a punto de quebrarse siempre.


El mundo pasa cada día
por delante de ella
y nadie dice nada,

y nadie hace nada,
y todos bajamos la mirada
para no encontrarnos con la suya
y para que el horror que amanece
en ella cada mañana
no se instale en nosotros.

La señora sin piernas
de Sokoine Road
ya no sueña como cuando era niña
con ser una florecilla silvestre
en medio de la pradera
porque ya no sueña.

SIGO aún en la ciudad porque tenemos que comprar el material de construcción para la instalación del techo falso en el colegio, y en África, "pole, pole" (tranquilo, tranquilo) y "Hakuna matata" (No hay problema, todo está bien). Con suerte, llegaré en un par de días como mucho a la aldea, mi segunda casa. Y con suerte, si hay cobertura, os iré contando.

PUEDE leer aquí anteriores entregas de Laura Martínez:
-09/11.18 Emwa Sidai. Colores Bonitos
-26/10/18 Una escuela en alguna parte…
-15/10/18 Jurisprudencia                      
-28/09/18 Lucha de Gigantes

-14/09/18 Caleidoscopio