“El movimiento 15M supuso el brote de la indignación contra los estragos de las políticas neoliberales, aplicadas tras la crisis económica de 2008, y contra la clase política en general”

OPINIÓN. Tribuna Abierta. Por Luis Manuel Goñi Stroetgen
Economista


13/05/21. Opinión. El economista Luis Manuel Goñi escribe en esta Tribuna Abierta para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el movimiento 15M: “Respecto a los principios que presidían el movimiento 15 M: transparencia, democracia participativa, eliminación de los privilegios de la clase política… Hemos de indicar, con cierta...

...desazón, que no se han producido grandes avances. Unidas Podemos, a nivel orgánico ha acabado pareciéndose demasiado a aquello que se criticaba cuando surgió el 15M y el propio Podemos. Incluso el propio código ético, con la limitación salarial y de mandato, se ha ido relajando”.

Diez años desde el 15M. ¿Ilusiones perdidas?

El movimiento 15M supuso el brote de la indignación contra los estragos de las políticas neoliberales, aplicadas tras la crisis económica de 2008, y contra la clase política en general. Crisis económica que provocó una ola de desahucios, precariedad laboral y gran merma en las condiciones de vida de las clases medias y bajas. Por otro lado, existía una clase política muy acomodada en el poder, que defendía el status quo y no daba espacio a las inquietudes de los jóvenes.

Multitud de indignados salimos a las calles y llenamos plazas, para demandar otra forma de hacer política y protestar contra las medidas económicas impuestas por la troika que conllevaban un intervencionismo intolerable en nuestra economía. Una serie de lemas ingeniosos, reflejaban el sentir popular: “No nos representan”, “Juventud sin futuro”, “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros”, “Lo llaman democracia y no lo es”, “No es una crisis, es una estafa”, “Democracia Real, ya”.

El 15 M fue una auténtica irrupción popular que puso patas arriba la política española. No se trató de una reagrupación de la izquierda, más bien fue un movimiento transversal y popular que conectó con las demandas de los marginados y con los jóvenes sin futuro. Fue una contestación social hacia el sistema político surgido de la Transición.

¿Tuvo representación política el movimiento 15 M?

Cuando el 15M fenecía, a los tres años de su irrupción, apareció Podemos. En enero de 2014 se presentó el manifiesto Mover ficha, firmado por una treintena de intelectuales, para convertir la indignación en cambio político. En ese documento se propone conformar una “amenaza real para el régimen bipartidista del PP y del PSOE y para quienes han secuestrado la democracia”. El espíritu de los “indignados” del 15M se articula en sus inicios en torno a miembros de Izquierda Anticapitalista en Madrid, que van dando forma a las primeras tesis.


Podemos fue en sus inicios un movimiento que quería desligarse de la influencia de la política tradicional. Pablo Iglesias es la persona que los promotores del manifiesto aspiran a que dirija la candidatura que quieren presentar a las elecciones europea de 2014, profesor de Ciencias Políticas en la Complutense, Iglesias había estado ligado a IU, pero el nuevo movimiento quiere desligarse de la influencia de la política tradicional. Aparece también en escena Íñigo Errejón, activista en las protestas antiglobalización, como jefe de campaña para las elecciones europeas. Siendo más tarde el secretario de organización cuando, tras la asamblea de Vistalegre I, se consolida Podemos como partido político.


Podemos nace como un método participativo, más movimiento que partido, en el que la horizontalidad aspira a ser la clave de la organización, como forma de distinguirse y atraer a la participación de gran parte de las personas que antes llenaban las plazas durante las concentraciones del movimiento 15M. Para ello, nacen los “círculos”: agrupaciones de personas que no están dirigidas por un poder central y de las cuales van emanando las ideas que definieron las propuestas con las que se concurrieron a los comicios europeos.

En los documentos identitarios de Podemos se dice: “Hoy es una realidad nuestra exigencia de una política que regrese a las calles, que hable con la mayoría de la gente que está harta, es más real que nunca nuestra exigencia de una mayor generosidad a los representantes, de una mayor horizontalidad y transparencia, de un regreso a los valores republicanos de la virtud pública y la justicia social, del reconocimiento de una realidad plurinacional y pluricultural”.

Se sucedieron diferentes comicios electorales y Podemos entró en el Parlamento europeo, en el Congreso de los Diputados, en gran parte de los parlamentos regionales y en muchos ayuntamientos. La gente entendió que ya estaba representada en las instituciones, y se fue retirando de las calles. Hubo una gran desmovilización, que llega hasta nuestros días.

Al mismo tiempo, Podemos va abandonando u olvidando, poco a poco, sus principios identitarios iniciales: horizontalidad a través de la participación en los círculos, transversalidad, algunos aspectos del código ético, transparencia en la toma de decisiones. En cuanto a la organización interna, se convierte en un partido tradicional de corte leninista: vertical, personalista, listas electorales cerradas, control del partido por parte de una “nomenklatura” al estilo de los partidos comunistas tradicionales. Todo ello, muy alejado de los principios por los que se regía el movimiento 15 M.

Poco a poco, se va produciendo una desafección por parte de los inscritos, los círculos se van vaciando, el electorado se va quedando en casa. De tal manera que entre las elecciones de abril de 2016 y noviembre de 2019, Podemos, ahora Unidas Podemos, pasa de tener 5.049,734 votos, incluidas las confluencias regionales, a obtener 3.119.304 votos con el 13%, frente al 21% anterior. A los que hay que añadir, la pérdida de representatividad o bajadas apreciables en gran parte de las comunidades autónomas.

¿Se han cumplido las aspiraciones del 15 M?

Se puede decir que ha habido algunas conquistas legislativas: la ley de la eutanasia; algunas leyes de corte feminista igualitario; una importante subida del SMI; la aprobación de un Ingreso Mínimo Vital, aunque se ha quedado corto y no responde a la aspiración inicial de una Renta Básica Universal.


En estos momentos están en proceso de elaboración otras cuestiones ampliamente demandadas: una reforma laboral que acabe con la ley del 2012, una reforma de las pensiones, una reforma fiscal que dote de progresividad al sistema tributario español. En este último aspecto, echamos en falta la aplicación de la tasa Tobin, el impuesto a las tecnológicas conocido como “tasa Google”, el aumento prometido en el tipo de gravamen del IRPF a las rentas superiores a 120.000 € y la eterna demanda de acabar con el fraude fiscal.

Respecto a los principios que presidían el movimiento 15 M: transparencia, democracia participativa, eliminación de los privilegios de la clase política… Hemos de indicar, con cierta desazón, que no se han producido grandes avances. Unidas Podemos, a nivel orgánico ha acabado pareciéndose demasiado a aquello que se criticaba cuando surgió el 15M y el propio Podemos. Incluso el propio código ético, con la limitación salarial y de mandato, se ha ido relajando.

Diez años después, podemos decir que sigue habiendo motivos para salir a las calles. Aunque, ahora en este país gobierne la izquierda, un gobierno que se llama “progresista”. Pero también condicionan los poderes fácticos. Y, por encima de todo, está la Unión Europea. Una Comisión Europea que sigue llevando la manija de la política económica española. Quizás ahora no se dictan medidas tan draconianas como entonces, pero las ayudas no llueven del cielo. Esas ayudas prometidas, como estamos viendo, están condicionadas a la adopción de unas políticas fiscales y laborales que iremos viendo en los próximos meses y que, posiblemente, no agraden a aquellos que hace diez años salimos a las calles.

Puede leer aquí otros artículos de la sección Tribuna Abierta