“Sobrepasando ciertos niveles, el sistema de producción y distribución de alimentos dejará de funcionar, y volver al estado anterior será imposible”

OPINIÓN. ECOselección BlogSOStenible. Por Pepe Galindo
Profesor de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UMA


09/06/23. 
Opinión. El profesor de la UMA, Pepe Galindo, comparte en su espacio de colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com textos de su web BlogSOStenible. En esta ocasión escribe sobre la alimentación: “Tenemos que reducir nuestra huella ambiental y la forma más eficiente es consumir mucho menos de los productos más contaminantes: menos bienes materiales...

...—especialmente combustibles fósiles de forma directa o indirecta—, y menos alimentos procedentes de los animales —especialmente carne y lácteos—”.

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Sin comer por el clima, las macrogranjas, los combustibles fósiles…

Seguramente, usted es una más de esas personas que todo (o casi todo) lo que come no lo ha producido con su trabajo. En ese caso, usted es uno más de esa inmensa mayoría de personas que depende del sistema alimentario mundial. Su vida necesita de agricultores de no sabe dónde, compañías de pesticidas tóxicos cuyo nombre desconoce, transportes de empresas que ignora, acuerdos comerciales de los que seguramente nunca ha oído hablar, leyes que no le importan y muchos otros mecanismos e infraestructuras que hacen funcionar el suministro de alimentos por todo el planeta.

Todo esto que mantiene su alimentación no está asegurado. Según el zoólogo y escritor británico George Monbiot, el sistema alimentario es un sistema complejo que depende de multitud de factores y decisiones; y podría colapsar por culpa de malas prácticas que están haciendo sobrepasar umbrales que marcan el límite de lo permisible. Sobrepasando ciertos niveles, el sistema de producción y distribución de alimentos dejará de funcionar, y volver al estado anterior será imposible.

Los gobiernos no están actuando adecuadamente porque su motivación y objetivos no es conseguir la sostenibilidad de nada a largo plazo. Su visión es mantenerse en el poder y, para ello, deben satisfacer a ciertas élites. En teoría, en las democracias el poder lo tiene el pueblo. Sin embargo, si tienes televisiones y medios de masas, puedes conseguir engañar, despistar y manipular a los votantes. Teniendo dinero, puedes usar las redes sociales como otra herramienta más para colocar bien visible tu mensaje, colar noticias falsas de tus rivales y silenciar a los molestos.

Monbiot nos alerta de algunas de las cosas que estamos haciendo rematadamente mal. Si persistimos en estos errores, el sistema alimentario será menos resistente a los cambios que inevitablemente vienen. En pocos años, podría colapsar. ¿Qué estamos haciendo mal?

1. Uniformidad en la alimentación mundial

Nuestra comida es localmente más diversa que hace varias décadas, pero globalmente se ha estandarizado. En todo el planeta se comen alimentos básicos que se han universalizado. Solo cuatro plantas —trigo, arroz, maíz y soja— representan casi el 60% de las calorías cultivadas. Además, estos cultivos se han concentrado en las regiones donde su producción es más eficiente. Por eso, Ucrania es llamada el granero del mundo; y solo Brasil, Estados Unidos y Argentina concentran más del 80% de la producción mundial de soja. Esta concentración ahorra costes (porque contaminar sigue siendo gratis), pero ha convertido a millones de personas en dependientes de lo que ocurre fuera de su país. El 40% de la población mundial depende hoy de los alimentos de otras naciones. Una cuarta parte de las personas comen alimentos cultivados al menos a 5.200 kilómetros de distancia. La gente compra alimentos sin mirar de donde vienen. Solo miran el precio en dinero; y no el coste ambiental o la hipoteca que colapsará su futuro.

Las técnicas de cultivo también se están estandarizando. Los agricultores de todo el mundo están convergiendo en métodos, maquinaria, productos químicos, variedades, etc. Desde 1900, los cultivos del mundo, según la ONU, han perdido el 75% de su diversidad genética. Las empresas agroindustriales son cada vez más grandes, arruinan a las pequeñas, y presionan a los gobiernos para, por ejemplo, dar forma a los tratados comerciales.

