Ramos: “No es razonable dejar que las operaciones urbanísticas se diseñen desde las gerencias municipales ideologizadas, politizadas, lindando siempre con la prevaricación, la injusticia, las interpretaciones torticeras de la ley. No se puede estar indiferente, no proponer nada, no hacer crítica pública para que la ciudadanía tenga constancia de lo que están gestando”

Continúa la polémica con el hotel de Moneo, ahora Urbanismo abre expediente a la promotora por exceso de altura de los dos edificios aledaños al hotel, donde han levantado sendas construcciones en la azotea

22/06/22. 
Sociedad. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com. El hotel que se está construyendo en el Hoyo de Esparteros, bajo la firma del reconocido arquitecto Rafael Moneo, ha estado envuelto en polémica y rechazo desde su planeamiento inicial. Y es que se partía de la base del derribo del histórico edificio de La Mundial, replicado ahora en lo que se conoce...

...como un ‘pastiche’. El arquitecto Fernando Ramos entiende que el problema parte de una operación urbanística errónea, desde la cual es casi imposible llegar a un proyecto arquitectónico de máxima calidad, si no que lo más probable es que se limite a consolidar el error inicial.

Actualmente, la polémica sobre el edificio de Moneo continúa. La gerencia Municipal de Urbanismo ha abierto un expediente a la promotora por exceso de altura de los dos edificios aledaños al hotel, donde han levantado sendas construcciones en la azotea (AQUÍ). Como el propio Ramos asegura sobre el hotel en un tuit que se ha hecho viral: “Ya no le queda ninguna ley, ordenanza, reglamento que incumplir, disciplina que humillar, patrimonio que destruir ni expoliar, o vergüenza torera que defender”.


Tal y como explica Ramos, incluso el propio Moneo dijo en su día que “las cosas que están mal hechas tienen un responsable en la gruesa equivocación de la operación inmobiliaria, pero alguna responsabilidad tiene que sentir el arquitecto” (AQUÍ).

Por lo que para Ramos no es razonable es “dejar que las operaciones urbanísticas se diseñen desde las gerencias municipales ideologizadas, politizadas, lindando siempre con la prevaricación, la injusticia, las interpretaciones torticeras de la Ley. No se puede estar indiferente ante el diseño de esas operaciones urbanísticas, no proponer nada, no hacer crítica pública para que la ciudadanía tenga constancia de esas operaciones que se están gestando. Y luego cuando le encargan a uno que desarrolle alguna que cree uno que es errónea, o frente a la que ha estado silente, entonces decir que bueno ya la cuestión a resolver es solo la arquitectónica, y que ya no es el momento de poner en cuestión la operación urbanística, que ya está diseñada, y ya solo queda el camino de ir hacia delante”.

Y es que el arquitecto entiende que “si uno tiene responsabilidad sobre una operación urbanística, siempre tienes manera de responder a eso, desde la arquitectura, el mismo Moneo lo hizo en Vigo”. “Le ofrecieron un edificio desarrollista, la sede de Urbanismo, le ofrecieron intervenir sobre ese entorno para reducir el impacto, mejorarlo arquitectónica, urbanística y paisajísticamente”, y frente a eso lo que propuso Rafael Moneo “fue una lectura crítica de la intervención que le habían propuesto, diciendo que en el contexto que se lo habían planteado no tenía solución, es decir intervenir sobre aquél edificio desarrollista no iba a solucionar el problema”.


Según Ramos, Moneo propuso “poner en cuestión la operación urbanística, ampliar la mirada, e intervenir sobre todo el entorno, repartir la edificabilidad, interviniendo sobre otros solares, otros espacios, otros edificios, y eliminando ese edificio desarrollista”.
 
Además de eso, Ramos aclara que el propio Moneo aseguró que “si el proyecto no tenía apoyo y consenso ciudadano no se podía hacer, y que eso lo sabía él y el alcalde”. Para Ramos es una “pena que no lo hubiera aplicado a Málaga, porque es que es literalmente el problema de la ribera del Guadalmedina, que hay cuatro edificios desarrollistas que tienen el doble de altura”.

Aún así, Ramos cree que es un problema “que se puede solucionar, se puede transferir la edificabilidad, se pueden reformar los edificios, se puede reducir el impacto, se pueden incluso sustituir, por que lo dice el avance del PEPRI Centro, que pena que no lo aplicaran”.


Sin embargo, el hotel de Moneo “tiene la rara virtud de haber conseguido el consenso generalizado de que no parece un proyecto del estudio de Rafael Moneo”, asegura Ramos, “no encaja con el resto de su producción, solo encaja con otras operaciones urbanísticas demostradamente erróneas como la de Ávila”.

