“Llevamos un tiempo en que la convivencia en las sociedades desarrolladas organizadas en naciones o estados similares, deja mucho que desear, dándose lo que podríamos llamar una convivencia conflictiva con diversos grados de hostilidad”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


06/06/24. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las sociedades conflictivas: “Me preocupa profundamente la inexistencia de figuras y personas relevantes de concordia que materialicen esfuerzos por salir de esta situación de posible destrucción...

...de la raza humana. Hay líderes de importancia evidente que hacen lo contrario, exacerbar los deseos de enfrentamiento y llamar al uso de la fuerza para imponer sus ideas”.

La necesidad de crear concordia en las sociedades conflictivas (en recuerdo de los hombres de concordia)

La convivencia es la base del progreso y sus formas de darse en las polis fue objeto de discusión por parte de los filósofos griegos. Siempre me ha parecido admirable como esas sociedades militaristas y siempre en guerra o en preparación, reconocían que el progreso estaba en una adecuada convivencia interna y externa. Claro que para ellos la mejor convivencia era la del vencedor y sus condiciones al vencido.


Llevamos un tiempo en que la convivencia en las sociedades desarrolladas organizadas en naciones o estados similares, deja mucho que desear, dándose lo que podríamos llamar una convivencia conflictiva con diversos grados de hostilidad. Como siempre existen diversos niveles de conflictividad según la entidad de los grupos y sus intereses.

Estas conflictividades que siempre existieron a nivel grupal en la humanidad tenían cauces de salida, bien institucionales con organismos o poderes que decidían sobre estos conflictos, o bien “naturales”, mediante luchas y guerras que acababan con la imposición de un grupo sobre otro.

Con el avance de la tecnología y de los sistemas de destrucción masiva, la humanidad se percató de los horrores que esta última salida suponían, pudiendo llegar hasta su propia desaparición, y aunque no ha logrado desterrarlos, si reducirlos en número e intensidad.

Por otro lado, hay que admitir que los sistemas democráticos en si mismos están dotados de estructuras específicas para la resolución de los conflictos, tanto internos como entre ellos mismos. Sin embargo, si contemplamos la situación actual del mundo parece que en los últimos tiempos estos conflictos aumentan y se recrudecen, habiendo aumentado su nivel. Son los casos de Rusia / Croacia, que ha implicado directamente a la UE, y el de Israel / Palestina con las implicaciones de EEUU. Desde una perspectiva interna, muchos países capitalistas están sufriendo problemas con parte de sus propias poblaciones (nacionalismos) y con las evoluciones negativas en la distribución de la renta, donde ha habido evidentes retrocesos. No está yendo mejor los del área comunista con cantidad de problemas “no resueltos”, como la propia distribución de la población en el territorio, fallos en las infraestructuras y en el sistema productivo en general, abocando todo ello en problemas políticos de profundo calado en el futuro.


En esta situación, me preocupa profundamente la inexistencia de figuras y personas relevantes de concordia que materialicen esfuerzos por salir de esta situación de posible destrucción de la raza humana. Hay líderes de importancia evidente que hacen lo contrario, exacerbar los deseos de enfrentamiento y llamar al uso de la fuerza para imponer sus ideas, pero también otros a niveles de menor rango que les ayudan a favor o en contra, hasta el punto que puede que lleguemos a un punto sin retorno cuya única salida sea la confrontación destructiva de todo lo que el ser humano ha venido construyendo desde hace miles de años.

Algo similar está ocurriendo en nuestro país con los “nacionalistas” y sus palmeros, y más aun entre los políticos en general, incapaces de hablar sin insultarse y condenado a los infiernos a quien no está con ellos.

Uno se pregunta muchas veces, ¿dónde están los hombres defensores de la concordia y el acuerdo por encima de los conflictos, que defienden los principios de la paz y tolerancia?. ¿Será que estamos fabricando social y sicológicamente un terreno que favorece el enfrentamiento y la destrucción? Temo que tanta competencia y pérdida de valores solidarios está llevando a la sociedad en su conjunto a su destrucción.

Esta situación me recuerda la que ocurrió tras la primera gran guerra donde el Presidente de los EEUU Woodrow Wilson propuso la construcción de una Sociedad de Naciones con poder suficiente para resolver los conflictos que pudieran surgir en el mundo y evitar la gran masacre que había ocurrido en la Primera Guerra Mundial, pero que fueron los estadounidenses y sus propios aliados los que le hicieron fracasar en el intento, como si lo que esperaran fuera tiempo para rearmarse y seguir matándose entre ellos, como ocurriría en 1939.

La situación que vivimos en España me recuerda esta ya que después de una abierta apuesta por la libertad y la democracia, nos dedicamos ahora a torpedear esos mismos principios con todos los medios que tenemos a nuestro alcance creando conflictos y azuzando a unos contra otros olvidando que el peor de los acuerdos es mejor que vivir en una perpetua conflictividad, como si no deseáramos la concordia como medio de convivencia y si el enfrentamiento y la destrucción. ¿Somos hombres o lobos?

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