George Monbiot nos alerta de que «tenemos que minimizar el uso de tierra y, lamentablemente, la agricultura orgánica lo amplía». Por eso, lo urgente es reducir el consumo de carne y devolver tierras a la naturaleza (renaturalizar o rewilding).

2. Alimentos mal empleados

El hambre en el mundo estaba disminuyendo hasta 2014. A partir de 2015, el hambre a vuelto a aumentar a pesar de que se cultiva más. En el mundo hay más alimentos, pero no fluyen hacia las necesidades, sino hacia los gustos de quienes pueden pagarlos.

A nivel mundial ha crecido el consumo de carne y esto dispara la necesidad de producir alimentos para esos animales. Veamos unos datos que deberían sorprendernos:

Todos estos evidentes abusos son posibles gracias a la sobrepesca, a la deforestación, al escaso control de la contaminación por pesticidas, por microplásticos o por nuevas entidades, y, en definitiva, gracias a que contaminar y destrozar ecosistemas es exageradamente barato, si no gratis.

3. Crisis climática: conocemos el problema y actuamos como si no existiera

En EE.UU., el calentamiento global de más de 1°C que ya hemos experimentado, casi ha duplicado las pérdidas de cultivos provocadas por las sequías y las olas de calor. A esto hay que sumar más inundaciones y otros desastres naturales asociados al clima. Las ventajas no consiguen compensar las pérdidas (por ejemplo, hay menos pérdidas de cosechas por heladas).

Si la Tierra aumenta su temperatura otro grado, se secaría el 32% de la superficie terrestre del mundo. España es uno de los países más amenazados. Gran parte de los españoles morirán o se verán obligados a convertirse en refugiados climáticos.

Solo las emisiones del sistema alimentario harán que el mundo supere los 1,5 °C de calentamiento global. Podríamos evitar ese desastre tan solo rechazando los alimentos con enormes emisiones de metano: principalmente carne y lácteos, pero también pescado y huevos. Lejos de esto, el consumo de carne está aumentando a nivel mundial. Y para desviar el foco se inventan soluciones imaginativas, aunque sean poco efectivas, tales como reducir las emisiones de metano del ganado usando aditivos para piensos o usar energía verde en las granjas. A nivel oficial, casi nadie habla de la solución más efectiva: ser vegano o, al menos, flexitariano.

4. Nos olvidamos del metano (CH4)

El metano es un GEI (Gas de Efecto Invernadero) mucho más peligroso que el dióxido de carbono. Pensemos que atrapa 80 veces más calor que el CO2. Lo bueno es que se desvanece en la atmósfera en aproximadamente una década, lo cual es mucho más rápido que el siglo, o más, que requiere el CO2. Esto hace que bajar las emisiones de metano frene el cambio climático de una forma más rápida.
El 40% de las emisiones de metano causadas por el hombre proviene de fugas en la exploración, producción y transporte de combustibles fósiles. Otro 40% proviene del sector primario, dominado por la ganadería (especialmente de vacas para carne y lácteos). El 20% restante procede de los vertederos.


Reduciendo la ganadería y el uso de combustibles fósiles se atacarían las principales fuentes de metano. En particular, imágenes de satélite han demostrado que en las exploraciones de combustibles fósiles hay fugas de metano extraordinariamente altas. Se han detectado 1000 fugas de metano calificadas como superemisiones. Esta contaminación podría llevarnos a puntos de inflexión climáticos, situaciones en las que el desastre ya está en un punto imposible de evitarse. Un ejemplo: en Turkmenistán hay una fuga de metano que contamina constantemente a un ritmo equivalente a 67 millones de vehículos en marcha. Otros grandes emisores de metano son EE.UU., Rusia y Catar.

Las emisiones de metano causan el 25% del calentamiento global y, según los científicos, están aumentando. Un recorte de emisiones del 45% para 2030 (que según la ONU es posible) evitaría un aumento de temperatura de 0,3 °C. La corta vida útil del metano significa que la reducción de sus emisiones es una de las pocas opciones que aún tenemos para mantenernos por debajo de esos 1,5 °C.