El arquitecto no sabe el momento “en que la operación se ha condenado a ser un error, porque creo que no había ningún condicionante que la condenase”. Así, le parece que “si se hubiese hecho una revisión con lo que contempla el PEPRI, se hubiera dado un consenso técnico, con participación de la comunidad, ahí no había ningún problema sin solución. Se hubiera articulado una buena propuesta urbana, dentro de la escala, dentro del patrimonio, dentro de la consideración de conjunto histórico, y hubiera dado lugar a una buena operación urbanística, con calidad y con transparencia, si se hubiese dado eso sería prácticamente inevitable que la formalización arquitectónica también hubiera tenido calidad”.


Proyectos sin consenso

En este sentido en Málaga estamos acostumbrados a que sea al revés, que “esa falta de calidad arquitectónica sea una manifestación de que la operación urbanística era errónea, y además autista”. Esto sería porque Ramos sostiene que “la mayor parte de estas operaciones han tenido 15 o 20 años de controversia en los que el Ayuntamiento siempre insiste en lo mismo, es que lo llevamos tramitando muchos años, es que sigue avanzando el proyecto, es que cumple la legalidad, esos son sus grandes argumentos, mientras durante esos mismos años ha habido siempre apelaciones, propuestas alternativas, exigencias de participación, exigencias de calidad, y son ignoradas sistemáticamente, son propuestas impuestas”.

Y es que, un problema endémico de esta Málaga gobernada por el Partido Popular de Francisco de la Torre, tal y como asegura Ramos, es que “la operación urbanística se saca adelante sin participación, sin consenso, imponiéndolo a la ciudad, ante algunos silencios atronadores, entre ellos el del Colegio de Arquitectos, que parece que ni existe, porque jamás se pronuncia sobre cualquier operación urbanística relevante”.


Ramos aclara que “el Colegio si está donde debe, aunque no siempre”, pero que “lo que no sirve es no pronunciarse sobre esas operaciones y luego intentar arreglarlo desde el proyecto arquitectónico, eso no tiene buen desarrollo ni buena solución. Desde el proyecto arquitectónico no se pueden solucionar los errores de la operación urbanística, todo lo más se podrá intentar maquillar, y no sale bien nunca”.

El Colegio tiene, a juicio de Ramos, “esa responsabilidad, por lo que podemos intervenir desde el primer momento y pedir que las operaciones urbanísticas se hagan con transparencia, con participación y con consenso, de manera que tenga menor importancia qué equipo haga después el desarrollo arquitectónico”.

Ramos sostiene que en la arquitectura “hay que descentrar el foco del proyecto arquitectónico y llevarlo más al germen de esa intervención, al momento clave, que es cuando se decide la operación urbanística, se deciden las prioridades, los parámetros, las condiciones en las que se va a proyectar finalmente, ahí es donde hay que intervenir”. Estas intervenciones tienen que llegar “desde las instituciones, desde la arquitectura, desde la escuela, desde el ejercicio libre, y sobre todo, intentando que la ciudadanía se implique, si la operación se hace en esos términos es casi imposible que el resultado arquitectónico no sea bueno”.


Otros proyectos fallidos

De esta manera, para Ramos “hay una vara de medir las operaciones urbanísticas erróneas con el resultado arquitectónico, porque si hay una característica en Málaga en todas esas operaciones que se presentan como estratégicas, singulares, innovadoras, modernizadoras de la ciudad, es que ninguna tiene apoyo ni tiene una valoración positiva de consenso del sector técnico que le corresponde”.


Así, “todas esas operaciones al final se traducen en edificios que no se defienden desde la calidad incontestable, se defienden desde el mal menor, lo inevitable, lo que no se pudo impedir porque era legal, eso dice mucho de las operaciones urbanísticas”, asegura Ramos, para el que “algo está fallando si al final la Alameda Principal, la sede de la Gerencia de Urbanismo, Alameda 22, el hotel Moneo, los rascacielos de Martiricos, los rascacielos de Repsol, todas las operaciones tienen algo en común, que no se presentan con la absoluta certeza de que tienen máxima calidad, teniendo en cuenta la importancia que van a tener, o que se le pretende dar, sino que se presentan como una especie de losa inevitable contra la que nadie ha podido luchar desde la administración, en ninguno de los niveles, porque su legalidad aplastante hacía imposible el que se buscara una solución mejor, o que se extendieran las críticas, o que se atendieran las alegaciones, o que se pusiera en evidencia”.

