La realidad es que las administraciones públicas han abandonado las políticas rurales desde hace años. Nadie se va de un lugar si tiene sus necesidades cubiertas; nadie lo hace”

OPINIÓN. Enredada con Iniciativa. Por María José Torres
Coportavoz de Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA). Psicóloga sanitaria


19/10/22. Opinión. María José Torres, técnica de inserción laboral y coportavoz de Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA), escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el éxodo rural: “Hay que fomentar proyectos que sean sostenibles a largo plazo y que sirvan para que las personas no abandonen sus pueblos, y supongan un arraigo al territorio al mismo tiempo que sirva para conservar...

...el patrimonio ambiental y cultural”.

La Andalucía vaciada y expoliada

La Andalucía rural empezó su éxodo a las grandes ciudades a partir de la revolución industrial, pero sobre todo a partir de la mitad del siglo XX.

El abandono de los pueblos en busca de oportunidades en las ciudades, suponía el cambio de trabajo, desde actividades muy centradas en el sector primario (agricultura y ganadería), hacia actividades del sector secundario (industria) o terciario (servicios).

Los pueblos se fueron vaciando progresivamente, con una emigración hacia las ciudades de la provincia o hacia otras ciudades. Esto ocurrió con especial intensidad en las zonas más rurales, que no fueron capaces de retener población. Tampoco esos pueblos han podido volver a poblarse a través de nuevas actividades productivas.

Según las cifras oficiales de población resultantes de la revisión del Padrón municipal a 1 de enero, que manejan en el Instituto Nacional de Estadística, de los 107 municipios de la provincia de Málaga 69 de ellos sufren importantes porcentajes de despoblación en la década del 2009 al 2019. De ellos Jubrique, Alfarnatejo y Canillas de Aceituno encabezan la lista con porcentajes de despoblación superiores al 25%, otros municipios como Canillas de Albaida, Salares, Alfarnate, Igualeja y Benarrabá alcanzan pérdidas de población de entre un 20-22%. De los 61 municipios restantes, encontramos 10 municipios con pérdidas de entre 15-19% y otros 17 municipios con pérdidas de población entre un 10-14%.


Pero ¿por qué?, las personas abandonan sus pueblos, sus raíces para emigrar a una gran urbe, cada vez más masificada y con peor calidad de vida, pero también es cierto que hay un mayor número de servicios y oportunidades para la gente joven. Esto es el argumento urbanito. Sí, en las ciudades hay wifi, la discoteca y vete a saber.

La realidad es que las administraciones públicas han abandonado las políticas rurales desde hace años. Nadie se va de un lugar si tiene sus necesidades cubiertas; nadie lo hace. Algunos entes políticos han apostado por entregar nuestro territorio rural a fondos de inversión: la nueva clase de caciques que ni se les ve. Olivos que se siembran en regadío, plantas fotovoltaicas que arrancan alcornoques, pantanos para trasvasar agua a cientos de quilómetros, etc.

Un simple ejemplo es lo que sucede con la ganadería extensiva. Un sector que está abandonado y mancillado. Este sector es prioritario para mantener en buena salud nuestros campos, nuestros pastos: esos que en estos días por falta de mantenimiento arden en grandes incendios. Bien, existe una ayuda marco llamada PAC que sirven para dar el incentivo necesario para mantener un medio rural vivo. En España por decisiones extrañas un ganadero de extensivo recibe cerca de 60 euros por hectárea mientras en Italia y Grecia se dan cerca de 250 euros. Van comprendiendo donde esta el problema. En España un pastor trashumante para recibir un sueldo mensual de 1200 euros debe estar en los campos durante cuatro meses sin ver a su familia, trabajando los 365 días al año, merced a estar compitiendo con un fondo de inversión protegido políticamente que produce 600.000 lechones en un año en una simple nave industrial.

Hay muchos más ejemplos y escandalosos como el que hace poco mostró la Diputación de Málaga que ha destinado más de 3 millones de euros para el arreglo de la catedral de Málaga, quitándolo de los pueblos que menos población y recursos tienen. La iglesia que recauda mediante la renta miles de millones de euros. Y eso que estamos en un estado laico o al menos lo intenta parecer.

Es evidente que en la actualidad nos encontramos que las personas se marchan de sus pueblos por la pérdida de servicios, se le ha reducido el servicio de salud, se han reducido el número de aulas o incluso cerrado colegios e institutos, el transporte público es escaso y con malas conexiones, no hay una buena red de internet,  tan importante en la actualidad no solo para las redes sociales, si no para el trabajo, muchos profesionales estarían encantados de poder trabajar en los pueblos si tuviesen una buena red de internet sin cortes, fluida y segura. Como se ha demostrado en la pandemia del COVID el teletrabajo ha venido para quedarse.


Creo que las diferentes administraciones deben empezar a hace políticas que integren y apuesten por el desarrollo rural y que sirva al mismo tiempo para abordar la crisis ecológica.

Hay que fomentar proyectos que sean sostenibles a largo plazo y que sirvan para que las personas no abandonen sus pueblos, y supongan un arraigo al territorio al mismo tiempo que sirva para conservar el patrimonio ambiental y cultural.

Como he mencionado anteriormente hay que implantar servicios públicos básicos, reducir la brecha digital, mejorar la movilidad, facilitar el acceso a la vivienda, fomentar la cultura y garantizar la plena igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Fomentar el consumo de productos locales, ecológicos y de temporada para generar un valor añadido a este medio y sus gentes.

Es importante que la sociedad en general conozca la realidad de la vida en estos pueblos y que no se dejen llevar por el discurso fácil que continuamente vemos en los medios de comunicación, donde solo hacen referencia a las ayudas que reciben los agricultores y ganaderos y que no trabajan, son vagos, cuando esto dista mucho de la realidad. Matemáticamente una hectárea de terreno cuando arde supone un gasto de más de diez mil euros pero si la gestiona un ganadero, recuerden, en este país le aportamos una ayuda de menos de sesenta euros por su labor imprescindible con nuestro territorio.

Estamos ante una crisis alimentaria, donde nos han acostumbrado que podemos comer sandia todos los días del año, a pesar del coste que ello supone, abandonando el consumo de productos de cercanía, de mayor calidad, mejorando la economía local, y apostando por el clima. Todas y todos debemos tomar la responsabilidad política y social para que esto no suceda por una simple cuestión de supervivencia. Hoy con la guerra de Ucrania nos hablan de inflación y vemos subidas de precios desorbitados en la cesta de la compra. ¿Por qué? Simplemente porque nos nutrimos de productos de fuera y hemos abandonado la economía de cercanía que nos hace independientes de la dependencia a un sistema netamente capitalista.

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