5. Subvencionamos lo que más contamina

Nuestras ayudas con dinero público llegan a actividades tan contaminantes como la aviación, la pesca o la caza. Monbiot denuncia la financiación pública de la agroindustria y de la ganadería extensiva, responsables de una descomunal destrucción ambiental. Las subvenciones de la Unión Europea (por ejemplo de la PAC) no fomentan las buenas prácticas. Según el Banco Mundial, solo el 5% de las subvenciones al sector agrario de los países ricos tiene algún componente ambiental.

Algunos defienden la ganadería extensiva porque la comparan con la intensiva (macrogranjas). Sin embargo, la ganadería extensiva no sería viable en muchos casos sin ayudas públicas o sin destrozar el medioambiente. Se están deforestando selvas a miles de kilómetros para producir alimentos para el ganado. Luis Miguel Domínguez muestra en su libro Hapa na sasa cómo los ganaderos en extensivo de Asturias han usado veneno para reducir la biodiversidad en sus territorios.

Por otra parte, la UE dedica varios millones de euros al año para fomentar el consumo del alimento con mayor impacto ambiental: la carne.

6. Despilfarro descontrolado de agua

La demanda de agua para regar es una de las razones por las que las especies que viven en agua dulce se están extinguiendo 5 veces más rápido que las de tierra. Han sufrido una disminución media del 83% en sus poblaciones, según el Informe Planeta Vivo de WWF.

En España, la gestión del agua es sencillamente desastrosa. El 85% del agua se usa para agricultura de regadío, muchas veces permitida aunque sea descaradamente ilegal. Entre 2004 y 2021, España ha elevado la superficie de regadío un 15,6% y la de invernaderos un asombroso 25,6% (miren estas fotos de Málaga, Granada o Almería, como impactantes ejemplos). A veces, incluso estos desastres están subvencionados con dinero público, el cual fluye principalmente hacia grandes fortunas, en vez de hacia agricultores en ecológico.

7. El tecnooptimismo da argumentos para persistir en el error

Algunos gurús de medio pelo prefieren no ver el problema y alegan que la tecnología encontrará soluciones. Así, confían en nuevas y milagrosas variedades de cultivos resistentes al clima, o en fantásticos mecanismos de captura de carbono. Confiar en cosas que NO existen, es una mala decisión.


8. Suelo maltratado

El suelo se está maltratando a nivel mundial: erosión, uso de lodos contaminados de depuradoras, uso de plásticos tóxicos en fertilizantes, escaso uso de compost para enriquecer la materia orgánica, quema de rastrojos, inclinación en los terrenos de cultivo, etc.

Se ha demostrado que los microplásticos intoxican los alimentos en cascada a través de las redes alimentarias del suelo, envenenando caracoles, colémbolos, ácaros, hormigas, nematodos… y reduciendo a la mitad la fertilidad de las lombrices.

Como ocurre con la biodiversidad agraria y con la variedad en técnicas de cultivo, la agroecología apenas se fomenta.

—Nuevos datos, las mismas conclusiones

Los nuevos estudios científicos nos arrojan datos interesantes, pero las conclusiones son las mismas que ya sabíamos previamente. Tenemos que reducir nuestra huella ambiental y la forma más eficiente es consumir mucho menos de los productos más contaminantes: menos bienes materiales —especialmente combustibles fósiles de forma directa o indirecta—, y menos alimentos procedentes de los animales —especialmente carne y lácteos—.

Monbiot nos recuerda que en la crisis de 2008, los gobiernos pudieron rescatar el sistema financiero con dinero futuro (y en España aún estamos esperando que los bancos devuelvan lo que los españoles les prestaron). Sin embargo, el sistema alimentario no admite estas estrategias. No podemos alimentarnos con alimentos que aún no han sido cosechados.

Nota: Estos temas se hablaron en el podcast Los límites del decrecimiento de Cartas de Navegación.

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