“La otra mitad es la realidad que nosotros recreamos desde nosotros mismos. Nuestra forma de mirar es única y crea realidades diferentes a las de los demás”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


23/12/21. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la percepción de la realidad: “Siempre fue un problema central en la filosofía desde Aristóteles al conductivismo, pero si hay algo cierto es que la diversidad de percepciones enriquece...

...al ser humano, aunque introduzca el caos en el ser humano. ¿Que es, si no, el arte que diversas manifestaciones de la percepción de la realidad?”.

La otra mitad

La mitad de la belleza depende del paisaje;

y la otra mitad de la persona que la mira.
Los más brillantes amaneceres;
los más románticos atardeceres;
los paraísos mas increíbles;
se pueden encontrar siempre en
el rostro de las personas queridas.
Cuando no hay lagos más claros
y profundos que sus ojos;
cuando no hay grutas de las maravillas
comparables con su boca;
cuando no hay lluvia que supere a su llanto;
ni sol que brille más que su sonrisa...
La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla…

Hermann Hesse

La otra mitad es la realidad que nosotros recreamos desde nosotros mismos. Nuestra forma de mirar es única y crea realidades diferentes a las de los demás. Este hecho, que nos puede conducir a la locura ya que niega posibilidad del conocimiento científico, o simplemente objetivo, tiene su componente más trágica en las relaciones interpersonales y, sobre todo, en las de carácter afectivo. Uno ve de modo diferente a las personas que quiere, sea cual sea el tipo de afecto que tenga por ellas. Además, cuando el amor es apasionado aun es mayor lo que podríamos llamar la transfiguración del ser querido, al que se le adorna con todas las bellezas y virtudes que uno desea que tenga, pero que para los demás, cuyo conjunto de opiniones pueden ser un referente de objetividad, pasan desapercibidas. Es evidente que igual ocurre con los desafectos, o más extremadamente con los odios.


En este sentido en las ciencias de la naturaleza, aunque no tan ajenas a las “visiones” personales como puede suponerse y como buena parte de sus componentes quisieran, dotadas de una metodología del conocimiento rigurosa y comprobable, llegar a una “mirada” común es relativamente fácil y los cambios que se dan en ella son graduales y diferidos en el tiempo. No ocurre lo mismo con las ciencias sociales en las que los valores de las personas y del propio entorno en que se desenvuelven tienen una influencia notoria sobre el resultado final de la “mirada” por mucho que esta se haga con unas reglas metodológicas concretas.


Nuestras nociones de la realidad que tenemos delante son evidentemente diferentes, incluso, en el peor de los casos conflictivas y contradictorias. Esto lleva a conflictos tanto en lo personal como en lo social. El problema es que estas diferentes “miradas” o formas de entender la vida son inmanentes a la persona humana y a las sociedades que estas forman, por lo que parece no tener solución. La verdad es que teóricamente podría haberla si se impusiera la “mirada única”, una forma de entender el mundo que no admitiera alternativas ni disensiones. Esto estaría en línea con las visiones patriarcales y teocráticas en las relaciones personales y de familia y en los estados de “pensamiento único”, ya sean del signo que sean, en lo social y político. Pero estás soluciones no deben ser admitidas ya que transgreden la libertad del ser humano y de la sociedad. Por otro lado, tanto en las visiones, o si se prefiere, interpretaciones, individuales de la realidad como en las sociales, no solo se delata lo que es, sino que existe un fuerte componente del deber ser. Tú deberías de cambiar, o el sistema impositivo deberá ser más progresivo. Esto lleva a una mayor confusión aún sobre una realidad deseada.

Sin embargo, en uno y otro caso una salida airosa, no siempre posible, es el consenso. Esto empieza por reconocer los hechos que la mayoría, o mejor la gran mayoría, siempre habrá terraplanistas, consideren como una realidad innegable, para luego construir sobre ella escenarios “reales” que eviten así conflictos entre partes. A fin y a la postre, esto desde una perspectiva social es lo que significa la democracia. El principal problema es que los medios para el consenso también son manipulables.

La percepción de la realidad siempre fue un problema central en la filosofía desde Aristóteles al conductivismo, pero si hay algo cierto es que la diversidad de percepciones enriquece al ser humano, aunque introduzca el caos en el ser humano. ¿Que es, si no, el arte que diversas manifestaciones de la percepción de la realidad? Pero tal vez, el don más sublime del hombre es la percepción de la realidad del amor reflejada en otra persona que se concreta en su belleza, tal como la describe Hermann Hesse en la cita con que comienza esta reflexión.

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