El rascacielos del Puerto


Este es el caso por ejemplo del rascacielos del Puerto, que cuenta con “la absoluta oposición de toda la comunidad socio-técnica, ese proyecto probablemente sea el más claro en el que la oposición técnica es absoluta, y no hay ni una sola institución, ni un solo colectivo, ni un solo agente técnico cualificado que defienda ese proyecto per se, es decir nadie ha dicho todavía desde 2016 que ese proyecto es un gran proyecto y que no hay ningún otro mejor, ni hay ninguna otra solución viable mejor que esa, nadie ha dicho eso”.

Incluso, tal y como explica Ramos, en la tramitación del rascacielos del Puerto “la misma Gerencia es incoherente, porque al mismo tiempo que intenta convencer, de manera extemporánea y sin fundamento ninguno, de que Málaga necesita ‘un icono potente’, como si no lo tuviera ya, al mismo tiempo los procedimientos de control de calidad de esa propuesta son los mínimos absolutos, procedimiento simplificado, competencia de proyecto en vez de concurso, falta absoluta de consenso, ni una sola alternativa encima de la mesa con la que haya podido competir”. Como recuerda el arquitecto, “en la competencia de proyectos no tuvo rival, porque la otra propuesta fue desechada, no cumplía los mínimos”.

No se sostiene, en opinión de Ramos, que si desde la Gerencia “se interpela a la ciudad de que necesitamos un icono de la máxima calidad que domine toda la imagen urbana, y resulta que después los controles para controlar esa calidad no existen, pues es inevitable que las soluciones finales sean mediocres, como son todas las que se han propuesto los últimos 20 años salvo rarísimas excepciones”.

Alameda principal 22 esquina Torregorda


Respecto al edificio de la Alameda 22, según relata Ramos, la administración, tanto municipal como regional, debían ejercer la tutela sobre la propiedad privada para controlar la calidad de la edificación, “sin embargo ahí está esa propuesta que creo que hay un consenso entre toda la comunidad urbana de que no es la mejor ni mucho menos, y que no tiene ningún sentido en ese sitio”.

Ramos incluso cree que el proyecto “incumple las normas del PEPRI, porque ese argumento falaz que usa la Gerencia de vez en cuando, de que los edificios desarrollistas la manera de reducir su impacto es permitiendo que en los solares adyacentes se construya muchísimo más, yo creo que no es una buena propuesta urbanística, y el resultado está a la vista”.


Para el arquitecto “no solo no tiene la capacidad arquitectónica suficiente ni tiene sentido arquitectónico en el lugar, es que además es enorme, tiene una edificabilidad muy por encima, tiene más altura de lo que le corresponde, y más edificabilidad retranqueada, yo no entiendo cual es el criterio de interpretación del plan que permite esa licencia”.

Desde el punto de vista de Ramos “es más fácil intervenir sobre el edificio desarrollista, que tiene el doble de plantas de lo que debería”, ya que “ese tipo de intervenciones están contempladas en el plan, edificios que tienen un impacto lesivo sobre el Centro Histórico, que son agresivos, y que hay que intervenir sobre ellos, no permitiendo más edificabilidad a un lado y a otro para taparlo, porque entonces lo que hacemos es un zigurat, una montaña de desarrollismo, no me parece que sea la solución en un centro histórico”.

Rascacielos de Martiricos


Otro caso es el de las torres de Maritiricos, donde “uno de los condicionantes bajo los que siempre se ha presentado esa operación desde el Ayuntamiento ha sido la calidad arquitectónica, porque se supone que en esa propuesta iba la firma de Pei. ¿Que ha pasado?, se pregunta Ramos, “por qué ha pasado de un estudio con un prestigio reconocido a un estudio de arquitectura desconocido que no necesita esa garantía, ¿por qué se ha perdido esa exigencia de calidad?”.

Ramos especifica que “por supuesto la firma no es la garantía, lo que determina si tiene calidad o no es el proyecto concreto, pero si se presentan esas propuestas bajo el paraguas de una firma, primero hay que confirmar que la firma y el proyecto coinciden en su calidad, y después si ya no es necesario ese paraguas de la firma habrá que explicar por qué, porque el impacto sigue siendo el mismo, la singularidad de la operación sigue siendo la misma, y el cambio de la imagen urbana sigue siendo muy potente así que no se entiende porque de repente ya no se necesita esa calidad”.

Para finalizar, Ramos retoma “un problema de enseñanza de la arquitectura que todavía arrastramos, que por mala que sea la propuesta urbanística, por malo que sea el planeamiento y la ordenación urbana, un buen proyecto de edificación tiene la capacidad taumatúrgica de resolver esos problemas y reconducirlos y producir un espacio urbano que transforme la realidad a mejor”, algo que evidentemente “no es así. Si la operación urbanística está mal diseñada lo más probable es que la propuesta arquitectónica no pueda solucionar nada, si no que se limite a consolidar el error”.