“Los países fabricantes de armas y las empresas que se lucran por su comercio pueden que deseen la paz, pero no tienen entre sus objetivos la obligación de conseguirla

OPINIÓN. Compromiso con Andalucía. Por José Antonio Jiménez Ramos
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oportavoz de Iniciativa del Pueblo Andaluz


08/01/24. Opinión. José Antonio Jiménez, docente y coportavoz de Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA), escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la ONU y la paz: “La guerra, el hecho más contrario a la paz, es una realidad continua en la historia de la humanidad. Cualquier guerra es un fracaso del diálogo y el respeto a las personas. Nuestra sociedad es un ejemplo primoroso del fracaso...

...de la paz, en estos momentos hay más de 50 guerras en el conjunto de nuestro mundo”.

La paz no es un deseo, es una obligación

Dicen que los meses de enero de cada año se caracterizan por los deseos que después apenas se cumplen. Por eso la paz no puede ser un deseo, es una obligación de todas las personas.


La guerra, el hecho más contrario a la paz, es una realidad continua en la historia de la humanidad. Cualquier guerra es un fracaso del diálogo y el respeto a las personas. Nuestra sociedad es un ejemplo primoroso del fracaso de la paz, en estos momentos hay más de 50 guerras en el conjunto de nuestro mundo. La ONU es la organización que vela por la seguridad, la “defensa” de los más oprimidos, que pretende que los conflictos se resuelvan por la vía pacífica y al mismo tiempo es el instrumento que la inmensa mayoría de los estados del mundo tienen para evitar esos conflictos.

Los objetivos centrales de la ONU son principalmente mantener la paz y la seguridad internacional, centralizar y armonizar los esfuerzos de las naciones para alcanzar sus intereses comunes y fomentar las relaciones pacíficas entre los Estados.”

Es más que probable que la ONU cumpla, en buena medida, con esos objetivos, porque si no existiera, las guerras serían más persistentes y, sobre todo, más numerosas, pero estoy seguro que en el fondo de la propia organización hay un profundo sentimiento de fracaso.


Son muchos los ejemplos que podríamos poner, pero el bochornoso espectáculo del gobierno de Netanyahu acusando al Secretario General de la ONU en estos términos: “Israel acusa a António Guterres de respaldar “el secuestro de niños y la violación de mujeres por impulsar un alto el fuego en Gaza” es más que elocuente. Un país, miembro de la ONU, que lleva años masacrando mujeres y niños en Palestina, que incumple de forma permanente los acuerdos de la organización, no puede hacer esas acusaciones, a menos que los grandes países que controlan la organización lo respalden.

Esta es la clave de bóveda de la situación actual sobre las guerras existentes y las que vendrán, los países fabricantes de armas y las empresas que se lucran por su comercio pueden que deseen la paz, pero no tienen entre sus objetivos la obligación de conseguirla.

La labor encomiable de la ONU se hunde en la miseria de las transacciones de la venta de armas, por mucho apoyo que preste a las víctimas de las guerras, con todo el sacrificio que ello supone y con la cantidad de ayudas imprescindibles que dan a la población civil, todo pierde sentido con el cinismo y la hipocresía de los gobiernos que no intervienen parando las barbaridades que cada día venimos viendo por todos los medios de comunicación.

Todas somos cómplices en mayor o en menor medida por nuestra mirada para otro lado. Los gobiernos más que nadie y, por supuesto, los dirigentes que proponen el incremento del armamento como condición para estar más seguros, aunque ansíen que vivamos en paz. No basta con desearlo, no basta con decirlo de mil maneras, hay que tomar realmente el asunto de raíz, la paz es una obligación.

La mayor de las revoluciones utópicas actuales serían aquellas que consigan poner a la paz como objetivo obligatorio de todas las sociedades, desde la educación, tanto escolar como familiar, así como en las organizaciones políticas, cívicas, laborales, deportivas y de todo tipo. La utopía nos permite luchar por alcanzar algo tan importante.

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