Ascensión [una gran mujer de El Palo] fue una feminista igualitaria, una luchadora incansable por la justicia y la dignidad, una reivindicadora constante de los derechos de los más débiles, y con ellos y para ellos dedico sus fuerzas y su vida”

O
PINIÓN. Si Protestas… ¡Lo logramos!
Por Mercedes Pírez. Presidenta de la Asociación de Vecinos de El Palo


03/10/22. Opinión. Mercedes Pírez escribe en esta nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre Ascensión: “No creemos que exista otra persona -en nuestro barrio- en estos últimos años con más valores sociales que Ascensión. Entre todos nuestros vecinos no hemos encontrado nadie mejor que encarne el ideal de libertad, de solidaridad y de compromiso con sus gentes que esta menuda mujer...

...Por eso hoy desde aquí reclamamos a la administración que dedique el nombre de una calle, no a la persona, sino a los valores de vida que ha derramado en El Palo”.

No olvidemos...

En todos los barrios hay personas que han logrado un hueco en nuestra memoria y en nuestro corazón, este es el caso de Ascensión.


Pedimos al distrito Este un lugar donde honrar su memoria.
(Texto: Miguel López Castro, Juan Jesús Martín).

Ascensión no era la persona más importante de nuestro barrio. Le faltaban muchas cosas.

No tenía dinero.
No tenía poder.
No tenía una cultura vastísima.
No hablaba bien en público.
No tenia ambiciones políticas.
No tenía ansias de protagonismo, ni de fama.

Y a pesar de lo que no tenía, hoy pedimos un lugar de recuerdo para esta persona extraordinaria que era Ascensión. Una Plaza de El Palo para su memoria y en honor a su ejemplo de vida.

Ascensión era una vecina de aspecto físico igual al de muchas mujeres mayores de
nuestro barrio.

Delgada, bajita, arrugada, vivaz, alegre, entrometida, parlanchina, sencilla, humilde y con un corazón muy grande.

De ojos pardos, brillantes, iluminados, de sonrisa permanente, de risa fácil, de esa belleza blanca de las tierras castellanas, pelo liso y andar ligero, Ascensión vino desde fuera, como tantos otros a vivir a El Palo, y de él no se ha ido ni después de muerta.

Dedicó su vida a los demás. Trabajó, como obrera, para ganarse el pan diario, y todo el tiempo de que dispuso fue para ayudar, para reivindicar, para asistir, para luchar por los que mas lo necesitaban.


Soltera, sin hijos ni familia próxima, su afecto lo repartía entre sus amigos y las personas de su barrio. Su casa y sus pocas pertenencias estuvieron al servicio del que lo necesitó. Abrió las puertas de su pequeño piso alquilado, como una pensión gratuita o una comunidad de generosidad y amor, a todo el que se lo solicitó. Allí se podía ir a pedir consejo, a pedir ayuda; a discutir temas sociales o religiosos; a comer o a dormir.

Siempre sin costo, o lo que se pudiera poner en común, y siempre con una sonrisa. Altos y bajos, pobres o mas pobres, creyentes o ateos, legales o clandestinos, buenos o malos. Pero siempre necesitados. De apoyo, de confianza, de compañía o de cariño.

Poco tenia, porque poco consiguió, pero ese poco estuvo compartido hasta los mayores extremos.

Dedicó su vida no a ahorrar, ni a buscarse un futuro, sino a dedicarse a los demás. Como una de las mejores religiosas, como una de las mejores solidarias, como una de las más revolucionarias, como una de las mejores personas que hemos conocido.

Otro de sus rasgos más singulares, junto al de su actividad, su generosidad y su alegría, era el no tener ningún tipo de complejo de inferioridad. Sin ninguna formación sólida académica, sabía lo que era la vida. Conocía desde su propia experiencia las dificultades y penurias de los más desfavorecidos. Estuvo trabajando de sirvienta en una casa de Salamanca. Y sabía que hay muchas cosas en la vida a las que una persona, por el simple hecho de nacer tiene derecho. A la subsistencia, a una vivienda, al respeto y al cariño de los demás.

Y esas verdades tan simples las espetaba a quien fuera necesario decírselas. Sin acritud, pero alto y claro. Sin medias tintas y sin perder la sonrisa. A alcaldes, concejales, obispos, arquitectos, ingenieros, abogados o dignatarios.

Tuvo que explicar que con un salario de convenio colectivo de los años 70 no se podía mantener a una familia; que todos tenemos derecho a una vivienda digna y participó en la gestión de una cooperativa de viviendas para realojar a las gentes del Corralón de Calle Molejón; que los niños de El Palo necesitaban parques; que los vecinos no tenían plazas donde charlar; que los parados necesitaban trabajo, participando en las luchas y manifestaciones de los parados; que el Plan Municipal de urbanismo era una tapadera para que hicieran negocios los promotores y constructores pero que no servía para liberar las reservas de suelo que la ley establecía; que las urbanizaciones de El Palo, Pinares, Miraflores y El Candado, eran ilegales y no habían hecho las cesiones de suelo que establecía la Ley; que en Lagarillo Blanco se quiso especular con el suelo; que antes que el interés privado estaba el colectivo; que la democracia empezaba en las asambleas respetándose el turno de palabra; que juntos se consiguen mas cosas; que las cuevas donde todavía vivían personas había que cerrarlas y urbanizar sus calles; que en el negocio de las drogas, los más perjudicados eran enfermos y los más beneficiados unos granujas entre los que había demasiada gente respetable; que la juventud de zona de Las Cuevas necesitaba apoyo, formación y cariño; que las gentes de la playa y de las viviendas protegidas tenían derecho a su vivienda; que la cultura es para todos y no solo para una élite; que la caridad no puede sustituir a la justicia; recuperó la Romería de San Antón, participó en todas las semanas culturales del barrio, y aceptó cuando se lo pidieron ser la vicepresidenta de la Asociación de Vecinos del Palo.

Ascensión fue una feminista igualitaria, una luchadora incansable por la justicia y la dignidad, una reivindicadora constante de los derechos de los más débiles, y con ellos y para ellos dedico sus fuerzas y su vida.

Dio, enseñó, fue ejemplo de solidaridad, compartió, denunció, luchó, vivió en El Palo y descansa en el monte de San Anton.

No creemos que exista otra persona -en nuestro barrio- en estos últimos años con más valores sociales que Ascensión. Entre todos nuestros vecinos no hemos encontrado nadie mejor que encarne el ideal de libertad, de solidaridad y de compromiso con sus gentes que esta menuda mujer. Por eso hoy desde aquí reclamamos a la administración que dedique el nombre de una calle, no a la persona, sino a los valores de vida que ha derramado en El Palo.

Honradez, solidaridad, justicia y compromiso social.

Puede leer aquí anteriores artículos de Mercedes Pírez