Ese tipo de gente es la misma que te mira por encima del hombro por tu acento, porque tienes acento de pobre. Son los que te tienen que decir cuáles son las tradiciones homologadas, la manera de vivirlas y cómo debes sentirlas

OPINIÓN. Boquerón en vinagre. Por Francisco Palacios Chaves
Programador informático


04/04/24. Opinión. El programador informático Francisco Palacios escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el racismo en el fútbol: “No puedo entender qué clase de cadena de razonamientos debe cruzarse por el páramo craneal de aquellos que piensan que, con el precio de una entrada a un espectáculo deportivo, han adquirido el derecho a comportarse como...

...un energúmeno, a bramar como un ciervo en Cazorla, cuernos incluidos, acordándose de la madre del árbitro, llamando mono a un futbolista o gitano a un entrenador”.

Fóbicos

En serio, hay que tener una vida muy triste y apagada para ir por ahí atacando a la gente porque su piel es de otro color, por su etnia o porque les sale de las ingles.


No puedo entender qué clase de cadena de razonamientos debe cruzarse por el páramo craneal de aquellos que piensan que, con el precio de una entrada a un espectáculo deportivo, han adquirido el derecho a comportarse como un energúmeno, a bramar como un ciervo en Cazorla, cuernos incluidos, acordándose de la madre del árbitro, llamando mono a un futbolista o gitano a un entrenador.

Estas cosas sólo suceden en el fútbol, y debe ser por algo. No se conocen casos parecidos en otros deportes, en otros espectáculos o en cualquier actividad profesional de cara al público. No se han documentado insultos racistas a un dependiente de un supermercado, ni imitaciones masivas del lenguaje gorilil en obras de teatro. Tampoco se han recibido denuncias por parte de ningún violinista que no pudiera terminar su partitura ante los insultos del público asistente.

Siempre son los mismos. Los mismos que matan a un niño al lanzar una bengala. Los mismos que quedan para darse de hostias con los hinchas del equipo rival en un bosque. Los mismos que apedrean autobuses, destrozan bares o ahorcan muñecos con la camiseta de un jugador. Los mismos que se excusan en la provocación, en un baile, en una celebración; como si ellos necesitasen alguna excusa para ser como son.


Ese tipo de gente es la misma que te mira por encima del hombro por tu acento, porque tienes acento de pobre. Son los que te tienen que decir cuáles son las tradiciones homologadas, la manera de vivirlas y cómo debes sentirlas, para que seas una persona digna de ser considerada su igual. En caso contrario, eres un borrego, un pobretón apesebrado, un mindundi que vive de las subvenciones entre Semana Santa y Feria, entre siesta y siesta.

Habría que recordarles a estos fóbicos supremacistas, que esta es una de las comunidades a la cola del absentismo laboral. Es decir, que además de disfrutar de la Feria, emocionarnos con la Semana Santa y echarnos la siesta, trabajamos más y mejor que ellos. Flojos, que sois unos flojos.

El fóbico está tan relleno de supremacismo que le sale por los poros. Su mirada siempre se dirige hacia los mismos, nosotros, ignorando, cuando no alabando, otras fiestas y tradiciones que se celebran de Despeñaperros hacia arriba. Da igual que sea una maraña de gente corriendo delante de un toro, poner a un niño en la cúspide de una torre humana de más de 15 metros de altura, azotarse la espalda hasta sangrar, o saltar sobre recién nacidos para que tengan suerte. Suerte de que no los pisoteen.

El jugador de color, el entrenador gitano, el árbitro, sólo piden respeto y que la ley les defienda ante los atropellos que sufren en su actividad profesional.

Nosotros sólo necesitamos una cosa: poder andaluz. Es lo único que necesitamos. Lo demás, vendrá solo.

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